El artista de pensamiento Manuel Pérez Paredes fue premiado por su obra y como gestor e impulsor cultural del cine cubano y de Nuestra América. / endac.org
El artista de pensamiento Manuel Pérez Paredes fue premiado por su obra y como gestor e impulsor cultural del cine cubano y de Nuestra América. / endac.org

Manolito, siempre tan fascinante

Valoraciones sobre el legado imperecedero de Manuel Pérez Paredes, Premio Nacional de Cine (2013), creador honesto que aportó ideas y pensamientos comprometidos en profundidad con la cultura cubana


Al admirarlo en el escenario, se activa el pensar sobre su obra artística y el prestigio intelectual fomentado durante fructíferos procesos creativos; en ellos aportó ideas y acciones en beneficio del cine cubano y de Nuestra América. Manuel Pérez Paredes, uno de los fundadores del ICAIC, activo director y guionista, supo darse a los demás. Compartió saberes y vivencias con jóvenes y consagrados. Más que volver sobre lo conocido, la relevancia de su filmografía o perfilar un retrato muchas veces evocado, nos anima revisar fragmentos de conversaciones que sostuvimos. Cálido, sociable, aceptó hablar de preocupaciones, añoranzas y sobre condiciones del deber ser que debían concretarse en la práctica para hacer cine.

En carteles cinematográficos quedó constancia de su largometraje El hombre de Maisinicú. / LEYVA BENÍTEZ

Imaginativo, sagaz, solo se disgustaba ante las injusticias. Su condición de ser humano fiel, participativo, quedó registrada en el legado de Manolito, siempre tan fascinante. Así lo llamaban sus amigos y allegados, inspiraba confianza.

En los rodajes, su voz de mando cortaba el silencio: ¡Acción!

Indagamos sobre ese íntimo sentimiento nunca dormido. Lo vimos lleno de pasiones nunca agotadas. Sentía pleno gozo al rememorar los comienzos en diferentes sets. De ningún modo por azar refirió la experiencia adquirida siendo asistente de dirección en el documental de José Massip: ¿Por qué nació el Ejército Rebelde? (1960).

“Me molestaba mucho lo mal contada que está nuestra historia. Estar junto a Massip, estudiar, investigar hechos en contextos, satisfizo afanes que jamás abandoné. Ir a lo profundo de lo nuestro, lo acontecido, buscando causas y razones. Antes de llegar al largometraje El hombre de Maisinicú (1973), en el que fui coguionista y director, transité varios caminos. Mi vida ha sido un eterno aprendizaje. Tengo ejemplos para nombrar. Junto a Julio García Espinosa siendo asistente de dirección en Aventuras de Juan Quinquín (1967), en el Noticiero ICAIC con Santiago Álvarez. También las cercanías y diálogos con Cesare Zavattini, Alfredo Guevara y Titón”.

“Me interesa narrar historias con interés visual”, reconoció el destacado cineasta. / LEYVA BENÍTEZ

¿Confesiones? Sonrió suave antes de responder. “No es un secreto. El ICAIC es mi casa. Lo siento como ver la vida, la Revolución. Me gusta ir al fondo de las realidades, expresar lo que ocurre aquí y en otros lugares. Ser miembro del Consejo Directivo de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano propicia compartir con colegas. Decir y hacer entre todos.”

Había que escuchar la filosofía de vida del creador profundamente humanista.

“Al pasar los años redescubro detalles, sueños, proyectos por terminar”.

Hizo énfasis en la necesidad de estudiar la dramaturgia, las estructuras narrativas, los diálogos. “Todo es esencial en el cine y en la cultura”, aseguró.

¿Qué decirles a los jóvenes?, precisamos.

“Cuando crean que ya llegaron empiezan a retroceder. Si no estudiamos a los clásicos, lo aportado por otros, ¿cómo vamos a decir algo nuevo o con nuevas significaciones?

“Insisto en la importancia de conocernos y reconocernos. La cubanidad así lo exige. Muchos héroes anónimos son desconocidos. Los valores históricos y documentales aportan datos, gestos, remembranzas, verdades en profundidad”.

Dejó constancia de infinitas inquietudes en puestas cinematográficas inolvidables: La segunda hora de Esteban Zayas, Río Negro, Páginas del diario de Mauricio.

Su inteligencia creadora y capacidad pedagógica, analítica, son brújulas imperecederas. Así lo recordaron quienes al despedirlo en el vestíbulo del cine Chales Chaplin le expresaron cariño, admiración y respeto.

Para todos seguirá siendo Manolito, siempre tan fascinante, un Hombre de cine.

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