La doctora Yudmila Rodríguez Verdecia, del Hospital Ginecobstétrico Ramón González Coro. / Instagram
La doctora Yudmila Rodríguez Verdecia, del Hospital Ginecobstétrico Ramón González Coro. / Instagram

Recibir la vida en la oscuridad

 En medio de la crisis energética en Cuba, los quirófanos enfrentan interrupciones eléctricas que obligan a continuar procedimientos sin equipos de soporte


La doctora Yudmila Rodríguez Verdecia –especialista de primer grado en Anestesiología y Reanimación, jefa de la unidad quirúrgica y de los servicios de anestesia del Hospital Ginecobstétrico Ramón González Coro, en La Habana– no es solo médica y profesora. Es, sobre todo, líder. No suele quejarse, ni siquiera cuando una guardia amenaza con ser más dura que la anterior. Pero esta vez es distinto.

En la sala de urgencias obstétricas donde trabaja, la rutina ha sufrido interrupciones por un factor ajeno a cualquier manual clínico: los apagones. La crisis energética que atraviesa el país ha convertido la incertidumbre en un actor más dentro del quirófano.

Los apagones y la escasez de insumos afectan directamente a los servicios materno-infantiles en Cuba. / Instagram

Cuando la electricidad se corta en medio de una operación, la escena es abrupta: la sala queda a oscuras, los equipos se silencian, La doctora Rodríguez Verdecia y su grupo continúan. Sin monitores, sin la tecnología habitual, sostienen la cirugía con lo que no falla: la experiencia y la precisión aprendida durante años. A veces, la luz proviene apenas de las pantallas de teléfonos móviles, convertidos en improvisadas lámparas quirúrgicas sobre el cuerpo abierto de una paciente.

La escena se ha repetido más de una vez. Y cada vez redefine el límite de lo posible. “Cuando hay un apagón hay que continuar con los celulares, continuar sin dar al traste con la vida del paciente”, dijo la profesora a la serie Asfixia, de Naturaleza Secreta.

Luego, casi siempre, llega el sonido que lo cambia todo: el primer llanto de un recién nacido. ¿Quién espera que estos médicos se detengan? ¿Quién imagina que los niños dejarán de nacer?

El Ministerio de Salud Pública de Cuba ha informado que la situación energética y material impacta de forma directa en la atención sanitaria, especialmente en los servicios materno-infantiles. Las limitaciones eléctricas y la escasez de insumos afectan procedimientos esenciales: desde ultrasonidos obstétricos hasta estudios genéticos.

Durante décadas, Cuba fue referencia internacional por sus bajos índices de mortalidad infantil: apenas cuatro muertes por cada 1 000 nacidos vivos, una de las tasas más bajas de América Latina. En 2024, la cifra oficial ascendió a 7.1 por cada 1 000. Para 2025, datos preliminares la sitúan alrededor de 9.9, el nivel más alto en más de dos décadas. Detrás de los números hay un sistema sanitario bajo presión, golpeado por la escasez de recursos en medio de una crisis económica.

A ese escenario se suman las tensiones externas. El endurecimiento de las sanciones económicas por parte de Estados Unidos ha añadido nuevas dificultades al ya complejo panorama de abastecimiento y afecta tanto al sistema financiero como al acceso a insumos médicos.

En La Habana, sin embargo, la escena concreta sigue siendo otra: un quirófano en penumbra, un equipo que no se rinde, una vida que insiste en abrirse paso. Porque, a pesar de todo, los niños siguen naciendo. Y alguien tiene

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