A las puertas de Cubadisco 2026 pensemos el evento y cada fonograma como lo que deben ser: actos de creación concebidos para influir en los saberes, el intelecto y la espiritualidad de los públicos
Fotos. / Gilberto Rabassa
Al azar nos sorprenden historias de vidas. Solo necesitamos estar atentos y conocer las vivencias de los otros.:
“Antes de nacer, yo escuchaba música. Mis padres hablaban conmigo y de fondo disfrutaban a Silvio con su guitarra; oían cellos, pianos y sones que les motivaron alegrías y amor hacia el baile. Ellos me lo han contado, debe ser cierto. Quizás por eso busco con afán grabaciones musicales en cualquier formato y les pego el oído”. Le escuché esta confesión a una joven mientras dialogaba con varios amigos.
Su iniciación perceptiva comenzó temprano; incluso antes de nacer. Las remembranzas en cualquier etapa de la existencia remiten a canciones, melodías y sonoridades asociadas a situaciones disímiles. Suele propiciarlo el disco, un acto creativo destinado al registro del patrimonio y de la contemporaneidad. Es imprescindible como soporte del instante interpretativo, establece prioridades fonográficas artísticas, destaca géneros: logra notables impactos sociales y culturales.
Cubadisco 2026, desde el preámbulo, motiva valoraciones a partir del pensamiento crítico. El evento ha sido dedicado al son, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Con pasión, inteligencia y perseverancia batalló mucho el maestro Adalberto Álvarez por el reconocimiento que hace tiempo merecía este género popular clásico validado por sus características propias. Él, hombre de fe, estudió a sus referentes Arsenio Rodríguez, Félix Chapottín, al genial Benny Moré y otras notables figuras de la cultura en Cuba.
Fue consciente el llamado Caballero del Son de simientes y hallazgos. Lo sabía, la expresión artística no surgió de un día para otro a fines del siglo XIX en las montañas orientales: se forjó en diferentes lugares décadas atrás; o tal vez durante siglos anteriores. Todo es resultado de un proceso. Al apreciarlo en profundidad sentimos el elemento polirrítmico; pues está en la base misma del discurso musical sonero, incluso se mantiene presente en los híbridos del son con otros géneros.

Hacer memoria fortalece esencias y señala rutas por dónde venimos y quiénes somos. Quién puede olvidar la grabación, en 1955, del tema No hay como mi son, que cantó Abelardo Barroso con la orquesta Sensación. El inicio es una declaración concluyente, dice: “Se pasan la vida hablando de ritmo nuevo, mi hermano, qué pasa, que el chachachá y el mambo nacieron del son cubano”. ¿Es preciso tener años para valorarlo o “ser” de otras épocas? La respuesta podemos encontrarla al revisar registros patrimoniales, fotos, discos, audiovisuales, entrevistas, documentales. También ofrecen valiosos testimonios quienes investigan y estudian lo transitado; pues hablan con voz propia.
De vuelta para avanzar
¿Qué esperar de Cubadisco? Ante todo, urge que se escuchen y conozcan los fonogramas nominados en cerca de 30 categorías. Lo que no se socializa, no existe. Lo que no se comunica, se silencia. La Feria Internacional de la industria musical establece jerarquías culturales que sistemáticamente deben prevalecer en los medios audiovisuales de comunicación y espacios públicos privados donde, en ocasiones, lideran ausencias de calidad artística y buen gusto.
Al informar sobre los nominados se establecieron pautas y relevancias. El galardón otorgado a La controversia del siglo. El verso improvisado privilegia ver, escuchar y compartir el gozo de un audiolibro. Alex Díaz, Roly Ávalos y sus equipos creativos lo hicieron posible.
El recuento inspirado en la canción de autor del maestro Augusto Blanca, con el álbum Postergadas, remite a la savia de este autor santiaguero. Él cumple con su añoranza: Quiero una canción para regalarla al viento. Y lo cuenta en relatos hermosos, sinceros, espontáneos. Volveremos a ellos desde estas páginas de BOHEMIA.

Por su parte, la musicóloga y productora Cary Diez, Presidenta del Comité del Premio Cubadisco, destacó el paisaje plural de la Feria y la coincidencia de artistas jóvenes y consagrados entre los nominados. “Retar las dificultades es una máxima de quienes hacen posible la creación fonográfica”, precisó.

Oportuna e imprescindible ha sido la entrega del Premio Especial a la maestra Ileana García, quien con otra profesora valiosa, Elvira Fuentes, imparten Solfeo y Armonía en el sistema de enseñanza artística.

A la espera de la Feria, los públicos demandan complicidades responsables. Podrán escuchar, ver, conocer, apreciar visualidades en fonogramas y audiovisuales.
Canales de la Televisión Cubana, especialmente Clave, plataformas digitales, emisoras radiales, teatros y cines deben socializar los fonogramas artísticos. Esto requiere una estrategia que debió concebirse con anterioridad. Permitirá seguir analizando el impacto de la industria fonográfica en mensajes, símbolos, modos de vida, saberes, gamas de productos y servicios asociados al arte musical.
Nunca lo olvidemos: el valor del fonograma genera informaciones historiográficas y musicales que influyen en las políticas editoriales. Archivos, figuras relevantes, tendencias enriquecen el patrimonio musical y legitiman raigambres e innovaciones.
Apremia continuar estimulando la investigación musicológica, es un terreno fértil, favorece enfoques antropológicos, psicológicos y la mirada transdisciplinar. La visualidad, el diseño, los sonidos, todos los elementos son parlantes en cada fonograma.
Cubadisco 2026 debe comenzar a sonar. La buena música expresa patrones de cambio en las subjetividades culturales y contrarresta influencias enajenantes.
Seguir dialogando, estar atentos a investigaciones y hallazgos, compartir enseñanzas en defensa de lo nuestro. Son máximas que afloran ante la esperada Feria Internacional de la industria musical y para hacerlas posible se requiere del aporte participativo de artistas, técnicos, realizadores, decisores, maestros, estudiantes, públicos. En esencia, de la sociedad en Cuba.





















