
La digitalización y las nuevas prácticas de uso del medio audiovisual motivan cambios acelerados en las audiencias y, mediante el empleo de las redes sociales, las personas dejan de ser pasivas para convertirse en productoras-difusoras o productores-consumidores de puestas diversas sin límites de géneros, formatos, estéticas, narrativas.
Razonamientos y pasiones coinciden en nuestra vida. Rara vez unos, otras, bastan al ser humano, complejo de por sí. Las ficciones con beneficio social anclan en la cotidianidad e inspiran a guionistas y realizadores, quienes en fábulas recrean sueños, angustias, dudas.
El fenómeno social que representa la difusión de una telenovela no puede comprenderse mediante la única descripción de los mecanismos textuales empleados por ella: esquematismo, redundancia, fidelidad a las convenciones, pues en ese género pasa por el texto una estrategia de comunicación configurada por prácticas enunciativas y formatos de sedimentación de saberes, hábitos, técnicas.
Estos requerimientos deben ser interpretados desde la presentación de la puesta sazonada con incógnitas, suspenso, intrigas, alegorías. Y aunque la telenovela Tú intenta recurrir a estos procederes desde el inicio –el color (blanco y negro) propone determinada dramaturgia–, la dirección de actores no consigue organicidad.
Nunca lo olvidemos, cada personaje o tipo se construye o se perfila a partir de encontrar la verdadera narración que se quiere contar. Una telenovela no es un filme, no es una serie, su canon exige altas dosis de emotividad. Según el notable cineasta Julio García Espinosa: “En un mundo de sentimientos cada vez más asépticos, la telenovela rescata, sin complejo alguno, la posibilidad de volvernos a emocionar”.
La interdiscursividad de la cultura contemporánea y las convenciones de los planteamientos dramáticos propician que las mayorías asimilen códigos éticos, estéticos; el audiovisual los coloca ante los ojos con un propósito esencial: motivar el disfrute y las reflexiones individuales, colectivas.
Tampoco puede olvidarse un precepto esencial: para que el contenido sea artístico debe transformarse en y desde la forma. De ningún modo está ajena la telenovela a signos, códigos movilizadores de ideas, pensamientos, del buen hacer. Muchas personas viven el sentido de sus existencias en imaginarios, expectativas, modelos de comportamientos de lo moderno y lo atrasado, lo feo y lo bello. Es preciso seguir aprovechando la capacidad del audiovisual, este rescata vivencias, asume el registro de construcción de la realidad.
El hecho de perder en más de una ocasión la noción de continuidad dramática afecta el curso y el disfrute de Tú, en la que aparecen escenas intrascendentes e interpretaciones ajenas al entrenamiento necesario.
Al parecer, el haber perdido esa brújula que ha debido guiar el curso de la telenovela impide la visualización de elementos imprescindibles del género; por ejemplo, actuaciones orgánicas, carisma de los actores, diálogos ricos en conflictividad, coherencia, poder de síntesis.
Creadores, realizadores, televidentes no deben soslayar que todas las informaciones que se absorben mediante los sentidos tienen en la recepción un impacto mental, este coloca a cada humano en situaciones de sentir, comprender las pasiones, el interés del intelecto; en dichas direcciones creceremos cada día si vemos, asimilamos con responsabilidad, lo mostrado en la pantalla.
También falta en el relato la fragmentación en momentos de alta tensión, el empleo de los recursos de la anticipación, el suspenso, la sorpresa.
Ciertamente en este tipo de espectáculo se busca, mucho más que el placer de llorar, lo trivial e insignificante, las rutinas cotidianas de la gente; si son bien aprovechadas ayudan a crear una ficción muy particular, la cual puede hacernos pensar y emocionar.
No bastan una buena idea, la intención de renovar el lenguaje visual, hay que concretar el desarrollo de tales inquietudes desde la dramaturgia y las actuaciones, aprovechar las posibilidades de un medio enfocado en la satisfacción de la familia. Para los públicos, lo real debe estar en la escena, en el comportamiento de los personajes o tipos, en lo que hacen y dicen. Debe ser verosímil, creíble. De lo contrario, no comunica.



















Un comentario
muy cierto, a mi me aburre y casi no la veo, con la anterior Vuelve a Mirar no me a perdia ni un dia, pero a esta le falta mucho para enganchar al publico.