Toronto 2015 marcó un punto de inflexión: Cuba, aquí con Mijaín López como abanderado en el desfile inaugural, salió de los dos primeros lugares del medallero panamericano por primera vez desde 1971. / escambray.cu
Toronto 2015 marcó un punto de inflexión: Cuba, aquí con Mijaín López como abanderado en el desfile inaugural, salió de los dos primeros lugares del medallero panamericano por primera vez desde 1971. / escambray.cu

Unas preocupaciones deportivas (III/Final)

El calendario no espera: los últimos grandes eventos han dejado señales imposibles de ignorar en el deporte cubano, y los Juegos Panamericanos ya asoman a menos de un año


Los recuerdos se me disparan antes de entrar en el inquietante hoy…

Cuando aterricé en Toronto, en 2015, enviado por nuestra legendaria revista —fundada en 1908— con el objetivo de cubrir los Juegos Panamericanos, lo vivido y lo pronosticado por Cuba terminaron por tomar caminos diferentes.

Nuestro organismo deportivo, a tono con sus previsiones habituales, aspiraba a mantener el tradicional segundo lugar. La realidad trajo una dura sorpresa: terminamos cuartos en el medallero, con 36 títulos. Representó salir de los dos primeros puestos por primera vez desde 1971.

Entre los muchos recuerdos de aquella aventura periodística —y ya sabemos cuánto puede tener la memoria de desorganizada— me vuelven ahora dos en particular:

Uno, la suerte de compartir el vuelo hacia Toronto con el supercampeón de la lucha Mijaín López, quien viajaba por adelantado, pues sería nuestro abanderado en el desfile inaugural. El otro, el premio recibido por mi crónica resumen al regreso, en el Concurso Nacional José González Barros.

Sigamos un poco más por el camino panamericano:

Cuatro años después, en Lima 2019, Cuba consiguió 33 oros y descendió al sexto puesto. En Santiago de Chile 2023 fueron 30, y el ascenso al quinto lugar.

Treinta y seis doradas (Toronto 2015).

Treinta y tres.(Lima 2019).

Treinta (Santiago de Chile 2023).

No son números destinados a provocar conclusiones apresuradas. Tampoco permiten pasar de largo.

Las cifras no caminan solas

Han transcurrido once años desde Toronto 2015. Varios Juegos. Unas cuantas medallas. Y algunas señales peligrosas de mirar de reojo.

Conviene recordar algo: las cifras no caminan siempre en línea recta. El deporte tampoco.

Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 lo demostraron. Cuba consiguió siete medallas de oro y 15 preseas en total (lugar 14), un repunte respecto a Río 2016, donde había alcanzado cinco títulos y 11 medallas (18vos).

Luego llegó París 2024:

Allí, otra vez enviado por BOHEMIA, estuve a pocos metros de una cosecha mucho más discreta: dos oros, una plata y seis bronces. Nueve medallas. Lugar 32.

Esa extensa cobertura, en las ediciones digital e impresa, recibió mención en el González Barros.

El escenario olímpico es, por supuesto, otro: más exigente, más universal. No corresponde trasladar de forma mecánica sus resultados a los certámenes regionales.

Sin embargo, aporta otra pieza al rompecabezas.

Luz de alerta

Acaba de bajar el telón de Santo Domingo 2026.

En los Juegos Centroamericanos y del Caribe conviene igualmente mirar hacia atrás.

Cuba obtuvo 102 coronas y el segundo puesto en Barranquilla 2018 (total de 242). Cinco años más tarde fueron 74 títulos y el tercer lugar en San Salvador 2023 (acumulado de 196).

En Santo Domingo quedaron 51 oros. México se escapó hasta 167. Colombia alcanzó 91. Venezuela llegó a 49.

Solo dos oros separaron a Cuba por arriba del cuarto puesto alcanzado.

Existe una cifra quizá más inquietante: Venezuela consiguió 216 medallas en total; Cuba, 155.

Las estadísticas no compiten. Compiten los atletas.

Detrás de esos números existen circunstancias imposibles de borrar con una calculadora: dificultades en el entrenamiento, alimentación, recuperación, topes internacionales, condiciones materiales y preocupaciones familiares capaces de acompañar al deportista incluso dentro del terreno.

Sería injusto convertir una tabla de medallas en un tribunal.

Logotipo Lima 2027

El calendario

Resultaría igualmente injusto no mirarla. Sobre todo, porque el calendario no concede treguas. Del 23 de julio al 8 de agosto del próximo 2027, Lima volverá a recibir los Juegos Panamericanos.

Ya no hablamos de un horizonte lejano.

Santiago 2023 dejó 30 títulos cubanos y un meritorio quinto lugar (dos coronas más que Colombia).

Ahora habrá que preguntarse desde dónde partimos y hasta dónde podemos llegar.

No para fabricar desde hoy una cifra destinada a convertirse después en sentencia.

Ni para anunciar derrotas.

Mucho menos para desconocer a quienes entrenan y compiten en circunstancias extraordinariamente difíciles.

Se trata de mirar el marcador antes de su próximo encendido.

Porque Toronto 2015 fue una advertencia.

Luego llegaron Río 2016, Barranquilla 2018, Lima 2019, Tokio 2020, San Salvador 2023, Santiago 2023 (dos en el mismo año), París 2024 y Santo Domingo 2026.

Cada competencia tuvo su historia, sus circunstancias, sus héroes y sus explicaciones.

Juntas, sin embargo, empiezan a contar otra historia.

Y esa merece ser escuchada.

Lima 2027 ya está ahí.

Esta vez, el calendario también compite.

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