En el aula, los niños hablaban de Camilo. Contaban anécdotas recogidas por la historia, esa que algunos tanto tratan de tergiversar, rehacer, adulterar…y es porque les molesta el aliento de lucha, la entrega, el honor de hombres como el Señor de la Vanguardia.

Ellos devienen símbolo, pero también ejemplo, y los paradigmas capaces de enaltecer la dignidad y el decoro, nunca fueron bien vistos por los enemigos de los pueblos.
Este 28 de octubre, regresan los pioneros al mar, para ellos está cerca, solo a unas cuadras de la escuela, aunque otros muchachos, jóvenes, cubanos de todas las edades, a quienes las olas les quedan lejos, buscan la manera de dejar caer pétalos al agua de ríos, presas y afluentes.
Es una tradición y las buenas costumbres nunca deben pasar al olvido.
En la avenida G y Malecón del Vedado se reunirán los capitalinos, en una ceremonia encabezada siempre por integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior, de esas tropas que Camilo Cienfuegos Gorriarán llamó el pueblo uniformado.
A su lado van los estudiantes, jóvenes, obreros, artistas, intelectuales, científicos, deportistas, campesinos. Cada otoño, en la fecha del aniversario de la desaparición física del héroe, el mar llega a teñirse de rojo, amarillo, blanco, del color de las flores que los cubanos tributan a Camilo.























