Foto. / J Luis Sánchez Sierra
Foto. / J Luis Sánchez Sierra

El “rollo” no es con el marabú

Hoy se está produciendo mucho carbón vegetal, pero también crecen las multas por violación de lo establecido


Aun cuando guardabosques y técnicos espirituanos siempre han preferido la labor persuasiva y el sentido de prevención, ya 2026 registra una cantidad de multas similar a la de todo el año anterior, básicamente por uso inadecuado del fuego en el bosque y sus colindancias, además por el corte de especies maderables no autorizadas para ese propósito.

No hay limitación en la producción de carbón de marabú, siempre que no sea talado en una faja hidrorreguladora. / Pastor Batista

Ese incremento en la penalización tiene su base en la impunidad con que algunos siguen violando lo establecido en la Ley 85/98, Forestal, y lo reglamentado por la Resolución 330/99.

Las indisciplinas tienen lugar en el contexto del crecimiento que ha venido delineando la producción de carbón vegetal en todo el archipiélago, no solo por parte de quienes tradicionalmente realizaron esa actividad, sino también por muchas personas que incursionan en el giro.

Como se sabe, frente al recrudecimiento del cerco energético imperial, los consiguientes apagones (por encima muchas veces de las 36 horas continuas), la ausencia de gas licuado y de kerosene o “luz brillante”… infinidad de familias han tenido que acudir a la vieja hornilla de carbón para poder asegurar la cocción de alimentos.

Que esa alternativa ha devenido salvación, nadie lo negaría o cuestionaría.

Lo que debe preocupar, sin embargo, a especialistas y autoridades en cada territorio es con qué madera se está haciendo carbón.

Ernesto Ramón Toledo Medina, máster en Ciencias y director técnico-desarrollador en la Empresa Agroforestal Sancti Spíritus, no titubea al opinar que “el asunto anda un poco por la libre”.

“Si, como norma, siempre ejercieron esa labor carboneros, gente con conocimiento, hoy cualquiera decide hacer carbón, en cualquier lugar. Y la realidad está demostrando que no todo el mundo actúa respetando el régimen de custodia o lo legalmente establecido para esa actividad” –añade.

Miles de familias han tenido que acudir al carbón vegetal para cocinar los alimentos del hogar. / Pastor Batista

Por ello, Iraida Rodríguez-Gallo Companioni, segunda jefa del Cuerpo de Guardabosques en la provincia y Mariela Montelier Montelier, jefa de Grupo Especializado de Manejo del Fuego, coinciden en que “al detectar un horno, nuestro personal indaga si se pidió autorización, qué madera se empleó, dónde fue cortada, si se han adoptado medidas preventivas de seguridad… entonces, sobre la base de todo ello, se aplican o no medidas.

“Algunos ciudadanos se quejan, alegando que nosotros prohibimos la producción de carbón y eso no es verdad; nosotros lo que exigimos es el uso adecuado, seguro, del fuego en las áreas correspondientes y el empleo de la madera aprobada para ello”.

Al marabú, sin pena

Obviamente, quienes tienen a su cargo la protección de los bosques, de la flora, de la naturaleza (y el cumplimiento de la ley) no pueden hacerse los de vista gorda al detectar un horno que calcina mangles prieto y rojo, patabán, yana y otras especies, sabiendo, o desconociendo (irrespetando) que la madera autorizada para producir carbón –excelente por demás– es el marabú o el aroma.

Y, desde luego, tampoco pueden permanecer impasibles cuando en el área del horno late el peligro de un incendio, cuyas consecuencias suelen ser fatales, a veces devastadoras, para el patrimonio forestal.

Los carboneros de más experiencia, sobre todo, saben muy bien por qué dentro de Cuba y en numerosos países gusta tanto el carbón de marabú.

Se trata de un producto de probada calidad, se distingue por su llama azul, sin humo, alto poder calorífico, ausencia de chispas, larga duración, conserva su brasa mucho más que otros carbones vegetales, aporta un toque ahumado suave que realza carnes, pescados y vegetales sin dañar el sabor natural.

Quema el bolsillo, pero salva la situación. / Pastor Batista

A nadie se le ocurriría comparar la cocción que tiene lugar con él y la que se realiza con empleo de gas licuado, hornillas eléctricas e incluso cocinas de kerosene. Pero en las circunstancias actuales, es innegable, a su vez, cuánto agradecen miles de núcleos familiares esa lata o ese saco de carbón vegetal que, dicho sea de paso, ha venido incrementando también su precio, más por la calculadora y oportunista visión de quienes lucran revendiéndolo que por la inspiración de quienes realizan labores realmente muy arduas en su producción.

En fin, como razona Toledo, se está haciendo mucho carbón, por lo visto más que en otros momentos, pero no hay control efectivo de quiénes intervienen en ese giro, cuántos son, qué especies emplean o qué volúmenes de producción logran. Y conocerlo, además de necesario, es muy saludable para todos… desde la economía hasta la naturaleza.

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Un comentario

  1. Importante reflexión. Atravesamos momentos difíciles en los que se impone aplicar alternativas para resistir y avanzar, pero hacerlo en el marco de la legalidad y el orden es crucial para asegurar la sostenibilidad.
    El uso desmedido e irracional del recurso forestal va socabando la estabilidad de los ecosistemas naturales, muchas veces en procesos irreversibles que afectan a todos por igual.
    La producción de carbón vegetal puede y debe ser organizada localmente. Siempre aparecen opciones de como hacerlo y en ello debe primar la disciplina y el respeto a la legalidad.

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