Un pequeño e indispensable objeto para coser a mano. Su función es evitar pinchazos en los dedos
Por. / Victor Manuel Falcón García
Acerté al hacer caso a mi abuela cuando me vio poniendo un botón a una camisa, me dijo: ¡niño ponte el dedal para que no te pinches! Corrí rápido a la caja donde ella guarda las agujas junto a los hilos y me lo puse. Mientras cosía pensaba en cómo había este pequeño objeto llegado hasta nuestro tiempo.
La referencia más antigua se encuentra en las tumbas de los faraones, donde se hallaron pequeños dedales de cuero utilizados por las reinas egipcias, muy hábiles en el arte de coser y bordar.
En el siglo I a. C., el romano Marco Terencio Varrón habla del digitalis = dedal, de la voz digitus= dedo.
Hubo comercio con estos objetos desde la Antigüedad hasta el Renacimiento, sin variaciones en la forma de elaborarlos y los materiales de que se hacían. Los más antiguos se diferencian en un detalle: el punteado exterior de apoyo de la aguja está en la parte inferior del dedal, o zona más ancha.
En la Edad Media fueron famosos los dedales de bronce en forma cilíndrica.


La capital mundial
Gracias al avance de la industria del hierro y el bronce, en el año 1380, la ciudad alemana de Núremberg, se convirtió en la capital mundial de este objeto. Creados inicialmente con estos materiales, tardaron más de 200 años en transformarse, gracias al zinc, en elementos más resistentes.
En el año 1537 se llegaron a redactar los primeros “estatutos y reglamentos de Núremberg” dedicados a los maestros del dedal, lo que dotaría a la ciudad de este elemento tan singular.
La costura era símbolo inequívoco en una dama, ellas ganaban prestigio con estos objetos que podían ser de oro, plata o, incluso de porcelana. Además, en ocasiones, la punta se convertía en sello al firmar las cartas y distinguirse.
El dedal como lo conocemos actualmente, fue obra de un joyero de Ámsterdam llamado Nicolás Van Beuschooten, el cual en octubre de 1648, fabricó y regaló uno a la señora Van Reusselar en ocasión de su cumpleaños, una carta acompañaba el presente, en ella el joyero suplicaba a la dama aceptar ese homenaje que protegería sus dedos, a pesar de su reconocida habilidad en manejar las agujas.
En el año 1696 se inventó la máquina para su fabricación en serie a precios relativamente bajos. Eran dedales que se podían aplicar directamente sobre el dedo independientemente del grosor de este.
La última gran revolución de este objeto llegó de la mano del joyero inglés Charles Horner en 1884. Este añadió un núcleo de acero en los de plata, haciéndolos más resistentes, porque hasta entonces, el metal era tan delgado que fácilmente dejaba pasar la aguja. Estas piezas llamadas “dorcas” no dejaron su uso tradicional y añadieron una línea multiusos. Algunos de los más curiosos eran su gran capacidad de almacenaje. Por ejemplo, habían capaces de almacenar pequeños frascos de perfume o esconder un metro para medir, algo indispensable en un buen sastre, otros podían llevar consigo hilo y aguja.
El siglo XIX fue el encargado de popularizar y diversificar su producción. En esta época es posible encontrarlos esmaltados con motivos florales o paisajes típicos de ciudades, los cuales se producen como souvenir hasta el día de hoy, también se masifican los de porcelana, hueso y madera. Por su parte, los de lujo diversificaron sus materiales existiendo ejemplares de cristal, madreperla y marfil.


A coser se ha dicho
Los que utilizan las mujeres (costureras) está cubierta en su parte más angosta, interiormente es liso, exteriormente tiene pequeños dibujos; es ahí donde se apoya la parte inferior de la aguja cuando se cose, evitando así el riesgo de lastimarse con el reiterado contacto; mientras el diseñado para hombre (sastre) tiene forma de un pequeño cono trunco hueco y abierto por ambos extremos.
Se coloca en el dedo del medio de la mano (aunque también puede ser en el dedo índice) y sirve de empuje de la aguja, en cada puntada, permitiendo ejercer presión sin pincharse, usando la fuerza necesaria según el tipo de tela a coser.
Una pequeña obra de arte
Ellos también constituyen objetos de regalo y colección. Dentro de la historia del coleccionismo ocupa un lugar importante sobre todo los confeccionados a partir de los siglos XVI y XVII. Poseer la mayor variedad posible de estos objetos menudos y útiles se convirtió en auténtica pasión, tanto que las casas reales de la época rivalizaban en la adquisición de las piezas más atractivas y curiosas en sus colecciones particulares. Se pagaron grandes sumas por las piezas más raras.
Asimismo se coleccionan con temas históricos, característicos de su lugar de origen en función del material o el tipo de fabricación. Existen algunos que son verdaderas obras de arte, por lo tanto bastantes costosos hoy en día.
Como ven mi abuela tenía razón, esa diminuta pieza me salvó de pasar un mal rato. Ha prevalecido hasta nuestros días en su uso cotidiano, ahora con una fabricación más precisa y ergonómica para las labores de costura. No obstante, es paradójico que hoy, en una época donde la multifuncionalidad de los objetos es esencial y constituye un valor agregado, este protector multipropósito no se continúen produciendo. Esto ha marcado su obsolescencia, siendo muy raro encontrarlos.


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CURIOSIDADES
Notas con dedal, aguja e hilo (se pueden ir poniendo al pie de página de cada hoja del trabajo, de dos en dos, de tres en tres, las que quepan o en un recuadro al final del trabajo)
- La parte superior del dedal egipcio era plana.
- El romano estaba decorado con dibujos e inscripciones y el árabe era tallado con formas geométricas.
- El visigodo podía ser utilizado como sello.
- En el siglo XVIII constituía un regalo de lujo que los jóvenes de la nobleza hacían a sus novias.
- En todos los países de Europa y América son objetos de escaso valor, no así en China, pues no es raro aún hoy día ver dedales chinos adornados con perlas y oro o cincelados como joyas preciosas y presentadas en estuches de nácar junto con agujas igualmente valiosas.
- Se llama digitabulista a la persona que los colecciona. Los coleccionistas profesionales se decantan por dos líneas: antiguos o con diseño especiales.
- El término “llamar con el dedal” fue utilizado por las damas de la noche en sus rondas, al golpear en el cristal y así atraer la atención de los hombres que pasaban por allí.
- La frase “solo un dedal” se utilizó en el siglo XIX como medida de whisky o vaso de alcohol.
- Durante la I Guerra Mundial, se convirtieron en un tipo de moneda.
En Inglaterra, alrededor de 400 000 libras esterlinas en dedales fueron donados y se fundieron con el fin de comprar material necesario para los hospitales.


























