Emotivos disfrutes sentimos ante el trovador Silvio Alejandro; pródigo ofreció su arte comprometido desde las honduras del alma y de la conciencia
Él, guitarra en manos, cautiva por un sentimiento innato, la sinceridad al crear. Cálida, fuerte, emotiva, su voz tiene cierto misterio, lo que Federico García Lorca llamó el duende. Canta historias ajenas y propias; entona un repertorio musical inteligente al hacer memoria y siempre pone los pies en la tierra, aquí, ahora. Sencillo, fraterno, vuelve a Preludio, Girón, Canción de cualquier soldado. Evoca la autoría de Silvio Rodríguez, un referente imprescindible, “en todos los tiempos motiva la capacidad de análisis. Es una fortuna nacional escucharlo. Lo admiro como poeta y músico y sus intenciones de cambiar el mundo en beneficio de los pueblos. Pude conocerlo mediante la cercanía que tuvo con mi padre, Alberto Rodríguez Arufe, quien fue secretario de Cultura y Deporte del Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas”, dice sin ocultar emociones.
Espontáneamente, Silvio Alejandro, pospone contarnos sobre sí mismo; siente gozo al expresar cuánto aprende de las figuras auténticas. Conversamos en la histórica revista Bohemia donde ofreció un concierto. Es consciente del historiar implícito en la trova cubana, declarada Patrimonio Cultural de la Nación. El registro de su trascendencia estuvo presente hace unos días en la habanera Tribuna Antimperialista. Y él, junto a poetas, trovadores y el pueblo cubano, condenó el ataque militar imperialista ejecutado por el gobierno de los Estados Unidos y el secuestro del presidente constitucional de esa nación hermana, Nicolás Maduro Moros, y de su esposa, la primera combatiente Cilia Flores.

Volver sobre los inicios de la vida artística que cultiva Silvio Alejandro permiten el seguimiento de múltiples caminos personales en una profesión “nacida cuando era estudiante del preuniversitario Batalla de Ayacucho y he seguido nutriendo en el barrio de Nuevo Vedado donde resido. La canción y las músicas son mis maestras y los notables creadores de ayer y de hoy. Es un proceso en continuo desarrollo. Estimula mis afanes por encontrar la belleza y defender los sueños al expresar pensamientos sobre nuestra identidad cultural”.
Su testimonio tiene evidencias en los valores de su disco Piedras del mismo río (EGREM, 2018). En este fonograma comparte complicidades artísticas con Ray Fernández y William Vivanco, entre otros jóvenes que como él nutren el arte de trovar.

Rauda, provocadora, la inspiración es una fuente inagotable en la vida que lo despierta cada mañana. La esposa Yaíma y sus hijos Martín y Marina protagonizan lo genuino de su existencia.
Es modesto y natural. Lo patentiza su incansable quehacer como Presidente de la Sección de Autores y Compositores de la Asociación de Músicos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba desde donde convoca a La trova sin traba y mantiene la brújula orientada hacia el reconocimiento de quienes en nuestro país dan fe de talentos y magisterios en la cancionística contemporánea.
Siente profundo amor hacia otra acción renovadora en tal sentido. La convocatoria del espacio Tres tazas en el escenario del habanero Pabellón Cuba. Los segundos y cuartos viernes de cada mes reúne allí a jóvenes de la Asociación Hermanos Saíz y cultores destacados de acervos musicales.
Despacio, reflexivo, dice: “Hoy la trova se articula de una manera diferente a épocas anteriores. Continúa siendo parte del árbol genealógico de la cultura cubana. Siempre serán insuficientes los lugares para promoverla y socializarla. El Festival Longina en Santa Clara es un ombligo de nuestra canción. Debo reconocer la pasión de tantos trovadores en Cuba. Cada uno se entrega para enaltecer al ser social inmerso en la Cuba en Revolución.”

Las palabras devenidas conceptos imperecederos: solidaridad, luchas, batallar constante, subyacen junto al incesante rasgueo de su guitarra “compañera dócil, indispensable”. Sonríe apenas, agrega: “Las canciones se adueñan de lo uno, nos habitan. Permean la piel, redescubren lo íntimo, lo que es preciso decir desde el intelecto, el compromiso y la espiritualidad. Quedan en el corazón y hacen pensar. La nuestra es una profesión que requiere de atrevimiento para conquistar a los demás”.
Cree en el diálogo y los nexos cómplices con su Cuba libre y solidaria. Sin ambages declara: “Estoy aquí para seguir cantando”. ¿¡Qué otros testimonios pueden ser más fieles y duraderos en la conciencia y el alma!?



















