El programa Entre tú y yo de Cubavisión propició el disfrute de una clase magistral ofrecida por el primer actor Fernando Hechavarría, Premio Nacional de Teatro 2026
Ante la pantalla televisual, verlo y escucharlo mientras reflexiona sobre su manera de sentir, pensar y obrar, sinceramente nos produce múltiples satisfacciones. Existe una dimensión extendida de cultura: esta abarca intercambios de signos, valores éticos y éticos; mediante ellos nos identificamos y reconocemos, pues la comunicación cultural en la era de la información puede incorporar cercanías y sabias complicidades entre las personas.
El escenario natural de la televisión es el espectáculo. Todo lo que aparece en la pantalla debe responder a una concepción dramatúrgica concebida para el relato contado. En este sentido ocurrió un suceso extraordinario por Cubavisión durante la reciente emisión del habitual espacio sabatino Entre tú y yo, con guion y dirección de Sonia Castro. El desempeño del primer actor Fernando Hechavarría Gibert emocionó durante su clase magistral sobre el arte del intérprete que actúa con un espíritu normal y natural. Sin duda, supo aprehender del maestro Stanislavski la riqueza del método de la educación del actor. Como protagonista del programa, con el aporte de convicciones propias ratificó que la entrevista es una herramienta fundamental para el ejercicio de la crítica cultural. Hizo explícito su pensamiento valorativo y analítico; comunicó perspectivas de juicios indispensables en beneficio de las artes escénicas, la docencia, los procesos creativos, los medios audiovisuales de comunicación y la vida cultural en Cuba.
Al plasmar una conversación bien estructurada, el conductor-actor Alejandro Cuervo motivó curiosidades, indagaciones y hallazgos. Esas provocaciones propiciaron hablar de cine, televisión, teatro, de olvidos y necesidades apremiantes: colocar, reconocer, validar en su justa dimensión ahora, aquí, el Teatro Escambray del inolvidable Sergio Corrieri.
A Fernando lo intranquiliza la pérdida acelerada de valores humanos. Hace un llamado a los jóvenes. Siente un gozo especial estando cerca de ellos, comprenderlos, enseñarlos, transmitirles el sentido del respeto. Que haya recibido el Premio Maestro de Juventudes que entrega la Asociación Hermanos Saíz le place enormemente. Considera la docencia como una de las grandes riquezas en su existencia. En ese dar, recibir, andar juntos: “aprendo más de lo que enseño”, aseguró.
Una suerte de profunda y plural reflexión nutrió la entrevista que el invitado supo encausar con elegancia y con el criterio de existir de verdad en la profesión y en el cotidiano ser y quehacer. El arte de la vivencia lo alimenta. Ciertamente, al prestar atención a sus llamados, reconocemos lo íntimo y lo raigal de los sentimientos de este artista en cuerpo, alma y conciencia.
Sirvan estos apuntes para seguir activando el pensamiento crítico. Es preciso inquietar, remover lo olvidado, transitar caminos y hacer memoria.
Cavilemos: ¿Quién no ansía sentirse cautivado por novedosos espectáculos televisuales, teatrales, cinematográficos en los que los procedimientos narrativos y de puestas, involucrados en la concepción dramatúrgica, hagan meditar y favorezcan actitudes críticas en los públicos?
Suele ocurrir: al valorar la dimensión filosófica y conceptual del arte se considera en primacía el contenido, ¿por qué desestimar la dimensión holística del proceso creativo? Esta propicia comprender el sentido cultural de cada obra, en la que tienen importancia vital las investigaciones realizadas por quienes, cuando cuentan los relatos, participan en actos de fe que desentrañan conflictos y circunstancias.
Necesitamos considerar cada paso desde la génesis de la idea hasta su concreción en una historia de connotación artística. Las inspiraciones y la improvisación surgidas durante el acto creativo tienen en la base, el oficio y el dominio del tema a tratar. Hay que hacerlo florecer con las raíces bien puestas en la tierra, siempre ávidos por desnudar nuestra alma para estar más cerca del otro ser humano. Urge cultivarlo en todas las manifestaciones artísticas sin parcelas ni exclusiones; unas necesitan de las otras, todas confluyen en la construcción de un sentido indagador al hacer arte. Pensémoslo.




















