No hacía falta tener una bola de cristal para saber qué pasaría en los Juegos Centroamericanos y del Caribe
Por. / Giovanni Martínez y Rafael Pérez Valdés
¿Cómo evaluar, y con la mayor justicia posible, el tercer lugar de Cuba en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Salvador 2023?. Nunca había ocurrido desde 1970. Pensamos que fue bueno y para nada sorpresivo.

En este caso, en otros ha sido diferente, no se le pasó “gato por liebre” a los periodistas y, con ello, al pueblo. Unos días antes de que se subiera el telón todo quedó ratificado con claridad por directivos del organismo deportivo: México, sin duda, iba a quedar otra vez en la cima (ganó 145 medallas de oro); debíamos en dura contienda estar en el entorno de los 70 a 80 títulos: se lograron 74.
¿Y la disputa entonces por el segundo o tercer lugar?: Iba a depender de la actuación de Colombia, que alcanzó 87.
Las cartas fueron puestas sobre la mesa. Quiere decir que se avizoró un descenso lógico por varias razones, entre las cuales, con un peso decisivo, estaba el de la economía.
Los tiempos son otros. Y eso hay que entenderlo, al menos un poco, en aras de un análisis justo. Hace 30 años, en los Juegos de Ponce 1993, conquistamos 227 de oro. A partir de entonces las cifras han ido bajando: 191 (Maracaibo 1998), 139 (Cartagena 2006), 123 (Veracruz 2014), 102 (Barranquilla 2018) y 74 ahora.
No se olvide que México nos desplazó a la segunda plaza en Barranquilla 2018, pues desde Ciudad de Panamá 1970 hasta Veracruz 2014 mantuvimos el sitio cimero.
Logramos esta vez las preseas anunciadas, más un total de 116 cupos para los Juegos Panamericanos de Santiago de Chile 2023, que se celebrarán del 20 de octubre al 5 de noviembre.
Como siempre ocurre, hubo pronósticos que no pudieron cumplirse y protagonistas que los superaron. Es justo reconocer el esfuerzo de los atletas cubanos. Muchas veces, como conocemos, capaces de superar adversidades que trascienden el marco deportivo como el difícil momento económico por el que transita el país y su inevitable reflejo en todas las esferas.
La distancia con respecto a Venezuela, ocupante del cuarto escaño, fue considerable: 42 oros. En tanto, Colombia nos sacó una diferencia menor: 13.
Unos datos reveladores
En los últimos tiempos un buen número de deportistas, varios de ellos de talla mundial, decidieron no seguir compitiendo por Cuba. Algunos análisis indican que al menos 30 de ellos hubiesen llegado a finales, lo cual aumentaba muchísimo las posibilidades de terminar en el segundo lugar.
La delegación cubana dependió de 499 atletas en 36 deportes (267 hombres y 232 mujeres) e intervino en 356 de las 447 pruebas establecidas en el certámen.
A los 74 cetros, debemos sumar 59 preseas de plata y 63 de bronce, para un total de 196.
Fueron 20 los deportes que aportaron oros: lucha (15), judo (9), atletismo (9), tiro (5), canotaje (4) natación (4), ajedrez (3), tenis de mesa (3), remo (3), levantamiento de pesas (2), clavados (2), balonmano (2), boxeo (2), taekwondo (2), esgrima (2), gimnasia artística (2), ciclismo (2), voleibol (1), vela (1) y karate (1).
El dominio cubano por países se produjo en siete disciplinas (lucha, judo, atletismo, tenis de mesa, ajedrez, balonmano y canotaje), en las cuales sumaron 45 títulos; o sea, más de la mitad del total.
Notas magníficas
Solo con los resultados de los luchadores, que ganaron 15 medallas de oro, nuestro país hubiese alcanzado el octavo lugar de una tabla en la que aparecen 29 países.
Los de la grecorromana se fueron con las seis en disputa, gracias a Kevin de Armas (división de los 60 kilogramos), Luis Orta (67) –campeón de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020–, Yosvanys Peña (77), Daniel Grégorich (87), Gabriel Rosillo (97) y Oscar Pino (130), este último multimedallista en campeonatos mundiales.
Las chicas de la libre obtuvieron cinco: Yusneylis Guzmán (50), Laura Herin (53), Ángela Álvarez (57), María Santana (62) y Hangelen Llanes (68). Una de renombre, Milaymis de la Caridad Marín (76), operada 10 días antes de un accidente en uno de sus ojos, logró bronce. Mientras los varones de ese estilo, cuatro: Osmany Diversent (57), Alejandro Valdés (65), Yurieski Torreblanca (86) y Arturo Silot (97).
Los del judo estuvieron de maravilla con sus nueve doradas: Idalis Ortiz (+78), Andy Granda (+100-campeón mundial en Tashkent 2022); Kaliema Antomarchi (78-bronce en el de Budapest 2017), Iván Silva (90-plata en el de Bakú 2018), Yarisleidis Hernández (52), Arnaes Odelín (57), Orlando Polanco (66), Magdiel Estrada (73), y el equipo (mixto).


En cuanto a la natación, fue notable su avance como resultado del gran esfuerzo de los atletas que incluso entrenan con agua fría en sus piscinas. Elisbet Gámez, por citar uno de los momentos más emotivos, cerró el relevo campeón de 4×100 metros libres, como parte de una cuarteta que ganó también los 4×200. Ella obtuvo cuatro de oro, esas dos junto a la competencia individual en los 100 y 200 de ese estilo, en la cual Andrea Becali alcanzó el bronce. Gámez se adueñó de la de plata en 400. Fue un desempeño espléndido muy difícil hasta de soñar.
Reyes del deporte rey
En Barranquilla 2018 la suma de 11 coronas se quedó corta para dominar el medallero del atletismo. Sin embargo, esta vez bastaron nueve, acompañados de 11 metales de plata y ocho de bronce, para colocarnos en la cima por países del deporte rey.

Entre las alegrías, que fueron varias, se encuentra la medalla que nos regaló la posta femenina de 4×400, conformada por Zurian Hechavarría, Rose Mary Almanza, Lisneidy Veitía y Roxana Gómez, quienes no solo reeditaron la corona conseguida en la urbe cafetera, sino que agregaron un récord, de 3:26.08 minutos, y dejaron atrás el 3:29.48 impuesto con anterioridad por otra cuarteta de casa.
Eso no fue todo, otras cuatro criollas, 24 horas antes, en 4×100 rompieron una marca vigente desde Cartagena 2006, también cubana, de 43.29 segundos. Laura Moreira, Enis Pérez, Yarima García y Yunisleidy García bajaron el tiempo hasta los 43.17 segundos, en un “baile” sincronizado, sin fallos en los cambios.
No es menos cierto que algunas medallas se disfrutan más que otras, aunque no restamos valor a ninguna. Pero nadie dudará que consiguió tocarnos las fibras más sensibles del alma el oro del triplista Lázaro Martínez, quien lo dedicó a su amigo saltador de longitud Maykel Massó, lesionado antes en su prueba,.
Martínez saltó hasta los 17.51 metros (récord), y de inmediato recordó a Massó, bronce olímpico en Tokio 2020, favorito para imponerse en el salto de longitud. Lamentablemente tuvo que abandonar la competencia tras sufrir una ruptura del tendón rotuliano derecho, importante en el mecanismo extensor de la rodilla.
La forma en que cayó sobre el cajón de arena, apenas en su primer intento, dejó perplejo a más de un espectador. No obstante, algo de aliento recuperamos ese día, cuando el jovencito Alejandro Parada, a pocas horas de cumplir 19 años, asumió el máximo protagonismo y se adjudicó otra de esas coronas impactantes, en una especialidad en la que hemos formado a varios atletas talentosos y ha logrado resultados alentadores.
Parada se unió desde bien temprano a ese club. Saltó hasta los 7.88 metros y recuperó un cetro que parecía desvanecerse con la persistente lluvia en la capital salvadoreña, tras la retirada en camilla de Massó.
Boxeo: Por debajo
Apenas dos medallas de oro, conseguidas por el abanderado de la delegación, Julio César La Cruz, en los 92 kilogramos, y Fernando Arzola, en más de 92, supieron a poco para el boxeo masculino, un deporte que nos tiene acostumbrados a mucho más.
Tras cerrar el cartel final, Rolando Acebal, entrenador jefe de la escuadra, tuvo la gentileza de aceptar las interrogantes de BOHEMIA vía WhatsApp, tradición que se ha vuelto frecuente en los últimos eventos.
“Atravesamos momentos difíciles. No acostumbramos a incumplir, la realidad es que estamos en medio de una renovación en el equipo, incluso, con boxeadores que aún son de la segunda y tercera generaciones, ha sido necesario incorporarlos. Perdimos alrededor del 80 por ciento de la potencialidad de la escuadra.
“Ahora la tarea es fuerte. Un púgil de élite no se forma de un día a otro. Se necesitan años de trabajo, estamos enfocados en reencontrar de nuevo la trayectoria que traíamos hasta 2021. Y con lo que tenemos vamos a continuar”.
El pronóstico de los hombres era de cuatro oros y tres bronces.
Además de los dos dorados, una plata y tres bronces completaron la cosecha. La suma creció gracias a lo hecho por las mujeres en su debut en estas lides, con poco tiempo desde la aprobación oficial de su práctica en el país (el pasado 5 de diciembre): una plata (Legnis Calá, 57) y dos bronces (Arianne Lamote, 66, y la exluchadora del equipo nacional Yaquelín Stornell, 75).
Béisbol: Incertidumbre
¿Le hubiéramos ganado en béisbol a México en la final? Esa fue la pregunta que nos hicimos todos. Nuestro equipo fue de menos a más; no obstante, la lluvia impidió que se desarrollara el partido por el oro.
La presea dorada se nos ha negado en estas lides desde Veracruz 2014, pues hace cinco años, en Barranquilla 2018, también quedamos segundos.
Incómodo desenlace. Nadie puede quedar conforme sin jugar, ni siquiera México, los designados campeones por reglamento tras vencernos en la ronda inicial 4-0.
Deportes colectivos
Sacaron la cara otros deportes colectivos. El balonmano, por ejemplo, estuvo perfecto. Logró par de oros: femenino y masculino, en dos finales electrizantes.
Asimismo, subieron a lo más alto del podio los varones del voleibol, un resultado bastante previsible teniendo en cuenta la calidad de la nómina.
Mientras que con platas culminaron el polo acuático masculino, el sóftbol femenino y, como mencionamos antes, el béisbol.
El hockey sobre césped, que se desarrolló en la subsede de Santo Domingo, alcanzó el subtítulo en el certamen para damas y el bronce entre los varones.
Una gran sede
Cuando El Salvador asumió la sede, con apenas un año y medio para prepararlos, además de la interrogante del tiempo, creció el temor por la seguridad, debido a sus conocidas bandas criminales.
Pero el proceso de abatida contra los delincuentes lleva ya varios años. Y para esta ocasión especial, se desplegaron miles de militares y policías, vestidos de campaña y portando fusiles M16. Nayib Bukele, el presidente de esa nación desde 2019, ubicó el resguardo de la población entre sus principales objetivos.
A la par, como en una suerte de combo perfecto, las instalaciones estuvieron listas para el evento. La acogida, según cuentan, fue muy agradable. Algunos los catalogaron como los mejores Juegos de la historia.
Lo cierto es que, además de cumplir con sus promesas y organizar la cita deportiva, El Salvador demostró que su lucha por la seguridad avanza muy en serio. Ojalá –pese a las críticas– sirva de ejemplo para otros territorios del área, que bastante lo necesitan.
Santo Domingo, que ahora actuó como subsede, pues fue el anfitrión de siete deportes, se prepara para asumir la próxima cita regional, que será en 2026.
Que el camino sea provechoso entonces. Panamericanos de Santiago de Chile 2023 y Olímpicos de París 2024 completarán este ciclo, antes de abrir nuevamente la ventana del deporte en nuestra área geográfica.
¿Qué pasará en Santo Domingo 2026? Para ello sí nos haría falta tener una bola de cristal.


























