Los anfitriones, Susana y Leonardo, dan inicio a la peña de agosto. Sobre el calor se impone la satisfacción por el reencuentro. / TCHD
Los anfitriones, Susana y Leonardo, dan inicio a la peña de agosto. Sobre el calor se impone la satisfacción por el reencuentro. / TCHD

Peña bajo sombrilla

En un proyecto sociocultural habanero, surgido hace casi tres años, sus afiliados encuentran alegría, atracciones, acompañamiento, ayuda, afecto


Esquina de Tulipán y Loma, en Nuevo Vedado. Los vecinos acuden al parquecito adjunto a los edificios de 20 plantas, lleno de objetos y curiosos; recorren la “venta de garaje”, al aire libre, donde es posible encontrar ropa, zapatos, artículos de aseo, comestibles… Así transcurre un domingo cualquiera en esta zona de La Habana.

Un poema en memoria de Juan Idilio Terrero, El Guajirito del Valle. / Cortesía de Peña de la Sombrilla

Mientras, casi enfrente, en la terraza de la productora audiovisual La Tiza Films, el ambiente no puede ser más ajeno a la preocupación de comprar y vender. Van llegando los invitados y se saludan en voz alta, con risas, abrazos. Dos señoras se acercan, cariñosas, a un adolescente y un niño, asombradas de cuánto han crecido. Luego sabré que los muchachitos se nombran Marlon y Fabio.

Todavía falta para el inicio del espectáculo. Aprovecho el preámbulo y entrevisto a varias personas.

Celina Lamoth, hoy jubilada, trabajó en el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medioambiente (Citma) como asesora. Allí conoció a Susana Calderín, esposa de Leonardo Hernández (los futuros organizadores de La Peña de la Sombrilla). “Cuando la crearon, enseguida pensaron en mí. Tengo 74 años: me ha servido de distracción, me alimenta el alma. No resuelve los problemas, pero levanta el ánimo”.

Reina Thomas, Angélica Arencibia y Aracelia Fernández, integran el Círculo de Abuelos Esperanza de Vida, que radica a algunas cuadras. Una de las ancianas utiliza un bastón, no quise preguntar si por limitaciones de movimiento o de la vista, las cuales, evidentemente, no la detienen. Según refieren, desde el comienzo de estos encuentros no han dejado de asistir ni de acicalarse de acuerdo con la ocasión. “En la peña sentimos bienestar, es una oportunidad de vestirse, alegrarse, salir a la calle”.

William, un joven técnico, comprueba los controles del equipo de sonido. “Sobre todo vienen adultos mayores, aunque a veces los acompañan jóvenes y niños –me especifica. Se presentan artistas aficionados y también profesionales. Ponemos mucha música cubana: Irakere, Son 14, Van Van, Adalberto Álvarez. Los asistentes cantan, bailan, conversan, comparten un pequeño bufé”.

Al filo de las 11 de la mañana, los congregados ascienden a unas 50 personas (la mayoría, mujeres). Susana y Leonardo los instan a sentarse. Él, además de presidir este proyecto sociocultural comunitario, es el administrador del estudio de La Tiza Films. Ella ha asumido la vicepresidencia, sin dejar de laborar en Genética Avícola, una empresa perteneciente al Ministerio de la Agricultura.

Micrófono en mano, la conductora va nombrando, uno por uno, a los presentes; inserta comentarios. Hay aplausos, en especial dirigidos a quienes residen lejos, como Margarita Ríos y su hija Idania Díaz, en pie desde las dos de la madrugada para poder coger una “gacela” en Managua.

Antes de la música, un minuto de silencio. Susana lo pide en homenaje a un decimista e improvisador muy cercano al grupo: Juan Idilio Terrero Gámez, El Guajirito del Valle, fallecido escasos meses atrás.

Vestida de blanco, una abuela camina hacia el improvisado escenario. La ayudan a ocupar una silla. Ya acomodada, demuestra que, si sus pasos son cortos, su mente continúa ágil. No solo le dedica un poema al bardo, lo recita de memoria. De inmediato escuchamos una grabación: Alberto Cortez interpreta la pieza Cuando un amigo se va.

Integrantes del Círculo de Abuelos Esperanza de Vida. Aunque la imagen las muestre serias y calladas, bien pronto se tornaron activas y sonrientes. / TCHD

Muchachos, a escena

Como los anfitriones no pretenden instar el duelo o la melancolía, pues honrar, evocar, no está reñido con el disfrute de la cultura, los protagonistas de los siguientes minutos serán los más jóvenes.

Marlon, estudiante de preuniversitario, vive en San Miguel del Padrón. Suele venir con su tía: esta vez lo acompaña también su hermano Fabio, de 10 años. Ambos son actores de La Peña de Federico, un espectáculo de variedades concebido por el dramaturgo Maikel Chávez García.

Marlon disfruta actuar en este ambiente de “buena vibra y gente linda”. / TCHD

Por una entrevista hecha a Leonardo en Radio Progreso, la familia del adolescente descubrió la existencia de La Peña de la Sombrilla. En este espacio cultural, “normalmente bailo, pero hoy traigo una poesía –precisa el quinceañero; me gusta el lugar porque tiene buena vibra. Es un mundo bonito”. Y con el aplomo de alguien habituado a disímiles públicos, se sitúa al frente del salón, busca en el móvil los versos, proyecta la voz.

Apenas segundos permanece desierto el escenario antes de que Gretel Sánchez Llabre, directora de la Compañía de Danza y Música Oriental Cuban Soho sea llamada. Junto a ella avanzan unos niños. Primero, su hijo Ian se sienta y se coloca entre las piernas el darbuka, un tambor árabe. Convocada por los rítmicos golpes sobre el instrumento, haciendo flotar un velo rojo, Yoselin (alumna del taller infantil a cargo de Gretel) comienza a bailar: maravilla la pericia de los pequeños.

Los releva un joven que usa un pulóver encarnado. Se apellida Arteaga; no obstante, es conocido por el nombre del trío al cual pertenecía: Bandera Roja. El número musical incita al regocijo; el auditorio da palmadas, sigue el ritmo, tararea.

Breve paréntesis (24 horas después)

Igual sitio. Concurrencia: solo Susana, Leonardo y la reportera de BOHEMIA, deseosa de aclarar detalles.

“Nuestro proyecto se fundó el 29 de octubre de 2023. Al principio nos reuníamos en El Rincón de los Milagros, en la misma zona de Nuevo Vedado. Ese es un centro cuyas actividades tienen que ver con la cultura afrocubana; donde también imparten clases de escultura, pintura, talla. Luego nos trasladamos a los estudios de La Tiza Films”, expone la vicepresidenta de La Peña de la Sombrilla.

Asimismo, recuerda el origen de la frase: surgió durante el confinamiento de 2021 (asociado a la pandemia de covid-19). Ella y su esposo empezaron a oír Radio Progreso y a comunicarse con algunos conductores de programas; les contaron que Leonardo tenía un taller de reparación de sombrillas y paraguas, al cual denominaron de aquel modo. Pasado el tiempo, conocieron personalmente a la locutora Indira Mayor Maturell, quien los embulló a crear un espacio sociocultural vinculado con los públicos de la emisora.

Tras decidirse, difundieron los encuentros a través de diversos programas; por ejemplo, A primera hora, la Discoteca del Ayer, RP 105. Hoy cuentan con un grupo en WhatsApp.

Ian toca el darbuka, Yoselin interpreta una danza árabe. / Cortesía de Peña de la Sombrilla

En sus inicios la peña era mensual y de tal forma esperaban mantenerla; sin embargo, debido a la crisis del transporte –parte de los miembros habitan en municipios alejados– debieron pasar a una frecuencia bimestral, siempre el último domingo del período. Cada tertulia resulta diferente, pues a las actuaciones previstas por los organizadores se suman las improvisaciones de los convidados. En ese ámbito distendido y festivo, a menudo afloran visos de “actor, actriz o humorista”.

Este año, el 19 de marzo, se transmitió en Progreso un programa especial por el Día del Oyente. “En él reconocieron nuestra labor comunitaria”, agrega Susana. E invita a los lectores a unirse a La Peña de la Sombrilla. Para afiliarse, pueden contactar con Leonardo, en la sede de La Tiza Films.

Modelos sin complejos

Demos un salto atrás, de vuelta a lo que acontece en la nave de Tulipán y Loma. Según discurrió la jornada, ocurrieron otras cosas: una “conguita” circuló por el recinto; la locutora Indira y María Alexis Rivero, periodista de Progreso fueron recibidas con júbilo; hubo nuevos versos, más música.

Arango Troncoso (así quiere ser llamado) cantó a capella y lo aplaudieron con entusiasmo. Ese hombre de piel oscura, porte elegante y sobrio atuendo de color beige vive en el Cerro. En emisiones de La Discoteca escuchó la convocatoria del naciente proyecto. “Fui por curiosidad –me había dicho al entrevistarlo, a media mañana: llevé un vasito y una cuchara, porque se habló de una caldosa. Y la dieron, muy rica, por cierto. En la peña vi la solidaridad. Por WhatsApp nos comunicamos, felicitamos a quienes cumplen años. Somos como una familia, nos apoyamos”.

Ha llegado el momento del desfile de modas Verano 2026. Salen las “muchachonas” (calificativo dado por Susana), con sus pamelas, grandes espejuelos, trusas y pareos. Adoptan poses, giran. Ellas y todos se divierten; nadie deja de celebrar la osadía y el buen humor de las abuelas. “Fabuloso” es el veredicto. Tal éxito debe repetirse, ya están pensando en realizar, cuando se cumpla el tercer aniversario de la peña, una pasarela dedicada al vestuario para pasear de noche.

A las seis y media de la tarde concluye el encuentro. Hasta esa hora estuvieron jugando dominó varios de los participantes. Al despedirse, aseguran que no faltarán a la próxima cita, en octubre. Mientras se alejan, tal vez cansados, pero ligeros de espíritu, van repitiendo mentalmente palabras, gestos, esas pequeñas cosas (vale aquí repetir frase tan elocuente) que ayudan a vivir.

Las canciones de Bandera Roja incrementan la alegría. / TCHD

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