Al 2026, ¡con todo!

Que lo adverso desaparezca progresivamente y que, mientras eso ocurra, no nos doblegue

Fotos. / Pastor Batista Valdés


Su destino (el del año 2025) era languidecer, morir, darle saludable paso al nuevo calendario.

Y en eso andamos los cubanos, prestos a meterle pecho a un 2026 que no sabemos cómo se nos va a presentar después de tantos eneros deseando la recuperación progresiva que tanto necesitamos todos: la economía nacional y cada familia.

La situación continúa complicada, tenso en panorama. Apagones, precios por las nubes (o más altos aún), dificultades para acceder a alimentos básicos, escasez –como nunca- de medicamentos y de equipos médicos, insumos perdidos, como el aceite y lubricantes; marcado déficit de petróleo, el dólar dictando su voluntad… todo ello repercute directamente sobre miles de hogares.

BOHEMIA no ha estado ajena a tales realidades. Ni lo estará a partir de este enero.

Pero pueden estar seguros, amigos lectores, de que no faltarán esta noche los muñecones de trapo en llamas, como expresión del modo en que los cubanos incineramos las adversidades y todo lo malo que nos perjudica.

Y habrá mucha voluntad para seguir echando palante –como solemos decir- desde enero hasta diciembre, otra vez.

Por lo pronto, aquí dejamos esta imagen que sintetiza la belleza de un país como el nuestro y lo más grande que hay para quienes vivimos en él: los niños. Ellos son el hoy, serán el 2026 y no dejarán de ser el futuro.

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