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Aguas de La Habana: rumbo a la movilidad sostenible

La entidad dispone actualmente de 68 vehículos eléctricos y proyecta disponer de seis estaciones fotovoltaicas para la recarga, ya hay tres de ellas funcionando


En 2018 adquirieron en Aguas de La Habana –entonces empresa mixta cubano española– los primeros vehículos eléctricos. Aunque en el mundo eran bastante conocidos, aquí resultaba una novedad. Como ahora, se movían por las calles de la ciudad, limpios, silenciosos, demostrando la posibilidad de trabajar, sustituir combustibles finitos y proteger el medioambiente.

Poco más de siete años, es el tiempo durante el cual aquel primer lote de vehículos ha recorrido 3 008 972 kilómetros, con el consiguiente ahorro de recursos energéticos. Por ejemplo, si hubieran sido de combustión, se habrían necesitado 334 300 litros de diésel, lo que es igual a más de un 54 por ciento dejado de consumir.

Los demoledores eléctricos –martillos usados en calles y terrenos rocosos para el arreglo de redes– sustituyen eficazmente el tradicional compresor de aire diésel y generan un ahorro anual, cada equipo, de 2 880 litros.

En materia de inversiones y desarrollo, y debido a la escasez de recursos financieros, el trabajo se encamina a solucionar los problemas de mantenimiento y reparación en las áreas de mayor incidencia social.

Al referirse al proceso de transición energética y ofrecer detalles acerca de los centros de carga fotovoltaica y el uso de la energía limpia, el ingeniero Lázaro Torres Laurenti, director de Mecanización de Aguas de La Habana, comentó:

“Lo más significativo del proceso de transición energética es ofrecer seguridad en los servicios que la empresa brinda a la población. El acueducto es responsable de garantizar la infraestructura de redes que lleva el agua a su destino, para lo cual es necesaria una flota de vehículos; con trabajos manuales no se garantiza el volumen, la actividad a acometer, porque la productividad es inferior. Eso nos obliga a usar vehículos, pero no tenemos combustibles, ni lubricantes. Por ello es tan importante la transición hacía movilidad eléctrica con energía renovable. Hoy estamos creciendo, una reanimación parcial: habíamos decrecido por falta de recursos”.

La cifra de vehículos eléctricos en Aguas de La Habana es hoy de 68: 62 furgonetas dedicadas al mantenimiento y reparación de redes y la operación de válvulas; tres camiones –dos de ellos, de plataforma– que están en función de obras ingenieras, y el primer carro cisterna gigante de la empresa. Completan esa relación una camioneta para el acceso a zonas intrincadas y dos autos en el trabajo administrativo. Asimismo, garantizan la preparación técnica de especialistas en el mantenimiento y reparación de estos medios, así como el montaje de las estaciones solares y la acumulación en los puntos de carga, con el objetivo de posibilitar, de manera rápida y eficiente, su entrada en funcionamiento.

Existen proyectos de colaboración. En general, Aguas de La Habana formula los planes. A la hora de financiarlos, lo hace el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH), el cual ha recibido créditos o donaciones de la Agencia Francesa de Desarrollo y de la Organización de Naciones Unidas, entre otras instituciones u organismos. La mayor parte de esos equipos adquiridos –salvo la primera flota, procedente de Barcelona–, son de la República Popular China.

¿Cuáles son las perspectivas? Aun cuando la situación económica no admite planes pretenciosos, en Aguas de La Habana no renuncian a estabilizar el proceso de transición y mantener la formulación y ejecución de los proyectos de mayor impacto en la vida social. Ahora trabajan por garantizar el financiamiento para la compra de otros 40 vehículos pesados. El parque que pretenden sustituir dejará de consumir entre el 80 o 90 por ciento del combustible diésel asignado a la empresa. Disponer de ellos les permitiría prescindir de ese volumen y a la vez mantener la limpieza de fosas, lo cual significa desobstruir las vías y reducir las posibilidades de focos epidemiológicos.

Asegura el ingeniero Torres que se mantiene una elevada disponibilidad técnica, el ahorro económico es grande y, ante todo, la seguridad en la prestación de los servicios. “Cada base tiene una flotilla de vehículos eléctricos. De momento existen tres estaciones de carga –hemos establecido el principio de la territorialidad para evitar que deban recorrer largas distancias para “reabastecer”: una en Palatino; otra, en Santa Catalina, entre 3ra. y 4ta., en el Cerro también, y, en fase de montaje, otra en la zona 8 de Alamar, en el Este de la provincia. Pendientes otras dos, muy importantes y grandes, para complementar la obtención de los 40 vehículos que esperamos adquirir en el futuro inmediato”, destaca.

En medio de limitaciones materiales y desafíos financieros, Aguas de La Habana avanza con pasos concretos hacia un modelo más sostenible. La apuesta por la movilidad eléctrica y el uso de energías renovables no solo redefine la gestión interna de la entidad, sino que impacta directamente en la calidad de los servicios recibidos por la población.

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