Foto. / Pastor Batista
Foto. / Pastor Batista

“Non grata” la basura en Majagua

La suciedad que tanto afecta a la imagen e higiene en muchas partes del país, por lo visto aquí no halla el mismo espacio


Para el majagüense puede resultar cosa común y corriente. Al visitante, en cambio, le llama la atención desde el primer momento: a diferencia de otros pueblos o ciudades, en esta cabecera municipal predomina un ambiente de limpieza.

Hay labores que no requieren petróleo… y en muchos lugares no se realizan las recogidas. / Pastor Batista

¿Será que la provincia o el país asignan aquí más petróleo, neumáticos, baterías, aceite… para la recogida de desechos sólidos? Es obvio que no.

Sin la menor intención de comprobar o evaluar el asunto, me muevo por la arteria principal y por otras igualmente céntricas, sin encontrar ni una sola bolsa de nailon, saco, caja de cartón u otro envase similar, que habitual y lamentablemente algunas personas llenan de basura y depositan o lanzan en la base del primer poste eléctrico a su paso

“Este es un pueblo de gente noble y limpia; por eso ves estas calles así” –me confiesa con modesto orgullo un hombre a quien todos llaman Marín.

“Yo puedo decirte que hemos contado con la comprensión y ayuda posible del gobierno, del Partido y de la Dirección Provincial de Servicios Comunales. Por eso tratamos de sacarle el máximo a cada litro de combustible que nos llega. Pero empleamos también la tracción animal. El Consejo Popular Orlando González, por ejemplo, está limpio porque allí se recogen los desechos sólidos con caballo y carretón” –explica Carlos Alberto Bencomo, jefe de grupo municipal dentro del sector comunal.

“Aquí mismo, en Majagua, tenemos a algunos carretoneros dispuestos a realizar esa labor; estamos evaluando el caso porque es cierto que el vertedero municipal queda un poco lejos, pero hay cosas que se pueden hacer” –añade.

El asunto, sin embargo, no es exclusivamente comunal. Se puede disponer de los recursos necesarios y, aun así, existir suciedad, montañas de basura, moscas, otros vectores, así sucede en no pocos lugares.

Majagua trata de exprimir hasta su última gota de combustible destinado a la limpieza. / Pastor Batista

En este terreno entra en juego también el nivel de conciencia o de participación de la población.

“Yo no niego que aquí haya indisciplinas, como en todas partes; personas que no contribuyen, pero en sentido general la gente coopera”, –opina Nandry Alonso Milián, jefe de área.

La confirmación está en un detalle, aparentemente insignificante: al menos en los espacios más céntricos, mantienen su presencia y utilidad depósitos metálicos cuadrados, concebidos para que los vecinos viertan los desechos de los edificios multifamiliares o viviendas independientes.

A algunos de ellos se les nota el efecto de años de permanente utilización; los hay medio oxidados, pero ahí están. Y algo no menos relevante: vacíos casi todos a punto de mediodía, ello indica que se recoge y evacua la basura.

“De todos modos no estamos satisfechos; Majagua fue mucho más limpia de lo que está hoy –me comenta una mujer, cuyo nombre olvido preguntar.

“Eso es muy bueno –le digo: no estar conforme nunca, porque siempre se puede lograr un poco más”.

Y me sonríe y le sonrío, mientras quedo pensando que esa insatisfacción es muestra también del sentido de pertenencia… sobre todo en una localidad donde en materia de tradiciones suele dividirse en dos grandes bandos (rojo y azul), pero cuyos miembros, no me cabe duda, se funden en uno solo cuando de mantener limpia su ciudad se trata.

Estos depósitos son garantía de orden y contribución comunitaria. / Pastor Batista
Apoyo comunitario en acciones de limpieza e higienización. / Pastor Batista

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