Ilustración. / granma.cu
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Voz, lucha y presencia

La Federación de Mujeres Cubanas (FMC), organización que agrupó todos los sectores femeninos de la Revolución, arriba este 23 de agosto a su aniversario 65


En el pulso de la nación cubana, siempre vibró la mujer. Discriminada antes de la alborada de enero de 1959, luchó por imponerse en las diferentes etapas: tener voz y valoraciones sobre distintos temas sociales o políticos y participación en diferentes esferas de la sociedad. No quería ser un adorno transparente e ignorado en el hogar y sí incorporarse a una labor donde recibiera una remuneración justa.

Integrantes del pelotón Mariana Grajales se entrenan en la Sierra Maestra, 1958. / fidelcastro.cu

En el discurso del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en aquella fecha de 1960, en el Salón-teatro de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), expresó: “[…] pocas veces se ha respirado aquí un aire de tanto optimismo, de tanta alegría, de tanto espíritu combativo… es el extraordinario espíritu revolucionario de las mujeres cubanas”.

Refirió además que “La Revolución tiene, sin duda alguna, en el sector femenino de nuestra población, un respaldo muy grande. Por eso, desde los primeros instantes se observaron una serie de actividades con la participación activa de la mujer cubana. No era nada nuevo para nuestro país. Nuestro país puede sentirse afortunado en muchas cosas y, entre ellas, la primera de todas, por el magnífico pueblo que posee. Aquí no solo luchan los hombres; aquí, como los hombres, luchan las mujeres”.

Presentes en aquel local, sentían el signo de sacrificios pasados. Protagonizado por grandes mujeres de nuestra historia que dejaron páginas vibrantes a la posteridad:

Es el espíritu rebelde de Carlota, la esclava de origen lucumí, quien encabezó una sublevación y desafió el poder esclavista español el 5 de noviembre de 1843, en el ingenio Triunvirato, actual provincia de Matanzas.

A dos días del repique de las campanas en Demajagua, cuando Carlos Manuel de Céspedes lanzó un grito de guerra el 10 de octubre de 1868, Mariana Grajales Cuello, hoy considerada la Madre de la Patria, movilizó a toda su “tribu heroica” a marchar a la manigua redentora y apoyar a los mambises junto a otras mujeres.

Vilma y Fidel, intercambian con las federadas durante un evento en los primeros años de la Revolución. / fidelcastro.cu

El 20 de octubre, cuando los insurrectos ocupan la ciudad de Bayamo, una mujer, Candelaria Figueredo Vázquez, Canducha, como abanderada marcha ondeando la enseña de la estrella solitaria. La camagüeyana Ana Betancourt Agramonte, en uno de los días de la Asamblea Constituyente de Guáimaro, efectuada entre el 10 y el 12 de abril de 1869 por los jefes principales de la Guerra de los Diez Años, se pronunció por la emancipación de la mujer, hecho descrito por José Martí: “[…] la elocuencia es arenga: y en el noble tumulto, una mujer de oratoria vibrante, Ana Betancourt, anuncia que el fuego de la libertad y el ansia del martirio no calientan con más viveza el alma del hombre que el de la mujer cubana”.

Así, en otra etapa de lucha resuelta por nuestra emancipación liderada por Fidel, en el asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 se alinearon y desplegaron con con coraje dos mujeres: Melba Hernández Rodríguez del Rey y Haydée Santamaría Cuadrado.

La heroica gesta liberadora de la Sierra Maestra se enriqueció con la actuación destacada de la mujer cubana. Celia Sánchez Manduley, considerada la primera guerrillera, antes de incorporarse a la lucha en las montañas movilizó a un amplio grupo de revolucionarios de apoyo al desembarco del Granma. Ya en la serranía se destacó como cercana colaboradora del Comandante en Jefe y lo acompaño en todas las batallas.

Otro grupo de decididas muchachas escalaron el lomerío en diferentes momentos de los años 1957 y 1958. Fueron al encuentro de una historia y la escribieron con patriotismo. Se incorporaron a la tropa de Fidel y reclamaron el derecho de empuñar un fusil y ubicarse en la línea de fuego a combatir al enemigo a la par de los hombres. Con ellas el líder rebelde creó el pelotón Mariana Grajales.

En aquella etapa decisiva, entre otras tantas combatientes, se destacó Vilma Espín Guillois. De espíritu rebelde, se enfrentó a la tiranía de Fulgencio Batista, primero en la lucha clandestina, principalmente en su ciudad natal de Santiago de Cuba y luego siendo una guerrillera más en el Tercer Frente Frank País.

Vilma Espín junto a Raúl y Fidel en la clausura del III Congreso de la Federación de Mujeres Cubanas, el 8 de marzo de 1980. / fidelcastro.cu

Por los grandes méritos acumulados, es a ella a quien se le da la tarea de organizar y presidir la Federación de Mujeres Cubanas. Siempre se destacó y fue abanderada por la inclusión social de la mujer.

Antes existían en el país: La Unidad Femenina Revolucionaria, integrada en su mayoría por mujeres campesinas; las Brigadas Femeninas Revolucionarias, la Columna Agraria, los Grupos de Mujeres Humanistas, la Hermandad de Madres y el Frente Cívico de Mujeres Martianas, este último surgido a raíz del golpe de Estado del sátrapa Fulgencio Batista el 10 de marzo de 1952.

En una entrevista concedida por Vilma a Antonio Núñez Jiménez el 1° de octubre de 1962, ella se refirió a dos compañeras del Partido Socialista Popular: Clementina Sierra y Esther Noriega. Le comunicaron la necesidad de crear una organización femenina nacional. “Me plantearon que yo tenía nivel universitario, había sido una combatiente destacada y debía centrar los esfuerzos en la organización femenina, pues, de seguro, tendría aceptación de todos los grupos, incluso algunos burgueses y pequeños burgueses, pero con interés de trabajar en beneficio de la Revolución, y no habría desconfianza de mí. ¿Resultado? Bueno, consulté enseguida con Raúl y su respuesta fue: ‘Trabaja en eso’.

“En general todas esas organizaciones tenían un factor común: apoyar a la Revolución. Con esa óptica, más que como simples reivindicaciones o emancipación femenina, de ello todavía no tenía una plena conciencia, aquello sí me pareció muy importante. En definitiva, esos planteamientos eran la prédica constante de Fidel. Y era evidente el apoyo de la masa femenina a la Revolución, su admiración, su cariño, su devoción por Fidel. Al ver fotografías de los primeros tiempos de la Revolución, se observará la cantidad de mujeres, incluso con niños cargados, presentes en manifestaciones y en conmemoraciones”.

A partir de entonces se abrió a las féminas la oportunidad de muchos derechos: a la educación, a la vida, al empleo, a la salud, a la defensa como milicianas o militares, a la superación técnica y cultural, al acceso a cargos de dirección, al voto, a elegir y ser elegidas, a proteger sus derechos reproductivos y sexuales, entre otros.

La mujer cubana, siempre en apoyo de la Revolución. / Archivo de BOHEMIA

Al trabajar, pudieron contar con los círculos infantiles, y se han dictado muchas leyes encaminadas a su beneficio. Según expresara Fidel ocurría una Revolución dentro de la Revolución.

Numerosas tareas han sido emprendidas por la FMC. Dos males sociales cambiaron su tónica: la discriminación racial y la prostitución. Cuando el ataque mercenario a Playa Girón en 1961, fueron movilizadas a la zona de combate, en la que crearon hospitales con bancos de sangre y organizaron y ejecutaron el montaje de cocinas destinadas a elaborar alimentos, entre otras tareas.

En palabras de Vilma: “Recuerdo que el Che hizo un reconocimiento a la Federación, a las mujeres en general. Él dijo: ‘Lo extraordinario es que, en los días de esa movilización, las mujeres acudieron a sustituir a los hombres a las fábricas y la producción no solo no se paralizó, se mantuvo y en algunos casos, se sobrecumplió’”.

Nuestras federadas, con ese arrojo y dedicación, plantaron bandera junto a la patria en cada frente, ya sea social, económico, político o en la defensa, dando lo mejor de sí. Hoy agradecen a Fidel y a Vilma por haberlas convertido en personas con un futuro seguro.

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Fuentes consultadas

El libro, En marcha con Fidel 1960, de Antonio Núñez Jiménez. José Martí: “10 de Abril”, periódico Patria, 10 de abril de 1892, y Discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en el acto de fusión de todas las organizaciones femeninas revolucionarias. Salón-teatro de la CTC, 23 de agosto de 1960.

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