Miles de espirituanos expresaron su homenaje, el de cada familia, el de los agradecidos
El mismo desbordamiento humano, de pueblo, que tuvo lugar hoy desde horas tempranas en Santiago de Cuba, Las Tunas, Ciego de Ávila, Cienfuegos, Pinal del Río; en fin, a todo lo largo y ancho del territorio nacional, marcó pauta entre los miles de espirituanos congregados: primero, en la Plaza Serafín Sánchez Valdivia y en desfile; luego, frente a la imagen de los 32 combatientes cubanos caídos en combate contra el agresor yanqui, en defensa de la soberanía y de la dignidad venezolanas.

Flores, la mano en pleno pecho (expresión de dolor, de amor, de identificación…), sollozos, lágrimas, una foto desde la marcha para ser llevada a casa, semblantes que no ocultan la tristeza, convicciones y principios que se afincan del tórax hacia adentro… todo eso y más reservó esta decimosexta jornada de enero.
Como en toda Cuba, tampoco hay en la tierra del Yayabo límite mínimo ni máximo de edad. El dolor, como el amor, no están reñidos por ella.

Minutos antes de comenzar el indetenible desfile frente a las fotos, Deivy Pérez Martín, primera secretaria del Comité Provincial del Partido en Sancti Spíritus, afirmó que, ante la hostil política de agresión, secuestros, amenazas… del gobierno norteamericano, Cuba seguirá defendiendo su soberanía, fortaleciendo la solidaridad internacional y ayudando a naciones necesitadas del mundo, mediante el envío de personal médico, maestros y especialistas en otras ramas.

El país no retrocederá, la Revolución no se detendrá jamás; seguirá llevando adelante su victoriosa, segura e inquebrantable marcha y su continuidad histórica –agregó, mientras la multitud agitaba en lo alto pequeñas banderas cubanas.
“Esa es nuestra promesa y nuestro compromiso ante la memoria de estos 32 héroes. El recuerdo, en el corazón de un pueblo, no se borra jamás” –aseveró seguidamente.

Entre quienes acudieron desde muy temprano a rendir tributo, estuvieron Rosa María Sánchez y Lilia Romero Ramírez, dos humildes espirituanas entregadas a la hermosa tarea de educar.
Mientras avanzan secan una y otra vez las lágrimas que se empeñan en brotar. Es que “duele mucho ver la imagen de esos hombres, que combatieron y murieron enfrentado, llenos de coraje, de valentía y de dignidad, al enemigo, como nos enseñó Fidel” –expresa Rosa María.

“Pero, además: los 32 son hijos, padres, hermanos nuestros –añade Lilia. Nacieron en un lugar, en una provincia específica, pero son de Cuba entera, de cada hogar y de cada familia cubana. Qué clase de ejemplo para todos nosotros, para el mundo y para que el imperio sepa que no les tenemos absolutamente ningún miedo”.























