Foto. / Pastor Batista
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Lo que nadie puede negar

Es que, después de tanta y tanta tempestad, seguiremos por ese camino largo, largo, por donde hemos venido hasta aquí


De acuerdo con lo informado a finales de diciembre, el país prevé crecer un 1 por ciento en su Producto Interno Bruto para este 2026.

No sé si eso ocurrirá. Ojalá. Nuestra economía nacional y la otra economía, con la que chocamos diariamente (más de una vez al día incluso), la familiar, lo necesitan mucho.

Foto. / Pastor Batista

Tampoco sé si 2026 traerá aparejado, por fin, un mejor desempeño de la bancarización, de los precios; o sea, una mejor correspondencia entre ellos y el poder adquisitivo real de todos, en particular de quienes vivimos de ingresos estatales estables, dignos, limitados.

Desde ahora es muy difícil, si no imposible, predecir que lograremos articular o engranar mecanismos que nos permitan darle “un toque” al asunto de la divisa, la tasa cambiaria, etc, diametralmente opuesto al que ha estado condicionando un homónimo sitio, contrario a la Revolución… y aquí todo el mundo sabe que la Revolución somos todos; yo diría que hasta quienes no han deseado serlo.

No sé si aflore el tan ansiado giro a favor de un sistema eléctrico que ha estado brillando por su incapacidad o imposibilidad de asegurar –como antes, como siempre- “luz” no solo de Punta a Cabo, sino también a toda hora.

Mucho menos osaría afirmar que se logrará una mejor contratación, más inteligente armonía entre insumos disponibles y alternativas para aliviar su ausencia, incluso mecanismos de pago que estimulen más producción (siempre en correspondencia con ella), planes más sustentados en la enorme demanda o en algo tan elemental como el per cápita que en verdad representan dichos planes… si se cumplen.

Es mucho, en fin, lo que todos deseamos, necesitamos (no excluyo medicamentos, reactivos, equipos indispensables para servicios médicos; material escolar, transporte, combustible, aceites y lubricantes…) y que no sabemos si exhibirán un rostro más alentador a lo largo de este calendario. ¡Ojalá! –repito.

Lo que sí sé es que después de tanta y tanta tempestad, seguiremos por ese camino largo, largo, por donde hemos venido hasta aquí.

Alguien puede dudarlo si lo desea, discrepar, opinar lo contario. Pero no es mi criterio personal el que ocupa estas líneas. Es el criterio de la práctica (que siempre oí decir es el de la verdad). Es el criterio de lo vivido desde que aquel enero abrió sus párpados y ya “la cosa” (la vida, la sociedad, la política, la situación en general) no era la de días, semanas, meses, años, décadas atrás.

¿Cuántos momentos extremadamente difíciles hemos atravesado desde entonces? Muchos. ¿En cuántos de ellos nos hemos rendido? En ninguno.

Por esas razones –enraizadas durante siglos- sé lo que ocurrirá.

Para atrás, ni para impulsarnos. Mucho menos en el año en que Papá Fidel cumple –nótese que no digo cumpliría-, CUMPLE nada más y nada menos que su primer siglo de vida.

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