Estables resultados han ubicado durante años a Sancti Spíritus entre las provincias con mejor comportamiento en mortalidad infantil
Indudablemente, la estabilidad en la baja tasa de mortalidad infantil es una de las razones que más sensiblemente ha calado en la población, de acuerdo con la nota emitida por el Buró Político del PCC para otorgarle a Sancti Spíritus la sede de los festejos centrales por el aniversario 71 de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, de Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente.
En ese positivo resultado (4,3 fallecidos por cada mil nacidos vivos en 2023 y apenas 3,8 hoy) media un riguroso seguimiento de los especialistas, así como de personal de la Salud, en general, entrelazados en la atención primaria y secundaria, según opina el doctor Francisco García González, jefe del Programa Materno Infantil en la provincia.
A ello se suman proyectos como la consulta provincial de Crecimiento Intrauterino Retardado (CIUR), el fortalecimiento del servicio de perinatología, y la profesionalidad y consagración de neonatólogos, en cuya labor se sustentan realidades como supervivencias superiores al 97 por ciento en pacientes graves y no menos alentadoras en casos críticos.

Es obvio que la decisión de rescatar el funcionamiento del hogar materno en cada municipio creó bases para prevenir riesgos de atención prenatal y obrar con un enfoque intersectorial que agiliza acciones.
No obstante, a veces emergen familias que no desempeñan el rol determinante que les corresponde en la protección de la madre, el bebé y su posterior desarrollo integral.
Por ello es tan importante obrar con un sentido de intersectorialidad a todos los niveles, según opinan Midalis Martínez Barrios y Amary Yumar Díaz, especialistas del servicio de neonatología en el Hospital Provincial Camilo Cienfuegos, del mismo modo que el joven doctor Lázaro Díaz Sieiro, vicedirector del área materno infantil.
Es inconcebible, por ejemplo, que de espaldas al esfuerzo que realizan la provincia y el país a favor de la vida, algunas madres evadan ingresos en hogares para embarazadas e incluso la hospitalización y atenciones en la sala de neonatología.
Por fortuna no es lo que predomina en un espacio colmado de atenciones, donde, como afirma la joven enfermera Yanisleydis Valdivia, “entregamos nuestro conocimiento y mucho amor, pensando que ese niño puede ser nuestro hijo. Por eso nos queda tremenda alegría cuando se van de alta y sufrimos cuando hay alguna complicación o fallecimiento.”
La evidencia la ofrece Damarys Pérez González, de Jatibonico, quien antes de regresar a casa con su pequeña Enma Alejandra en brazos, afirmó: “Aquí no hay médicos, ni enfermeras; tú sientes que hay padres, madres abuelos y una familia a tu disposición”.


















