Foto. / CIGB SS
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La oportunidad que estamos desperdiciando con el maíz transgénico

Aunque la práctica demuestra las ventajas de su cultivo –incluyendo rendimientos muy superiores a la experiencia tradicional– no acaba de cuajar esa alternativa, decisiva para producir pienso animal y reducir gastos millonarios en el exterior


Si se hubiera mantenido el empuje de despegue por el territorio espirituano de la experiencia del maíz transgénico, hoy estuviera totalmente resuelto el problema de ese grano a escala nacional, pero, con toda seguridad, fuese mucho menor la erogación de divisa por el país para comprarlo en el mercado internacional.

El maíz constituye el 70 por ciento de la base con que se produce el pienso animal. / PASTOR BATISTA VALDÉS

Para tener en cuenta una idea: en los últimos cinco años Cuba ha destinado a esa compra unos mil millones de dólares, según trascendió durante el noveno encuentro del presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez y el primer ministro, Manuel Marrero Cruz, con el grupo de expertos participantes en el programa de soberanía alimentaria y educación nutricional.

Aunque muchas personas lo desconozcan o no se detengan a meditar en el asunto, el maíz se torna estratégico para la nación, pues constituye la base fundamental en la producción de pienso animal, con una dosis o proporción sobre el 70 por ciento de él, según explica el doctor Enrique Rosendo Pérez Cruz, director del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) en Sancti Spíritus.

No hay que ser erudito ni experto para saberlo, sin pienso animal no hay cerdo, aves, huevos, proteínas…

Por ello fue acogida con tanto empeño por científicos y productores la decisión de convertir a la provincia espirituana en una suerte de laboratorio nacional y experimentar la factibilidad real de producir y cultivar el maíz híbrido transgénico, producido por el propio CIGB del territorio.

Se trata de una planta mucho más resistente a plagas y enfermedades, en particular a la palomilla: principal enemigo de ese cultivo en Cuba.

En ello se utiliza en la semilla el gen de la bacteria Bacillus thuringiensis, BT; o sea, se toma e inserta el gen de esa bacteria en el genoma de la planta.

El maíz transgénico sorprende por el vigor de las plantaciones. / REINIER CATALÁ

No es, sin embargo, esa capacidad defensiva la única ni la principal ventaja. Productores espirituanos se asombraron al lograr cinco, seis y hasta siete toneladas por hectárea, cuando en realidad el país ha alcanzado, a duras penas, rendimientos de una tonelada por hectárea.

Como conveniencias, ese maíz ofrece también la posibilidad de sembrar más plantas en igual área, cada mata puede dar más de una mazorca, con más hileras de granos a lo largo de ella y en circunferencia.

Aun así, y a pesar de la insistencia del CIGB para extender y generalizar progresivamente ese adelanto científico productivo (llevado hace un lustro a Ciego de Ávila, Matanzas y Villa Clara, con semilla producida en Sancti Spíritus), no ha tenido la receptividad ni el impacto que demandan estos tiempos tan necesarios en la agricultura cubana.

El doctor Mario Pablo Estrada, director de investigaciones agropecuarias en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), de La Habana, considera que, excepto en el ámbito rural familiar, “en nuestro país no ha existido una cultura en torno al cultivo del maíz con fines de alimento animal; el 90 por ciento de la cosecha se destina al consumo humano, en forma de maíz tierno”.

Es hora, no obstante, de revertir la situación, de lo contrario Cuba continuará incurriendo en enormes gastos (pueden evitarse o ser reducidos) y lo peor: no habrá suficientes rebaños, cría, carne, proteína animal, huevos… y no se podrá responder ni a la creciente demanda ni a las necesidades alimentarias de la población.

No estamos hablando de volúmenes pequeños. De acuerdo con estadísticas, la nación necesita 900 000 toneladas de maíz seco y 500 000 de soya para la producción de pienso.

Resulta curioso, con apenas una tonelada de semilla se plantan 50 hectáreas del grano. La realidad lo demuestra, en cada hectárea se pueden cosechar o acopiar hasta 10 y más toneladas.

Por esta vía se le pueden ahorrar millones de dólares a la economía nacional. / Cortesía de la CIGB de Sancti Spíritus

Uno de los inconvenientes existentes: el país no acaba de articular un programa nacional, sólido, de producción de alimento animal. Al menos la agricultura no lo puede mostrar hoy. Y hace mucha falta hilvanarlo.

Por ello el doctor Mario Pablo no renuncia al sueño del logro en la especialización de la producción de semillas mediante alguna estructura o entidad que responda por ello y sobre todo por la calidad de dicha semilla.

Por lo pronto –aunque resulte tarde o se siga perdiendo tiempo– se ha logrado lo más difícil: producir esa semilla aquí mismo. Téngase en cuenta, una tonelada de ella cuesta alrededor de 12 000 dólares en el exterior.

Productores, entre los que se encuentran Félix Álvarez, en Punta de Diamante, Yoandi Rodríguez, también de Cabaiguán, Reinier Catalá Dueñas, de la Cooperativa de Crédito y Servicios Heriberto Orellana, de Sancti Spíritus; los hermanos Ridel y Rigo Toledo, al sur o campesinos de la cooperativa Juan Darias, al norte, no solo están dispuestos a “lidiar” con el maíz híbrido transgénico, sino que, tras haberlo conocido, ya no quieren retornar al cultivo tradicional.

Hora es, por tanto, de lograr un encadenamiento verdadero, capacidad de aprovisionamiento a partir de una mejor autogestión y de aprovechar en mayor grado determinadas potencialidades a partir de alternativas como las del turismo.

Se precisa, además, trabajar en función de una mayor integración, tal y como está sucediendo en Placetas, donde una Mipyme (antigua Unidad Empresarial de Base perteneciente a la Empresa Porcina) ha logrado una articulación mutuamente ventajosa con campesinos de la zona, esto le da justo valor al uso del maíz transgénico y abierto senda para realizar una mejor contratación, fomentar el cultivo, elaborar alimento animal, producir carne y lograr el reaprovisionamiento que demanda la particular coyuntura que atraviesa hoy el país.

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