Mirarnos cual somos y queremos ser
El amor no entiende de colores, una tendencia mundial que los cubanos y las cubanas asumimos con ¿naturalidad? / Yasset Llerena Alfonso.
Mirarnos cual somos y queremos ser
El amor no entiende de colores, una tendencia mundial que los cubanos y las cubanas asumimos con ¿naturalidad? / Yasset Llerena Alfonso.

Mirarnos cual somos y queremos ser

“Cada oveja con su pareja”, espetaba mi vecina Loreta a su hija adolescente de 17 años, tras la visita del nuevo pretendiente de la muchacha, un apuesto joven de apenas 18 abriles y atractivo “color cartucho”, como lo tildara escandalizada la madre, la misma persona quien presume de que sus mejores amigos son unos “negros preciosos y muy educados”.

Si todos partiéramos del hecho de que solo existe la raza humana, serían imposibles las concepciones racistas y de segregación racial y/o étnica. Pero la realidad abrumadora y cruda es otra: estas exclusiones subsisten en el imaginario social. La discriminación por el color de la piel y los rasgos físicos es una certidumbre arrolladora, heredada de la esclavitud que en Cuba se abolió a finales del siglo XIX.

De forma disimulada o notoria, en nuestras vidas irrumpen gestos, frases, comentarios, críticas y hasta chistes, con un profundo sentido desacreditador a la condición racial, por lo general negra. Lo peor es que tales criterios se asumen muchas veces con naturalidad o pasan inadvertidos entre la colectividad que, por escucharlos, verlos en sus más diversas manifestaciones en los medios de comunicación o la realidad cotidiana, los toma con indiferencia y sin considerar que resultan denigrantes, lesivos e incluso vejatorios a la integridad moral de las personas a quienes se dirigen.

Con el triunfo en enero de 1959, el racismo en Cuba quedó anulado de manera institucional; el naciente proyecto revolucionario desde entonces se proponía arrasar con cualquier tipo de exclusión y comenzaba a legitimar la equidad de los ciudadanos y su integración en todas las esferas de la vida nacional.

De modo que las mayorías, relegadas durante la colonia y la neocolonia, en especial los negros y los mulatos, empezaron a gozar de espacios de crecimiento y participación, favorecidos por las medidas sociales, económicas y jurídicas que animaba la Revolución desde su etapa fundacional, al abrigo de las ideas humanistas, de solidaridad, justicia social e igualdad que apartaban todo atisbo de discriminación por el color de la piel, sexo, género, creencias, o cualquier condición o circunstancia personal que perjudicara –y perjudique– la dignidad humana. Sin embargo, el estigma de las razas persistió de manera velada, tanto en el plano individual, como en el familiar.

Mirarnos cual somos y queremos ser
Aun cuando todos somos humanos con derechos, algunas investigaciones académicas en Cuba revelan que negros y mulatos, en mayor proporción, habitan en barrios populares y en peores condiciones habitacionales. / Yasset Llerena Alfonso.

Llegados los años 90, durante el llamado Período Especial en tiempos de paz, este fenómeno se visibilizó más hondamente, debido a dificultades económicas, severas carencias materiales, las cuales generaron una crisis social y de valores –hasta hoy se trabaja por erradicarla–, que dejó al descubierto notables desproporciones en cuanto a condiciones socioeconómicas entre personas blancas, negras y mestizas.

Desde finales de aquella adversa década, el líder histórico de la Revolución Fidel Castro Ruz había alertado sobre cuán románticos habíamos sido al creer eliminada la discriminación racial en Cuba; y, pocos años después, en el 2000, confesaba ante un multitudinario auditorio en la Iglesia Riverside, de la ciudad estadounidense de Harlem (Nueva York): “Tiempo tardamos en descubrir […] que la marginalidad, y con ella la discriminación racial, de hecho, es algo que no se suprime con una ley ni con 10 leyes, y aún en 40 años nosotros no hemos logrado suprimirla totalmente”.

Admitir que tal problemática ha permanecido en el tiempo y, en el decurso, la voluntad política de derribar el flagelo sería uno de los principales logros y a la par el más caro de los retos en la lucha contra la discriminación por el color de la piel en nuestro país. En cuanto sentó las bases propicias para establecer estrategias que garanticen alcanzar la sociedad y el socialismo al que aspiramos.

La Ley Fundamental, aprobada en 2019, confiere sustento jurídico a tales propósitos. Igualmente, el establecimiento del Programa Nacional contra el Racismo y la Discriminación Racial, concebido ese mismo año, estimula acciones concretas para afrontar las posturas discriminatorias en diferentes ámbitos de la vida local y nacional del país.

Estos empeños se engranan a otros proyectos de alcance mundial como el Decenio Internacional de los Pueblos Afrodescendientes, promovido por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) que, con el tema Afrodescendientes: reconocimiento, justicia y desarrollo, se inició en enero de 2015 y durará hasta el 31 de diciembre de 2024 para incentivar comunidades mejores y más prósperas, acordes con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Auscultando el fenómeno desde las ciencias sociales

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La Casa de las Américas tiene una tradición de investigaciones y eventos en este ámbito, así lo demostró el Coloquio de Estudios sobre Afroamérica, con carácter bienal, celebrado allí hace pocas semanas. /prensa-latina .cu

Recientemente la Casa de las Américas, con una tradición de varios años en la investigación del tema, celebró la segunda edición del Coloquio Internacional de Estudios sobre Afroamérica, donde académicos y expertos colombianos, uruguayos, chilenos, mexicanos y cubanos intercambiaron criterios en torno a los problemas y desafíos que afrontan las llamadas comunidades afroamericanas en la contemporaneidad.

La cita habanera sirvió, además, para enfatizar en la idea de que nuestros pueblos precisan impulsar, de manera prioritaria, proyectos de investigación científica más exhaustivos y universales que hurguen en los derroteros del pasado y se ajusten a las exigencias de los actuales escenarios.

Desde la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) la Comisión Aponte también ha encaminado acciones puntuales en este orden. Asimismo, diversas instituciones académicas y culturales ya exhiben resultados alentadores y trabajan por echar a andar otras indagaciones en la materia.

El Centro de Estudios Demográficos (Cedem), el Centro de Estudios para el Perfeccionamiento de la Educación Superior (Cepes), Centro de Estudios sobre la Juventud (CESJ), Centro de Estudios de Población y Desarrollo (Cepde), Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS); las facultades de Psicología, de Filosofía, Sociología e Historia, de la Universidad de La Habana; y la Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso-Programa Cuba); el Instituto Cubano de Antropología y distintas dependencias de la casa de altos estudios habanera son algunos de los abanderados en la temática.

Lo más valioso de tales hallazgos está en reconocer la problemática de la racialidad desde las ciencias, sin perder el enfoque humanista que singulariza a nuestra sociedad y a partir de ello intentar diseñar estrategias coherentes, acordes con las condiciones e identidad del cubano de hoy. No obstante, el camino por recorrer pasa por entender que un tema silenciado durante años debe ser analizado con claridad y transparencia en todas las instancias de la sociedad. 

Correspondería entonces desprenderse de los tabúes, engendrados desde la frivolidad y displicencia, por quienes, ante el debate sobre estos temas, suponen análisis apegados a posturas racistas que solo alientan la desunión entre cubanos. Y siempre recordar la idea martiana que versa “de racistas serían igualmente culpables; el racista blanco y el racista negro”. Solo una conciencia plena y un pensamiento abierto al problema garantizarán abrazar esa justicia social genuina que anhelamos. El intelectual cubano Fernando Martínez Heredia, Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas 2006, fue categórico cuando expresó: “La lucha por la profundización del socialismo en Cuba está obligada a ser antirracista”.

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