Foto./ media.glamour.mx
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S.O.S para las monarcas del mundo

La miel encabezaba la dieta de la realeza egipcia, pero para su permanente degustación es imprescindible conservar a las abejas. Cada mayo la ONU llama a su cuidado: BOHEMIA se suma


Fue un acierto que Iraida Malberti y su hijo Carlos Alberto Cremata Tin nombraran a su proyecto comunitario cultural La Colmenita, escogiendo como identificación un traje que imita al cuerpo de esas cuasi doradas criaturas. No fue selección fortuita la de estos cubanos; son insectos increíbles, colaborativos, que de libación en libación multiplican la savia. Para producir un kilo de miel se necesitan un millón de flores y 50 000 vuelos de abejas. De eso trata también el arte: sorber de las mejores esencias humanas para crear maravillas.

El proyecto cultural cubano La Colmenita es una alegoría al espíritu colaborativo de las abejas. Aquí “colmeneras” de Yaguajay, Sancti Spiritus. / yaguajay.gob.cu

Por las virtudes del ponderado insecto, la ONU decretó en 2018 que cada mayo, el día 20, estaría dedicado a concienciar sobre su efímero, pero audaz paso creativo. Para este 2024, la campaña al respecto se centró en “Compromiso con las abejas, de la mano con la juventud”, y en ese contexto Bohemia quiere acercarse al universo económico social que las cobija, pues a pesar de las heridas que les infringimos nos siguen dando alimento, además de multiplicar la belleza del entorno. Desde su dimensión natural se trata de una de los organismos más fascinantes del reino animal, no solo nos “regala” miel; también otros derivados de la colmena. Entre las bendiciones de las aladas monarcas está su estrecha relación con las flores, que precisan para reproducirse. Argumentos suficientes para el trazado de estrategias sabias de protección de las cerca de 20 000 especies de abejas que nos acompañan.

El por qué revertir un panorama desolador

“De las abejas la miel, y de los sabios el saber” es un proverbio de larga data. Nuestra sabiduría contemporánea radica en persistir para protegerlas, porque estudios especializados concluyen que el número de ellas, polinizadores y tantos otros insectos, va en picada. Este Día Mundial de las Abejas está encaminado a que gobiernos, organizaciones, sociedad civil y la ciudadanía interesada promuevan acciones de protección y ayuda para que sus hábitats no desparezcan: se sabe que el 75 por ciento de los cultivos alimentarios en el mundo dependen de las abejas, cada vez más cercadas por el crecimiento de las ciudades, las actividades agrícolas agresivas, el uso de pesticidas y por el cambio climático. De asumir una postura antropocéntrica recalcaríamos que anda en riesgos nuestra seguridad alimentaria global. El asunto es, sin embargo, mucho más abarcador: peligra el equilibrio mismo de la naturaleza si la abeja muere.

Apicultura responsable

Remotos son los orígenes de la apicultura, mediante la cual varios trabajadores “domestican” a las abejas, ordeñando las  colmenas para contribuir asimismo con la producción de frutas, verduras, nueces, y no solo dé miel. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estimó en 2018 que “la polinización es uno de los procesos más importantes de la naturaleza que contribuye a la biodiversidad. Ayuda a producir una gran variedad de plantas, muchas de las cuales son cultivos alimentarios. En esa dinámica resultan estratégicas acciones colaborativas con los agricultores, de ahí que se incentive el vínculo entre ambas profesiones. Se estimula que los apicultores ubiquen sus colmenas en campos de cultivo para aumento de la eficiencia de la polinización y, en última instancia, mejorar los rendimientos de los cultivos”. (1)

Los productos apícolas, como la miel y la cera, son valiosos para la nutrición humana y tienen propiedades medicinales. Al permitir que las abejas prosperen en entornos agrícolas, se fomenta la biodiversidad y se promueve la producción de alimentos, que van más allá de los cultivos tradicionales, indica la FAO; siendo fundamental para la seguridad alimentaria al facilitarnos diversidad, esencial para una nutrición equilibrada. Lograr una coexistencia efectiva entre agricultores y apicultores implica enfrentar desafíos como malas prácticas agrícolas o competencia por la ubicación de colmenas.

Cuba, sus abejas, sus mieles y derivados

Por increíble que parezca, la fauna cubana de abejas comenzó a formarse hace 40 millones de años, durante el período de Proto Antillas, a través de los ancestros que arribaron en “invasiones” sucesivas desde las áreas continentales. Hoy por hoy, contamos con 89 especies nativas, 29 géneros y cuatro familias, informa geotech.cu. Nuestro linaje de abejas viene del norte de Europa, Medio Oriente, el Mediterráneo y África del Norte. Tras más de 200 años de aislamiento, la abeja cubana adquirió características singulares, que las hacen especiales por su considerable resiliencia ante enfermedades, con “hábitos” de limpieza de la colmena, de la que extraen cuanto objeto ajeno y extraño aparezca y que entorpezca la higiene de su “hogar”. (2)

La Finca de Eriberto, al pie del Yunque en Baracoa, produce miel de altísima calidad. / villaparadisobaracoa.com

Estampas de criollas abejas se observan por doquier, tanto en el llano como en las montañas, cerca de las costas o los ríos. El surgimiento de la apicultura en Cuba se inscribe entre 1763 y 1764. En la actualidad, la miel y sus derivados constituyen uno de los rubros exportables más importantes del Grupo Empresarial Agroforestal del Ministerio de la Agricultura, al aportar anualmente ingresos de 20 millones de dólares. Por la apetencia que la miel cubana despierta en el mercado mundial, se le confiere seguimiento y prioridad. En 2021, en este rubro nuestro país ocupó la posición 15 en el orbe, destacó el sitio presidencia.gob.cu, a propósito del Plan Nacional de Soberanía Alimentaria y Educación Nutricional. El colega René Tamayo, al darle cobertura al intercambio de la dirección del país con científicos y expertos participantes en el Plan Nacional de Soberanía Alimentaria y Educación Nutricional, divulgó las palabras del primer secretario del Comité Central del Partido, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, quien, en noviembre de 2022, señaló que “la apicultura es una actividad apasionante e ideal para impulsar las estrategias de desarrollo territorial”. Dicho esto, lamentó, no obstante,  que “no se haya conseguido aún el avance que puede alcanzar este sector de acuerdo a sus vastísimas potencialidades”. (3)

La meta es ambiciosa: alcanzar un rendimiento medio superior a los 45 kilogramos de miel por colmena –los conspicuos apicultores cubanos logran hasta 48 kg/colmena–; aumento del valor agregado de la miel y el desarrollo de sus subproductos, como cera, propóleos, polen, jalea real y abejas reinas, como parte de cadenas o subcadenas de valor. Algunos expertos insisten en que las cifras podrían acercarse a los 50 millones de dólares anuales, a partir de mayores empeños de los 1 537 productores, encargados de 221 000 colmenas.

Otro reto significativo es lograr que nuevas generaciones se sientan atraídas por conocer los “secretos” de las abejas sin dañarlas. Bien encauzados, los niños y jóvenes son ideales protagonistas de altruistas obras. De esa laboriosidad brotan las ya muchas Colmenitas de Cuba: sus espectáculos artísticos saben a miel, pero su inspiración primera corre serios riesgos. Está en manos jóvenes condicionar nuevos siglos del reinado de las abejas. Y no únicamente para nuestro beneficio, sino por esas monarcas del mundo floral que evolucionaron de las avispas. Mucho antes de la aparición del ser humano, las abejas “sociales” del género Apis ya volaban a la redonda. De depredadoras pasaron literalmente a fecundar la vida en la Tierra. “Viajemos” junto a ellas, no contra ellas.

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Un comentario

  1. Gracias, María Victoria, por la invitación a viajar junto a las abejas. Es parte del crecimiento que necesitamos como especie de este planeta.

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