La Policía Rebelde, fundada en 1958 en el Segundo Frente Oriental, constituyó el fundamento moral y organizativo de la futura Policía Nacional Revolucionaria. /Héctor Alejandro Castañeda Navarro
La Policía Rebelde, fundada en 1958 en el Segundo Frente Oriental, constituyó el fundamento moral y organizativo de la futura Policía Nacional Revolucionaria. /Héctor Alejandro Castañeda Navarro

Una policía hecha pueblo

La transformación del órgano policial en Cuba, de ser un instrumento de terror al servicio de una minoría explotadora y del imperialismo, a una institución profundamente popular, revolucionaria y humanista, es la prueba irrefutable de que, cuando el poder reside verdaderamente en el pueblo, sus instituciones se convierten en baluartes de la justicia y la dignidad nacional


La historia de Cuba está marcada por una lucha heroica por la soberanía y la justicia social, que culminó con el triunfo glorioso de la Revolución el 1° de enero de 1959. Este acontecimiento histórico, liderado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, marcó el fin de una sangrienta tiranía y el inicio de la verdadera liberación nacional y de la construcción de una sociedad basada en los principios de justicia, igualdad y humanismo. En este proceso de transformación radical, las instituciones del Estado fueron refundadas para servir al pueblo, siendo la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) un ejemplo luminoso de este cambio.

Las estaciones de policía antes de 1959 fueron escenarios de torturas sistemáticas y crímenes contra jóvenes revolucionarios, obreros y estudiantes. /Héctor Alejandro Castañeda Navarro

Existe una profunda diferencia entre el aparato policial neocolonial y la actual PNR, institución nacida de la Revolución, consagrada a la protección del pueblo y a la defensa de sus conquistas. Un recorrido por distintas estaciones de policía de la capital permite constatar visualmente estas transformaciones, desde los objetos de represión empleados en el pasado, hasta las figuras tristemente célebres por su crueldad contra el pueblo.

Instrumento de terror y opresión

Durante la primera ocupación militar norteamericana (1898-1902) se transformaron las instituciones policiales, adaptándolas a los patrones existentes en los Estados Unidos.

Lejos de proteger a los ciudadanos, esta policía estaba al servicio exclusivo de los intereses de la oligarquía criolla y del imperialismo yanqui. Su función era garantizar el saqueo del país y silenciar, mediante el terror, las legítimas aspiraciones del pueblo. Era un apéndice del ejército y de los cuerpos de inteligencia al servicio de la tiranía.

El golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 desató de inmediato una amplia repulsa popular; se intentó detener mediante el aumento de la represión, los crímenes y las torturas, cobrando un significativo número de víctimas, en especial, jóvenes.

Entre 1957 y 1958, la 5ta estación de policía fue uno de los principales centros de actividad del coronel Esteban Ventura Novo, jefe del distrito y uno de los más sanguinarios esbirros de la dictadura batistiana. La tortura en las estaciones era un mal generalizado y aprobado por sus respectivos jefes, en este sentido contaban con los más sofisticados medios. La cotidianidad de la represión en la capital no estuvo ausente de ningún sector social que se proyectara contra el régimen instaurado por Fulgencio Batista.

Esteban Ventura Novo, Conrado Carratalá y Pilar García fueron de los más sanguinarios esbirros de la dictadura batistiana. Foto: Archivo de Granma

Entre los más connotados asesinos en sus filas estuvieron, además de Ventura Novo, los coroneles Julio Stelio Laurent Rodríguez, Irenaldo García Báez, Conrado Carratalá Ugalde, Lutgardo Roberto Martín Pérez, Hernando Hernández y los generales de brigada Rafael A. Salas Cañizares y Pilar D. García.

Las brutales palizas y torturas fueron empleadas sistemáticamente contra jóvenes revolucionarios, obreros, estudiantes y cualquier opositor al régimen. Miles de cubanos fueron asesinados, desaparecidos o encarcelados. La prensa vendida al régimen silenciaba estos crímenes, mientras una corrupción generalizada, vinculada al juego, la prostitución y el narcotráfico, permeaba toda la institución.

Fueron muchos los crímenes cometidos por esta sangrienta policía. Destacan los perpetrados contra los revolucionarios Rubén Batista Rubio, Juan Pedro Carbó Serviá, Joe Westbrook Rosales, José Machado Rodríguez, Mario Reguera Gómez, Gerardo Abreu Fontán, Antonio Sánchez Gómez y Enidio Díaz Machado.

Este cuerpo policial, odiado y despreciado por el pueblo, perdió toda legitimidad. Su presencia no representaba seguridad, sino miedo y abuso. Su desaparición fue una de las demandas más urgentes y unánimes del pueblo cubano al triunfar la Revolución.

Con la huida del tirano, el pueblo cubano, liderado por Fidel Castro Ruz, asumió el poder. Una de las primeras y más justas medidas fue el desmantelamiento total del aparato represivo de la tiranía.

Génesis de una policía nueva

El 5 de enero de 1959 nació la Policía Nacional Revolucionaria, integrada por combatientes del Ejército Rebelde y de la lucha clandestina, como una institución al servicio del pueblo y la defensa de la Revolución. /Héctor Alejandro Castañeda Navarro

La PNR tuvo sus orígenes en la Policía Rebelde, fundada en 1958 en el Segundo Frente Oriental. En el contexto de la lucha insurreccional encabezada por el Movimiento 26 de Julio durante la última etapa de la dictadura de Fulgencio Batista, su creación respondió a la necesidad de garantizar el orden, la disciplina y la protección de la población civil en los territorios liberados por el Ejército Rebelde.

Sus integrantes, seleccionados entre combatientes con reconocida disciplina y conducta moral, tenían la misión de proteger a la población civil, evitar abusos, custodiar recursos colectivos y mediar en conflictos cotidianos. Su autoridad no emanaba del uso de la fuerza, acaso del respaldo de las comunidades campesinas y del prestigio político alcanzado por la Revolución en marcha.

Sobre esa base se estructuró la PNR, concebida como un cuerpo permanente y profesional, heredero directo del espíritu de la Policía Rebelde. Esta fue un antecedente organizativo y también su fundamento moral e ideológico.

Tras el triunfo revolucionario, la experiencia acumulada por la nueva institucional policial resultó decisiva para la reorganización del sistema de orden interior del país. En los primeros meses del nuevo gobierno revolucionario esta fuerza asumió responsabilidades en ciudades y pueblos, contribuyendo al desmantelamiento de los antiguos cuerpos policiales y al establecimiento de una nueva institucionalidad basada en principios de justicia social, legalidad revolucionaria y defensa de las conquistas populares.

El 1° de enero de 1959, la comandancia de la clandestinidad en la capital designó al capitán Alipio Zorrilla Marzola, activo miembro del 26 de Julio, para tomar la Estación de Policía de Cuba y Chacón, ubicada en los bajos de la propia Jefatura de la Policía Nacional. Desde esta instalación se dio la orden por radio de ocupar las 19 estaciones de la capital.

A partir del 5 enero de 1959 el comandante Efigenio Ameijeiras Delgado ocupó la jefatura de la PNR. Entre las primeras tareas de la Policía estuvieron la detención de connotados esbirros. Los tribunales revolucionarios, con amplio respaldo popular, juzgaron y aplicaron sanciones ejemplarizantes a los principales criminales de guerra y esbirros de la dictadura. Esto no fue venganza, fue el ejercicio de la justicia largamente esperada. El antiguo cuerpo policial fue disuelto para siempre.

La PNR nacía como una institución completamente nueva en esencia y forma. Sus fundadores y primeros integrantes fueron jóvenes humildes, combatientes del Ejército Rebelde y de la lucha clandestina, caracterizados por su honor, patriotismo y fidelidad a la Revolución. Su nombre define su misión. Es Nacional, porque defiende la soberanía de la patria, y Revolucionaria, al estar comprometida con la transformación socialista.

La nueva doctrina rompió radicalmente con el pasado y estableció el principio de que el policía revolucionario es un ciudadano uniformado, un hijo del pueblo quien vive y trabaja junto a él. Su autoridad no emana de la fuerza, más bien del respeto, el ejemplo y el servicio.

La honradez, disciplina y espíritu de sacrificio de sus miembros convirtieron a la PNR en un pilar del orden interno y en una institución respetada y querida por el pueblo cubano. /Tomado de Miguel Díaz Canel Bermúdez en X

Integración en la defensa nacional

Bajo la dirección del Ministerio del Interior (Minint), creado en 1961, la PNR coordinó sus esfuerzos con otras instituciones para garantizar la seguridad del Estado socialista. En un contexto de agresividad permanente del gobierno de Estados Unidos, asumió importantes misiones en los combates de Girón, la Campaña de Alfabetización, la Crisis de Octubre de 1962, la lucha contra bandas y organizaciones contrarrevolucionarias financiadas por la CIA, la contención durante los disturbios de agosto de 1994 en el Malecón habanero, entre otros hechos, que la consolidaron como un pilar indispensable de la defensa nacional y del orden interno.

Legitimidad plena y orgullo popular

La honradez, disciplina y espíritu de sacrificio de sus miembros han hecho que la PNR se gane el cariño, la confianza y el respeto del pueblo. El ciudadano cubano ve en el policía a un protector, a un colaborador, a un hermano uniformado que arriesga su vida por la seguridad de todos y por la defensa de la patria socialista. Esta legitimidad, basada en el servicio y la identificación con los intereses populares, constituye su fortaleza mayor.

La PNR, fiel a su historia y al legado de Fidel, continúa hoy, junto a todo nuestro pueblo, defendiendo las conquistas del socialismo, garantizando la tranquilidad ciudadana y enfrentando con firmeza las campañas de difamación de los enemigos de la patria. Su historia es la prueba irrefutable de que cuando el poder reside verdaderamente en el pueblo sus instituciones se convierten en baluarte de la justicia y la dignidad nacional.

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