Todo indica que, a pocas horas de haber incurrido en actos innecesarios e inaceptables de violencia y vandalismo, algunos autores empiezan a lamentarlo por sentirse “usados”
Por ese ejercicio espontáneo de criterios que suele emerger de la población en casos similares, es evidente, en sentido general, no prevalece entre los avileños, y tampoco creo en otras partes de Cuba, reconocimiento al modo en que tuvieron lugar sucesos protagonizados por un grupo de personas en Morón, durante la media noche de viernes para sábado.
Emprenderla contra la sede del Comité Municipal del Partido, a pedradas; sacar los muebles de la recepción y quemarlos en plena calle, o provocar daños también en una farmacia y en una tienda de la cadena TRD Caribe no ha sido, al menos durante más de seis décadas y media, el modo más sensato de resolver problemas reales que pueden existir y afectar a este país, como a cualquier otro.
Entiéndase: nunca ha sido, ni será, la violencia, fórmula sugerida y mucho menos aceptada por Cuba.
Tiene razón el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez al admitir –como hizo en X–: “Es comprensible el malestar que provocan en nuestro pueblo los prolongados apagones, como consecuencia delbloqueo energético de Estados Unidos, cruelmente recrudecido en los últimos meses”.
Igual efecto deja el desabastecimiento con productos alimenticios, el indetenible incremento de los precios, las penurias para extraer efectivo en bancos y cajeros…
En lo personal, no se me ocurriría afirmar que tales incomodidades, carencias y penurias dependan siempre o totalmente del sí brutal y cada vez más agudo bloqueo imperial contra Cuba.
De errores, como de buenas intenciones, también puede estar empedrado el camino al infierno o al paraíso.
A ejercer el criterio, a escuchar y ser escuchados, a poner puntos sobre íes, a sugerir o a exigir soluciones nos educaron desde niños, y en esa dirección creo muy saludable seguir educando a nuestros hijos, nietos.
Pero esa es una cosa, y otra muy distinta usar la violencia, el vandalismo, la agresividad, como un arma.
También lo dejó claro Díaz-Canel al aseverar: “Lo que nunca será comprensible, justificado ni admitido es la violencia y el vandalismo que atente contra la tranquilidad ciudadana y la seguridad de nuestras instituciones”.
Por cierto, eso lo sabían bien quienes lanzaron piedras, quemaron muebles y asaltaron locales por la fuerza. Tal arma es la que más se ajusta a quienes llevan décadas odiando de forma acérrima a Cuba.
Dicho sea de paso, todo lo indica, en pocas horas, la labor de análisis e investigación ha ido despejando el terreno.
Informaciones de prensa dieron cuenta rápidamente de cinco personas detenidas, además de un ciudadano que cayó de cierta altura en estado de embriaguez, atendido con toda ética médica en el hospital moronense.

Contenidos en redes sociales, por otro lado, sostienen que los hechos no fueron resultado de “un arrebato espontáneo”, sino de “una coreografía financiada”.
Por lo visto, en el Consejo Popular El Vaquerito hubo buen tiro previo de cerveza y ron (se sabe su efecto y consecuencias), así como recargas telefónicas para asegurar transmisión en tiempo real. También se habla de una distribución de carne de cerdo la cual terminó generando inconformidades; así como promesas de dinero y hasta de motorinas, además del reconocimiento individual a los autores cuando el país se derrumbe, en pocas semanas.
Según las propias redes, pasado el mareo del momento, algunos de los identificados como protagonistas empiezan a sentirse “usados”, y a lamentarlo.
La concentración de numerosos moronenses esa misma mañana de sábado, frente a la sede del Partido municipal, y de una representación mayor aún hoy lunes, indica: por muy molestos, angustiados, perjudicados y hasta obstinados que estén –como consecuencia de tantas adversidades, carencias y penurias reales– quienes habitan la llamada Ciudad del Gallo no comulgan con formas de violencia y de vandalismo, consideradas terrorismo doméstico y agresión directa contra la propiedad estatal en cualquier país del mundo.
Lo saben quienes aceptaron el cuerdazo, lo sabe su seguramente ahora preocupada familia y lo tendrá presente la ley, a la hora de poner sobre su balanza todos los elementos y hacer la justicia que siempre ha distinguido a Cuba.
Finalmente, en las redes orbita esta carta. Nuestra revista la reproduce, con el mismo ánimo de quien la escribió: llamar a la reflexión:
Carta de un cubano que estuvo sancionado por los hechos del 11 de julio del 2021: Un llamado desde el corazón al pueblo de Cuba.
Querido pueblo de Cuba:
Hoy me dirijo a ustedes, no como un ejemplo a seguir, sino como un espejo en el que muchos pudieran verse para no cometer los mismos errores que yo. Mi nombre no importa, porque mi historia es la de muchos que, cegados por el malestar y manipulados por voces de odio, tomamos el camino equivocado.
Yo fui uno de los que, enardecido y confundido, salió a las calles el 11 de julio de 2021. No salí a protestar pacíficamente por mis inquietudes, sino que, como un vulgar delincuente, me dejé llevar por la turba. Grité consignas vacías que no entendía, y en medio del caos, me convertí en parte de la violencia que tanto daño hace a nuestra nación.
Sí, estuve ahí, entre quienes lanzaron piedras y causaron desorden. Fue porque me dejé llevar por las promesas fáciles de los “youtubers” de Miami y por las mentiras que se tejían en las redes sociales a través de las plataformas mentirosas (Cibercuba, ADN Cuba, Cubita Now, CubaNet), donde pintaban a mi país como un infierno y a sus defensores como enemigos.
Entre los apagones, las dificultades de la pandemia y el descontento, fui presa fácil para quienes siembran cizaña desde lejos, sin arriesgar nada.
Por esos actos, fui sancionado. Pagué por mis delitos: DESACATO y ATENTADO CONTRA EL ORDEN, no por ser un “preso político o un angelito” como muchos repiten en las redes. Esa es otra de las grandes mentiras.
Estar privado de libertad me enseñó una lección que ningún video de Facebook o YouTube pudo darme: el valor de la paz.
Créanme, extrañar a tu familia, perder la libertad y el calor del hogar es mil veces más duro que cualquier apagón. Es una experiencia que no le deseo a nadie, y es por eso que hoy, ya en libertad, siento la obligación de hablarles con el corazón en la mano.
Hoy entiendo muchas cosas que antes no veía. Entiendo que las carencias que sufrimos, los apagones y las dificultades de cada día, son en gran medida consecuencias de un bloqueo feroz e injusto impuesto por el gobierno de los Estados Unidos, un cerco que busca asfixiarnos y doblegarnos.
No es un invento para justificar lo injustificable, es una realidad que duele en el bolsillo y en el día a día de cada cubano. Esa es la guerra económica que pretenden que olvidemos mientras nos incitan a destruirnos desde dentro.
Por eso, desde mi propia experiencia, desde el error y el arrepentimiento, les hago un llamado fraternal, de cubano a cubano:
Cuidemos la tranquilidad ciudadana. La paz que hemos construido durante décadas es nuestro bien más preciado. Las calles en orden, los niños yendo a la escuela, los vecinos compartiendo, son la base sobre la que podemos construir un futuro mejor. El desorden y la violencia no traen soluciones, solo traen dolor, familias separadas y destrucción.
No se dejen engañar. Los mismos que hoy nos incitan al odio y a la violencia desde Miami, con sus cuentas en el exterior y su retórica terrorista, son los que quieren vernos destruir nuestra propia casa. Ellos empujan, pero no se dan golpes. Ellos incendian, pero no apagan. Son mercenarios de la guerra mediática que buscan una intervención que solo traería sangre y luto a nuestras familias. No les entreguemos la tranquilidad que tenemos en Cuba a nadie.
Defendamos nuestra Cuba. A pesar de todo, esta es nuestra tierra. Yo soy hijo de esta tierra y la amo. Amo a mi gente, mi música, mi cultura. Y creo, más que nunca, que el camino es preservar nuestra independencia y nuestro socialismo, porque es la obra de muchas generaciones y la garantía de que nadie nos dictará el destino desde fuera. Hay mucho por mejorar, lo sé, pero se mejora desde la unidad y el trabajo, no desde la violencia.
Hoy, libre pero marcado por mi error, les pido: piensen bien las consecuencias de sus actos. No permitan que la desesperación momentánea les haga perder lo más grande que tenemos: la paz y la patria.
Que mi historia sirva para que nadie más tropiece con la misma piedra.
Con el cariño sincero de quien aprendió en el peor de los caminos.
Un cubano arrepentido que hoy defiende su país.




















