La muerte no va, mi hermano

… el desvelo, el deseo, la indicación y el objetivo supremo de Fidel siempre fue salir ilesos, sin un solo fallecido


A uno de esos sujetos que a veces ni piensan lo que dicen, le escuché decir hace muchos años algo con lo cual sigo sin coincidir: “¡Qué tanto miedo, ni tanta cosa; en toda guerra tiene que haber muertos!”.

El enfrentamiento a un huracán, tenga la categoría que tenga, es también una guerra. Y si la memoria no me da espaldas, el desvelo, el deseo, la indicación y el objetivo supremo de Fidel siempre fue salir ilesos, sin un solo fallecido.

En momentos así, el país crea las condiciones para que nadie corra el peligro de perder la vida. / Pastor Batista

De hecho, poderosísimos ciclones “nos dieron con todo lo que traían a bordo” pero tuvieron que continuar su rumbo sin darse el gusto de quitarnos ni una sola vida humana.

No sé si miedo, precaución, cautela, previsión… Llamémosle como se desee, pero lo que no puede haber es indiferencia, descuido, subestimación, desprecio por la vida.

Para ocho familias guantanameras, el más duro golpe de Oscar no fue sobre sus viviendas y pertenencias, sino pecho adentro, tras la irreparable pérdida de seres queridos.

Ni con Rafael, ahora, ni con cuántos fenómenos meteorológicos vengan, debe suceder lo mismo.

Por ello, desde las jornadas previas al impacto del meteoro, Deivy Pérez Martín, presidenta del Consejo de Defensa Provincial en Sancti Spíritus; Julio Gómez Casanova (homólogo avileño), Walter Simón Noris (en Las Tunas) y otros dirigentes políticos y gubernamentales de todo el archipiélago recalcaban la máxima prioridad que en las condiciones actuales sigue teniendo lo principal para la Revolución desde su triunfo en 1959: la vida de las personas.

Tampoco por casualidad Oscar Benedico, director del Centro Meteorológico Provincial de Ciego de Ávila; Fredy Ruíz, especialista de igual institución en Sancti Spíritus o la coronel Gloria Gely Martínez, jefa del departamento de reducción de desastres del Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil, enfatizaron una y otra vez que la población se mantuviese al tanto de las informaciones oficiales y orientaciones del Instituto de Meteorología y sus centros, la Presidencia de la República, la propia Defensa Civil, Cubadebate y el resto de los medios de prensa.

Si los trinitarios sintieron el deber de apresurarse y proteger a sus embarazadas a término y a niños menores de un año, en instituciones de salud, y de trasladar hacia el Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos a los pacientes con tratamiento de hemodiálisis, o si el país “saca de donde no tiene” para evacuar a miles de personas cuya vida corre peligro en zonas de posible inundación o penetración del mar, entonces nadie tiene el derecho de coquetear con la muerte.

Cuando un huracán ha pasado ya, la vivienda derribaba por la furia del viento puede ser levantada otra vez, colocada la cubierta cuyas planchas de zinc desaparecieron, repuestos los alimentos echados a perder, el colchón destruido por las aguas o el televisor que no volverá a funcionar… pero nada ni nadie le devolverá la vida y la alegría a quienes la perdieron, pudiendo haberse evitado.

En el más leve desconocimiento, en la más pequeña imprudencia o descuido puede ir la vida. ¡Y no va!

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