El área temática “Hecho en Cuba”, de la Feria Internacional de La Habana, FIHAV 2025, reúne proyectos nacionales destinados a la exportación y sustitución de importaciones, en busca de financiamiento, alianzas y visibilidad
Fotos. / Gilberto Rabassa
El ruido del pabellón central de la Feria Internacional de La Habana (FIHAV) en su edición 41 se mezcla con el brillo de las pantallas, el olor a materiales recién montados y el pasar continuo de visitantes buscando comprender qué se está gestando allí. Los expositores muestran y explican con precisión, algunos con entusiasmo evidente, otros con la calma de quien confía en el trabajo realizado.
A cada lado del recorrido surgen ejemplos de ingenio: piezas, dispositivos, pequeñas instalaciones que intentan responder a problemas cotidianos. El visitante se inclina, pregunta, compara, intenta conectar esas soluciones con la realidad fuera del recinto. La expectativa es palpable: nadie viene simplemente a mirar, sino a evaluar posibilidades.
En el centro del pabellón, un empresario señala la etiqueta de un alimento deshidratado: “Todo es nacional… casi todo”.
Es un espacio donde algunas preocupaciones del país toman forma material y, por momentos, parecen manejables. Allí, entre el ruido de las conversaciones y la luz que cae sobre los paneles, se siente la innovación no como un concepto abstracto sino como una necesidad, ante las actuales limitaciones de la nación.
El letrero brillante que pregona “Hecho en Cuba”, precede a un área temática que muestra un mapa de ambiciones, sueños, pese a las conocidas limitaciones. Cada prototipo cuenta una historia, de ensayo y creatividad desafiante frente a las restricciones, empeñada en cruzar fronteras sin perder su identidad.
“Siempre la feria ha sido un sitio para potenciar los productos tradicionales cubanos, pero creímos necesario hacer una vitrina en el que se mostraran productos nuevos que se van a lanzar próximamente y que necesitan un mayor impulso desde la comunicación”, explica Claudia Collazo Santos, subdirectora de exportaciones del Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera.
La selección se rigió bajo los principios de: sostenibilidad, fomento al desarrollo territorial y el enfoque de alta tecnología, como ocurre con los biofarmacéuticos.
Este año se convocó al concurso “Hecho en Cuba”, destinado a reconocer el desempeño de las empresas que contribuyen al desarrollo económico del país mediante el fomento, diversificación y consolidación de las ventas al exterior, así como también a la sustitución de importaciones.
El espacio reúne más de dos centenares de renglones y proyectos. Los ejemplos más visibles son: alimentos procesados, maquinaria ligera, software, muebles, pinturas, textiles y herramientas. Todos componen una constelación de capacidades diversas, algunas consolidadas y otras en fase de prueba. Entre ellas, tres historias permiten entender ese paisaje más amplio: Pinturas Vitral, Boga y DUJO. No porque sean las únicas empresas destacadas, sino porque representan un justificado patrón repetido en muchas otras exposiciones.

Autolux, el recubrimiento automotriz desarrollado por Pinturas Vitral, ha logrado colocar cerca de 100 mil litros en un mercado nacional caracterizado por la antigüedad del parque vehicular. Su calidad y resistencia lo posicionan como una verdadera alternativa a mercancías procedentes de otros países, explica Ariadna Martínez Laurencio, directora comercial de la entidad.
La competencia —incluidas dos empresas en la Zona de Desarrollo del Mariel— no intimida a Pinturas Vitral, al contrario, la impulsa. Su estrategia es ofrecer calidad y precios competitivos con el objetivo de demostrar que la fabricación nacional puede cubrir necesidades hoy se resuelven mediante importaciones más costosas.
Pero su talón de Aquiles sigue siendo el financiamiento para adquirir insumos externos, sin los cuales la innovación no avanza; por ello, intenta apoyarse en proveedores nacionales, si bien éstos no cubren los componentes esenciales.
Por su parte, la empresa de confecciones textiles Boga combina tradición e industria ligera: uniformes técnicos, ropa de trabajo y su producto estrella, la guayabera.
Exporta a China, España y Angola, aun con ritmos tensos debido a las limitaciones logísticas y financieras. En lugar de sumarse a la moda efímera, la entidad apuesta por la consistencia, la calidad del diseño y una estructura que le permita crecer cuando existan condiciones materiales.
Igualmente, con fuerte presencia en la feria está la Industria Cubana del Mueble
“DUJO” y su modelo de sofá Orellana, producido en la provincia de Las Tunas, un utensilio con presencia consolidada en el mercado.
Según Saily Rodríguez Lam, directora general de la entidad, ese logro obedece a la calidad de los bienes, al diseño sólido y a la estabilidad lograda en su cadena de producción. Pese a que buena parte de los insumos siguen siendo importados, el ensamblaje y acabado son realizados totalmente en el país.
No obstante depender de materias primas importadas, indica Rodríguez Lam, la compañía ha desarrollado un modelo de trabajo con el cual puede exportar y replicar variantes del producto en otros territorios. Aun así, la estabilidad productiva depende de cuotas muy ajustadas de renglones y, muchas veces, de pagos adelantados para comprar insumos.

Tropiezos y rutas
Ninguna de estas experiencias está aislada. Por el contrario, forman parte de un conjunto de retos compartidos: acceso limitado a materias primas, dificultades en cobrar exportaciones por las restricciones financieras internacionales, encadenamientos aún en vías de madurar y un financiamiento que no siempre acompaña las capacidades técnicas.
Collazo lo sintetiza con franqueza: “Estamos impulsando alianzas productivas, incluso con actores no estatales, porque muchas veces las alternativas están dentro del propio país, mas no todos los productores las conocen”.
En ese intento de conectar capacidades, surge Cluster37, la plataforma transfronteriza impulsada por la Empresa Filial Industria Ligera Importación Exportación, ILIMPEX por las siglas.
Su aporte no es un bien tangible, sino un cambio de lógica: integrar exportaciones, importaciones y pagos internacionales en un entorno digital. Para algunas entidades de ese sector ha sido la diferencia entre poder colocar o no su mercancía en el exterior.
La directora de Inteligencia Comercial y Negocios de ILIMPEX, Dianellys Pérez Jiménez, admite algo clave: el mayor reto no fue técnico, más bien convencer a proveedores e instituciones de la seguridad posible en un sistema digital.
Hoy, el proyecto avanza hacia la ampliación de métodos de pago y mayor integración bancaria, consolidándose como un puente esencial de las empresas en proceso de internacionalización, sin los cuellos de botella tradicionales.

Así, los renglones de Pinturas Vitral, las prendas de Boga, los muebles de DUJO y la plataforma Cluster37 son solo cuatro puertas hacia un universo de más de 200 iniciativas presentes en FIHAV 2025.
Hay proyectos de base tecnológica, manufacturas, alimentos, soluciones para el turismo, desarrollo territorial, innovación agrícola y nuevos servicios profesionales… “Una de las apuestas estratégicas del país en busca de un espacio dentro del complejo mercado internacional”, según Collazo.
Al final del día, cuando baja el ruido del pabellón y se apagan las pantallas, queda la sensación de estar en la radiografía de las aspiraciones industriales del país: talento técnico, voluntad de competir y una lucha constante contra las costuras invisibles que frenan el crecimiento. La feria pasará, pero lo mostrado, con luces y sombras, funda una certeza: la industria cubana sigue intentando articularse, innovarse y abrirse espacio, inclusive cuando el camino se vuelve más estrecho.


























