Las emociones en juego, ¿sin sentido del límite?

Valoraciones sobre la telenovela cubana Regreso al corazón, género narrativo y audiovisual de impacto notable en el imaginario social y cultural de la sociedad


Un detonante en el discurso dramatúrgico de la telenovela tuvo el secreto largamente guardado sobre el origen del personaje de Diego que interpretó Enrique Bueno. /Yasset Llerena

De ningún modo existe algo más codiciado que el secreto de los demás. Llevarlo hasta sus últimas consecuencias unido a la sospecha de la reivindicación de quien lo guardó celosamente requiere un proceso largo, íntimo y complejo. Este es un elemento atractivo esencial de las telenovelas, que en Cuba cautivan a los públicos desde tiempos inmemoriales. Debido a su connotación perceptiva, el género es objeto de estudios de las ciencias de la comunicación las cuales mediante presupuestos metodológicos y conceptuales indagan por qué funcionan y reconocen el lugar de la ficción narrativa en la constitución del imaginario social y de las diferencias regionales tras atravesar fronteras geográficas e idiomáticas.

La reciente puesta cubana, Regreso al corazón, con argumento y guion de Alberto Jaime Salmón y Yoel Monzón, dirigida por Eduardo Eimil y Loisys Inclán, en la concepción general, acudió a preceptos del melodrama. En este género dramático domina el triunfo de la virtud. Es perseguida en la trama mediante actuantes básicos: la víctima, el villano, el héroe. La ruptura de las armonías familiares recurrentes en el discurso telenovelesco, lideró en un transcurso de 80 capítulos que intentó ser abarcador de problemáticas humanas complejas, cotidianas y sensibles.

Esa intencionalidad de reconocimiento y de identificación entre lo planteado y las realidades posibles vividas por los públicos estableció nexos de complicidad. No obstante, intentar verlo todo con intención de totalidad frustró el desarrollo coherente de acciones subordinadas –mal llamadas subtramas. En la dramaturgia de la telenovela son posibles; pero requieren una sustentación de intento, oposición y cambio de equilibrio. Por ejemplo, el tratamiento del personaje femenino enfermo de Alzheimer quiso validar la preocupación familiar reiterada hasta el cansancio. Fue llevada y traída sin variaciones en el planteamiento.

Por otro lado, tampoco la inclusión del transformismo en el relato tuvo la proporción y el aprovechamiento requerido para hacer más efectiva la llegada al clímax, que es el lugar prometido, necesitado y enunciador de un contenido.

Los abordajes de los conflictos femeninos no siempre estuvieron basados en la superación. Mujeres frágiles, dubitativas, inocentes y engañadas lideraron en la historia constantemente avasallada por el discurso patriarcal.

Pensar en este balance necesario hubiese beneficiado la fibra humana y el equilibrio al presentar violencias exacerbadas en disímiles escenas donde hubo desequilibrios actorales, deficiencias en la articulación y la dicción de intérpretes y repeticiones excesivas en la manera de ser y asumir sus respectivos personajes.

El género tragedia recorrió enfáticamente toda la telenovela. Incluso permeó la necesidad del amor que sabíamos triunfaría para unir nuevamente a Diego y Alejandra. En este sentido la emocionalidad fue estimulada por la música de Waldo Mendoza. Pero no siempre desempeñó un rol significativo en las acciones dramáticas. Concebir, diseñar y crear para el discurso ficcional demanda no solo composiciones tiernas y hermosas; sino dejar que el sonido tenga su eje en el devenir orgánico del relato.

Meditar sobre el lenguaje de la narrativa telenovelesca centra la atención requerida en el funcionamiento de la hegemonía y las mediaciones que atraviesan la producción y el consumo del género. Este mantendrá el melodrama en su centro; la modalidad exige sobriedad y rigor, ¿por qué no?

¿Los tuvo Regreso al corazón? No es preciso cambiar las reglas a ultranza; sino concebir las emociones en juego con sentido del límite necesario. Lo propician incorporando de manera verosímil relaciones asociadas con las luchas simbólicas y al conocimiento o la ignorancia del otro ser humano.

Necesitamos que nuestra televisión de servicio público sea entretenida, culta, capaz de favorecer actitudes críticas en los públicos. La repercusión de un guion y de una puesta audiovisual se concreta en la práctica cuestionadora socialmente. El verdadero goce reside en los procesos que viven los creadores y después los espectadores ávidos por desentrañar qué ocurrirá, cómo avanzará el relato, ¿me ofrecerá nuevas señales sobre el amor?

Seguirán creciendo las grandes pasiones entre quienes ven la telenovela, la critican, la investigan y la realizan. Sin duda, este género tiene mucho que decirnos. Estemos atentos a su estrategia comunicativa que nunca debe renunciar a la posibilidad de volvernos a emocionar.

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