Pago por transferencia: el cuento de la mala pipa

Como si no bastara con las necesidades materiales, la incidencia de los apagones en los servicios bancarios y el dinero, cuya entrega es limitada o se agota, muchos negocios privados se niegan a aceptar el pago a través de las plataformas digitales


Son tantas las excusas, razones, justificaciones, cumplimiento de horarios y hasta la espera de autorizaciones por los jefes, para no aceptar el pago por las plataformas digitales, que se pudiera hacer un prontuario de términos que disgustan a las personas, a la hora de comprar, principalmente los alimentos.

Del “cuento” viven –y seguirán viviendo– muchos; eso forma parte de la esencia humana, pero este cuento, al que me referiré, inmoviliza; la gente queda en modo impotencia. ¿Qué hacer? Pregunta para la que la mayor parte de las veces no encuentran respuesta. Es triste esa realidad que le da de frente cuando, después de comprobar que ya depositaron el dinero en la tarjeta de salario o jubilación –o ambas–, usted pretenda comprar lo imprescindible –la inflación no permite gastar en “gusticos”–, y encuentra un NO más grande y sólido que cualquier muro de concreto.

Foto. / cubahora.cu

“No estamos aceptando transferencias”. Dicen con tranquilidad pasmosa, sin la menor muestra de empatía: no son ellos los carentes. Lo más significativo es que los argumentos llueven: “por hoy, ya no aceptamos más pagos por Transfermóvil”; “no, porque el Banco está dando muy poco efectivo y nosotros tenemos otras mercancías que buscar”; “no sé, es la orientación que tengo, yo solo vendo”.

La más triste es que cuando usted se remite al artículo 8 de la Resolución 111/2023, del Banco Central de Cuba –“Los sujetos de esta Resolución, garantizan a sus clientes el acceso y uso de los canales electrónicos de pago para la adquisición de bienes y la prestación de servicios”– hay personas tan afectadas como usted, quienes defienden el absurdo, argumentando que el dueño establece en su negocio las reglas que considere: “para eso paga impuestos”, olvidando que esa obligación no lo exonera del cumplimiento estricto de las normas.

No importa cuántos improperios pasen por su mente. No ha cumplido su objetivo, porque ha sido víctima de una irregularidad cotidiana, transgresora de la esencia de la bancarización. El hereje, según los argumentos de los transgresores, es el Banco, al no facilitar el efectivo suficiente para la adquisición de más mercancía, a la hora de reabastecer. Quedan, en segundo o tercer plano, las distintas formas de pago, las cuales garantizan pagar su deuda sin tocar el efectivo, por lo que, ni el cliente, ni el Estado reciben los beneficios o los incentivos de las operaciones.

Ahora bien, vistas estas situaciones, quedan cabos sueltos en los propósitos de la bancarización: “garantizar que la población disponga de medios de pago seguros y servicios bancarios asequibles”. Cuando se niegan a aceptar los cobros por esta vía, algo está fallando. Lo más lamentable es que aún las medidas aplicadas no están a tono con la magnitud del problema.

Para la formalización de la actividad económica por los contribuyentes –titulares de proyectos o actividades del trabajo por cuenta propia–, es obligado abrir una cuenta bancaria fiscal, la cual permite “separar los ingresos personales de los empresariales”, a la vez que facilita “el cumplimiento tributario y evita que se consideren ingresos no declarados”.

Son diversas las facilidades que ofrece el pago mediante las plataformas digitales, pero precisan de la exigencia y las condiciones requeridas, porque, aunque las normas existen, muchos las violan. / cubahora.cu

Vale la pena preguntar: ¿acaso, ese que se niega a utilizar las plataformas y vende solo en efectivo, no es un fuerte candidato a burlar el fisco? ¿Quién controla sus ingresos?

Una nota publicada por la Agencia Cubana de Noticias (ACN), tras el Ejercicio Nacional de Enfrentamiento a Violaciones, destaca lo siguiente: “se solicitó la baja a 784 contribuyentes y se impusieron 174 multas, por un total de seis millones 159 mil pesos, por incumplimiento de los deberes formales relacionados con la cuenta bancaria fiscal”.

“Por no abrirla o no operarla se ejecutaron 320 cierres temporales o definitivos de negocios o establecimientos, la mayoría identificados en las provincias de Artemisa, Cienfuegos y Sancti Spíritus. Por deudas, se procedió al embargo de 11 mipymes. Estos resultados reafirman que la evasión de impuestos sigue siendo un fenómeno en el país. Tal práctica pudiera ser un delito penado por los tribunales”, destaca la nota.

Tengo más dudas, por qué la negativa a aceptar las formas digitales de pago, si a través de las cuentas bancarias fiscales es factible pagar los tributos, realizar la compra de insumos, medios y equipos para el ejercicio de las actividades que realizan; el pago de las reparaciones capitales y mantenimientos constructivos; el abono de los servicios recibidos de otras formas de gestión no estatales, y el de entidades estatales por la compra de bienes y/o servicios, lo cual, al propio tiempo, permite comprobar la transparencia de las operaciones (ingresos, gastos e inversiones) del trabajador por cuenta propia.

Los titulares de las cuentas bancarias fiscales quedan obligados a declarar los datos de estas y a las personas naturales o jurídicas con las que se vinculan para que realicen los pagos mediante transferencia u otro instrumento de pago.

En diciembre último, la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT) dio a conocer varias normas jurídicas dirigidas a fortalecer y actualizar el sistema tributario cubano, en sintonía con las proyecciones de gobierno aprobadas desde 2024 y con los cambios del complejo escenario económico actual. Ello permite, entre otros, la actualización del procedimiento tributario, la ampliación de las facultades de la administración tributaria y mejorar el control fiscal.

Como es lógico, en la misma medida que el personal que los ejecuta, tenga clara su responsabilidad y cada paso se estructure adecuadamente de acuerdo con su importancia, cambiará la situación. De no ser así, se seguirá estirando el problema como el cuento de la buena pipa, solo que esta narrativa no entretiene; por el contrario, irrita.


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