A los desafíos de la situación actual del país, a este año se le suma el reto del Tercer perfeccionamiento del Sistema Nacional de Educación
Texto y fotos. / José Manuel Lapeira
Septiembre en Cuba es sinónimo de reencuentros. Una hoja en el calendario que por su constancia, frente a viento y marea, puede llevar a algunos al equívoco de suponer en esta una anomalía exenta de los avatares cotidianos del complejo escenario actual. Aunque cueste dimensionarlo en su justa medida, el inicio de un nuevo período lectivo constituye un recordatorio de cuanto son capaces los habitantes de la mayor de las Antillas cuando se unen y aportan a la consecución de un objetivo, posible únicamente en un país habituado a los contrastes de esa naturaleza.
El regreso a clases de más de un millón 530 mil niños y adolescentes en la Educación General, y otros tantos miles en las universidades del país, simboliza la mejor recompensa al esfuerzo desplegado por docentes, estudiantes, familiares y las comunidades en general para acondicionar en el menor tiempo posible las instalaciones educativas.
Todo ello en muchos casos con cronogramas de mantenimiento y reparación ajustados y a merced de imprevistos asociados a las contingencias energéticas, las interrupciones en los servicios básicos y el déficit de personal, entre otras cuestiones. Ello no hace más que ensalzar el bregar de toda la sociedad por garantizar un derecho constituido del proceso revolucionario frente a la adversidad que tiende a cada paso sus zancadillas.
No pocas las urgencias para garantizar los uniformes, útiles escolares y la base material de estudio, que, por insuficientes que estos puedan ser, evidencian el compromiso de la nación con el mañana y la instrucción de sus hijos. Sin embargo, con su resiliencia característica, las familias, como esa célula básica de la sociedad, brindaron la alternativa en su acervo de sabiduría popular para ajustar la prenda o suplir la carencia de algún recurso.
Y en medio de tantos pesares palpables en el día a día de los cubanos, el hecho -o mejor dicho- la cadena de esfuerzos y sacrificios repetidos en cada septiembre, que permiten el retorno seguro y feliz de los nuevos retoños a las aulas, representa una victoria transgresora en un mundo marcado por guerras y egoísmos.
Un triunfo que habla también del futuro de la Patria, erguida frente al temporal y los intentos externos por asfixiar el proyecto nacional, el cual, aunque desgarrado bajo el signo de despedidas y ausencias dolorosas, se mantiene vigente en la medida en que es capaz de extender afectos y esperanzas.
Una motivación adicional será que el período lectivo 2025-2026 estará dedicado al centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro, de manera que los esfuerzos por asegurar su calidad serán el mejor homenaje a su figura, que tanto hizo por la instrucción del pueblo como eje fundamental del proceso revolucionario cubano.
La educación cubana: un suceso que trasciende generaciones
A sus 18 años Dalila Elias, recién egresada de la Escuela Pedagógica Fulgencio Oroz, se incorpora a la primaria Combatientes de Bolivia, el mismo centro donde ejerció sus prácticas laborales durante la carrera. Explicó a Bohemia que su principal motivación para continuar allí es la preocupación de todo el personal en función de que los niños aprendan, aludiendo al agrado de cumplir así su responsabilidad con calidad, rigor y dedicación.
Defiende que, en su caso, la elección por el magisterio es una cuestión de vocación ante todo. “Desde que estaba, creo que en preescolar o primer grado, siempre quise ser maestra y cuando entré a la secundaria, los 10 puestos que me daban en la boleta, en todos les ponía carrera pedagógica, yo siempre he querido ser profesora, a pesar de las dificultades”, confesó.
Luisa Aleida Carone, jubilada de 78 años recontratada, alude a que su elección de volver a un centro educativo responde a que no se visualiza en casa o realizando otra actividad que no esté relacionada con la educación, a la cual ha dedicado más de cinco décadas de su vida, incluso como maestra voluntaria.
Frente a los desafíos de la actualidad, se remonta a la idea de Fidel sobre los tiempos difíciles en los que afloran los verdaderos revolucionarios. “En todos los escenarios complejos he estado al lado de la educación, a la gente se le olvida ahora y hace crisis, pero anteriormente también ha habido dificultades y, entre todos, con trabajo las hemos superado”, valoró. Insistió además en el deber ineludible de hablarle a los niños del líder histórico de la Revolución cubana, al ser esta una generación que no lo vivió tan de cerca y que coincide justo con su centenario.
Kendra Estrada, madre de una alumna de sexto grado de la propia escuela Combatientes de Bolivia, expresó su orgullo y felicidad de que la niña estudie en el centro, en el cual ella estuvo en su momento. “Tengo un agradecimiento eterno a este plantel, porque he visto la calidad de sus clases, de los profesores, la exigencia de cómo debe ser y, gracias a eso, los niños de aquí salen con excelentes resultados académicos y con valores como seres humanos, que es lo importante”, señaló.
Entre luces y sombras, un nuevo curso sale adelante. No obstante, este septiembre es también el reflejo de la Cuba de hoy y sus brechas. De aquel que llega a la escuela con las necesidades cubiertas, al amparo de las posibilidades familiares, y quien -por el contrario- vive a diario bajo el signo de carencias inconcebibles en un proyecto socialista. Realidades que convergen, colisionan incluso, en ese mismo espacio donde la Patria, entendida como madre abstracta, abraza y educa a todos sus hijos por igual.
De esas pequeñas conquistas que, por cotidianas, olvidamos cuanto encarnan ese ideal de justicia redentora arraigado al proceso revolucionario en distintos momentos de la Historia. Las esencias a las cuales nunca se renunciará, sin importar a cuanta adversidad se le sume dosis de heroísmo al esfuerzo de este pueblo cada septiembre.





















