A la siembra de frío hay que entrarle así: en caliente. / Pastor Batista
A la siembra de frío hay que entrarle así: en caliente. / Pastor Batista

Siembra de frío tiene que ser en caliente

A buen ritmo el incremento de plantación en varios territorios del país


Si alguien imagina que el país puede rescatar –medianamente al menos– volúmenes de azúcar sin un respaldo creciente de plantaciones cañeras está totalmente equivocado.

Hay que usar los “hierros” con que se cuente, para asegurar la preparación de tierras. / Pastor Batista

Tampoco es posible incrementar los niveles de viandas, frutas, granos, hortalizas… si en la retaguardia de esa lógica aspiración no hay, bien emplazadas, suficientes áreas de los correspondientes cultivos.

Y ni aquella (la gramínea), ni esos cultivos vienen a la realidad por obra y gracia de la buena voluntad o del más fino discurso a pie de tribuna. Dicho en buen cubano, a lo guajiro: hay que sembrar.

Sé que una cosa es decirlo, afirmarlo, y otra –bastante distinta– es concretarlo.

Si el productor (campesino individual, cooperativista, entidad estatal…) se sienta a meditar en todas las piedras que reserva el camino de la siembra, lo más probable es que le llegue la vejez sin plantar ni un frijol.

Falta de combustible, lubricantes y otros insumos para preparar una tierra que no siempre puede depender exclusivamente del buey; contingencia energética contra riego, “desaparición física” de fertilizantes, herbicidas y otros productos (tampoco pueden supeditarse de modo unilateral a alternativas orgánicas), sequías brutales o repentinos aguaceros que lo inundan todo, alza en el robo de producciones (y de animales), problemas con el acopio (ocasiona pérdidas), irregularidades en el pago de lo ya entregado por campesinos, bancarización que no facilita extracción y otras operaciones en función del propio proceso productivo…

¿Quién ha hablado de subestimar al buey? / Pastor Batista

El listado sería “interminable”. La necesidad de sembrar, no menos real e impostergable.

Afortunadamente, hay muchos actores conscientes de todo ello. E, incluso así, no dejan de plantar bandera, bota en surco, a favor de una campaña de frío cuya temperatura urge elevar sin pérdida de tiempo.

¿Por qué La Cuba sí y otros no?

A Ariel Nieves Concepción, director general de la Empresa Agropecuaria La Cuba, ninguno de los contratiempos actuales le sorprende. Tampoco lo frenan. Siempre hay un modo de echar palante.

Lo comprobó no solo cuando le pusieron en las manos “una bomba de tiempo”; es decir, la mencionada empresa, que había tocado triste fondo en áreas, fuerza de trabajo, volúmenes de producción, motivaciones… En apenas un año, sin embargo, La Cuba volvía a ser la de antes.

“Disponer de la maquinaria –y eso lleva dedicación, gestión, control, mover cielo y suelo– nos ha permitido preparar tierras. Las últimas aguas nos han afectado un poco, pero no renunciamos al propósito de sembrar más de 3 400 hectáreas. Eso incluye al producto insignia: plátano con la mayor área, además de frijol, maíz, arroz, boniato… En fin, estamos hablando de unas 500 hectáreas por encima de lo plantado en igual campaña anterior”.

Con los granos, hay que “ir al grano”. / Pastor Batista

Empeños así –aun cuando las potencialidades del territorio son tremendas y pueden ser mejor aprovechadas– explican por qué Ciego de Ávila, como provincia, no solo habla de crecer sino también de un plan de cultivo que abarca más de 29 000 hectáreas, de acuerdo con estadísticas publicadas por el Ministerio de la Agricultura.

Para ello, desde luego, se necesita una “combinación efectiva de ciencia y de experiencia en la aplicación de tecnologías y el uso de los escasos recursos disponibles, además de hacer un adecuado empleo del capital humano”, así lo precisó Yohan García, director general de Agricultura en el Minag, de acuerdo con una información publicada en Cubadebate.

Tal recomendación es válida para todo el que intervenga en una campaña que pretende dejar plantadas, entre septiembre y febrero, 517 000 hectáreas de cultivos varios en empresas agropecuarias de todo el archipiélago.

Medios de prensa y espacios digitales dejaron constancia de emotivos actos para el despegue de dicha campaña. El asunto ahora está en ir asegurando, de forma gradual, niveles de siembra que no comprometan el plan previsto ni conduzcan a maratones de última hora que, a la postre, conllevan a enormes picos de cosecha con todas las complicaciones que los productores muy bien conocen y repercuten nefastamente sobre la economía.

La Cuba ha incrementado áreas… ¡sembrando! / Pastor Batista

El deseo… ¿y la necesidad?

Como Ciego de Ávila, todas las provincias y el Municipio Especial de la Isla de la Juventud se han trazado su reto en esta llamada etapa de frío.

Granma, por ejemplo, se propone más de 100 000 hectáreas, superficie en verdad respetable. Cienfuegos ha programado unas 32 000 para la siembra de cultivos varios, entre ellos viandas, hortalizas, granos y frutales, mientras los tuneros aspiran a plantar no menos de 26 000…

Ese es el plan, el deseo, la voluntad. Y, por supuesto, ¡vale!

No obstante, también vale la pena hacerse las preguntas, a modo de didáctica reflexión, lanzadas por Jorge Luis Tapia Fonseca, viceprimer ministro de la República, al dialogar con productores y autoridades de la provincia de Sancti Spíritus: ¿Qué nivel cubrirán las consiguientes producciones de acuerdo con la estatura –bien espigada– de la demanda real? ¿Qué per cápita por habitante garantizará luego la distribución en función del consumo y de las crecientes necesidades alimentarias de la población?

Junto a otros cultivos, Reinier Catalá cosecha maíz transgénico que le vende al Estado para alimento animal. / Pastor Batista

No por casualidad, el Buró Provincial del Partido en ese central territorio, encabezado por Deivy Pérez Martín, le dedica deferente atención y seguimiento al tema.

El más reciente análisis, por ejemplo, abarcó asuntos medulares, incluido el imperativo de fortalecer más la infraestructura hidráulica y todo lo que guarde relación directa con la producción de arroz.

Examinarlo no resultó casual. Como se sabe la empresa de granos Sur del Jíbaro es una de los principales cimientos con que cuenta la nación para asegurar un arroz que por una parte debe ayuda a resolver necesidades internas de consumo y, a la vez, reducir importaciones que implican la erogación de altas sumas de divisa.

La naturaleza, no obstante, está ofreciendo ingrata o inoportuna resistencia allí. A pesar de las últimas lluvias, la presa Zaza (mayor embalse cubano y fuente directa para impulsar el programa arrocero en la zona) apenas tiene hoy en su vaso la cuarta parte de la capacidad normal. Y eso decide el alcance de la siembra.

“Frente a todas las adversidades, en esta campaña sembraremos unas 500 hectáreas por encima de la anterior” –afirma Ariel Nieves. / Pastor Batista

No es ese el caso de la Empresa Agroindustrial Municipal de Bolivia, donde si bien la escasez de agua impide sembrar más arroz, también es cierto que se planta, atiende, cosecha, contrata y controla una superficie cuya producción final satisface la demanda del municipio, lo autoabastece, así lo explica Maday Castillo Álvarez, delegada de la agricultura allí.

Por cierto, para garantizar la canasta básica de todos sus habitantes, tampoco Bolivia necesita que la nación le envíe ni un grano de frijol, según afirma Eddy Torres Acosta, director general de la empresa. Detrás de esa realidad hay otra a modo de sostén: la siembra.

A propósito de esos asuntos, no fue casual el llamado hecho por el vicepresidente de la República, Salvador Valdés Mesa, en reunión de chequeo de la campaña de frío 2024-2025 en Pinar del Río, al definir como prioridades para la agricultura cubana el rigor en la contratación de las producciones, el control de lo que se siembra y del destino de cuanto se obtiene en los campos.

Si todos los padres hicieran esto con sus hijos… / Pastor Batista

Si, conforme a una vieja frase, “no hay nada más cierto que un día detrás de otro” también lo es el lamentable modo en que, si cruzas los brazos y no clavas las botas en el surco, puede ocurrir que se te fuguen, irremediablemente, un día detrás del otro.

Esto último no les sucede a campesinos como el espirituano Reinier Catalá Dueñas, de la Cooperativa de Crédito y Servicios Heriberto Orellana, quien a pecho y pulmón busca el modo de desatar nudos, examina constantemente la situación, invierte, enfrenta el riesgo, escucha, aprende y permanece todo el tiempo pegado y apegado a su tierra, donde cultiva maíz híbrido transgénico, soya, frijol, tomate, boniato, yuca, calabaza, pepino, col, tabaco tapado y sol palo, frutas…

Su caso demuestra, por tanto, que sí hay posibilidades de meterle el pecho a todo lo adverso y, con lo que se tenga a mano –no siempre bien aprovechado– ir poniéndole peldaños a una siembra que todo el mundo llama “de frío”, pero que solo será posible concretarla si se trabaja en caliente.

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