Sancti Spíritus no pierde ese encanto colonial que sus instituciones y habitantes se empeñan en preservar contra tiempo y marea
A pesar de los apagones, calor y mosquitos convertidos en látigo, escasez de alimentos, precios estratosféricos, penurias y dificultades como en toda Cuba, los espirituanos, animados, le meten pecho a su ciudad cabecera para embellecerla un poquito más.

Los motiva una fecha: el aniversario 512 de la villa colonial, cuarta fundada por la colonización española en Cuba.
Aunque el grueso de las acciones gira en torno a espacios e instalaciones del centro urbano, la efeméride deja su huella en otros escenarios.
Espátulas, brochas, escobas, escaleras, andamios y otros elementos parecen conspirar en silencio con paredes, muros, columnas y áreas verdes.
Ojalá hubiese recursos para más. Ojalá con lo poco que se tiene no se haga menos de lo posible. Y ojalá, después, cada habitante cuide y preserve lo logrado, por elemental respeto a la villa y a quienes ejecutan hoy esas acciones, mediante una integración de organismos, de recursos y de voluntades que, como suelen decir muchas personas, “permite seguir sacando de donde no hay”.
Ahí radica una de las razones por las cuales -como Trinidad, dentro de la propia provincia- la conservación de los valores arquitectónicos, urbanísticos, patrimoniales, culturales e históricos no es solo un concepto o una aspiración teórica. Concretarlo requiere mucho trabajo, pero se logra.
























