Los nombres de los planetas se pierden en el tiempo. BOHEMIA les sigue las huellas y le añade mucho más.
Por Ernesto Fernández Domínguez
Plutón
Descubierto en 1930, había sido catalogado como planeta. Ahora, se le indican los siguientes inconvenientes para serlo:
- Es mucho más pequeño que el resto de los componentes del Sistema Solar.
- Está formado por hielo y no por rocas o gas.
- Tiene una órbita elíptica muy pronunciada similar a la de un gran cometa.
- En las últimas décadas los científicos han hallado otros objetos estelares semejantes a Plutón más allá de la órbita de Neptuno -el último de los planetas-, incluso uno de ellos, ERIS, pareciera algo mayor que Plutón.
Los astrónomos lo consideran una anomalía del Sistema Solar.
Más detalles sobre Plutón
El descubrimiento de Plutón presenta una interesante historia. Los cómputos de la calculadora y astrónoma estadounidense Elizabeth Williams predijeron la ubicación de aquel objeto en el firmamento unos años antes de su hallazgo. El aprendiz de científico Clyde Tombaugh, del Observatorio Lowelll, en los Estados Unidos, supo de los cálculos de Williams, entonces se dio a la tarea de «perseguir» ese objeto esquivo a las observaciones de los telescopios y al cual se le atribuía, erróneamente, ser el responsable de perturbar las órbitas de Urano y Neptuno.
Así pasó numerosas noches frente al telescopio -casi un año- en busca de signos reveladores de un planeta matemáticamente posible, pero nunca detectado. Clyde estudiaba con minuciosidad las placas fotográficas del cielo tomadas en momentos diferentes a la caza de ligeros movimientos de cualquier cuerpo lejano en el firmamento.
El 18 de febrero de 1930, mientras ejecutaba esta tarea casi mecánica, Tombaugh se percató de un pequeño objeto moviéndose sólo unos pocos milímetros dentro de la luminosidad emanada de la Constelación de Géminis. Al fin, el perseverante novicio había localizado un nuevo planeta.
Meses después se aprobó la propuesta de que el «nuevo» objeto interestelar recibiera el nombre de Plutón, en honor al dios romano del inframundo. Desde entonces y hasta 2006 fue considerado el noveno y más pequeño planeta del Sistema Solar.
Se trata de un mundo extremadamente gélido, con cinco satélites. El más grande, Caronte, se halló en 1978, en tanto, los cuatro restantes se revelaron utilizando el telescopio espacial Hubble entre 2005 y 2012, denominados oficialmente Nix, Hydra, Kerberos y Styx, nombres relacionados con el inframundo de la mitología griega.
El hallazgo de Plutón cambió por completo el criterio sobre nuestro Sistema Solar, que se suponía tenía sus límites en Neptuno. Décadas posteriores a su descubrimiento, los astrónomos postularon una hipótesis: podría haber un cinturón de objetos más allá de la órbita de Neptuno. En 1992 esto fue finalmente validado por los científicos planetarios David Jewitt y Jane Luu, de la Universidad de Hawái. Hoy conocemos más de 1 000 cuerpos habitando esa zona.
Son tantos que uno o más pudieran rivalizar en tamaño con Plutón. Esto generó cierta controversia desde principios de los noventa del pasado siglo con respecto a su condición de planeta, la que se intensificó con el hallazgo de Quaoar, Sedna y finalmente Eris (o Éride).
El 14 de julio de 2015, la sonda espacial New Horizons, perteneciente a la NASA, sobrevoló al pequeño Plutón, llevando a la comunidad científica datos más concretos: su diámetro es en realidad superior al de Eris.
Las imágenes revelaron además la existencia de amplias llanuras, cadenas montañosas de varios kilómetros de altura, evidencia de volcanes, y una zona lisa y brillante con forma de corazón denominada Tombaugh Regio, donde se localiza Sputnik Planitia, un mar de nitrógeno congelado que puede albergar icebergs de agua helada.
Cuestiones a dilucidar

El más minucioso estudio y observación del Sistema Solar, gracias a las nuevas tecnologías (potentes telescopios en tierra y en el espacio, como el Hubble o el James Web, sondas, orbitadores, espectrógrafos de última generación, radiotelescopios, entre otros dispositivos), nos lleva a interrogantes difíciles de responder.
Ante de desplegar algunas de ellas subrayaremos lo siguiente: los científicos tienen múltiples teorías sobre cómo se formó el Sistema. Una de las más aceptadas propone lo siguiente: antes de su existencia, el lugar lo ocupaba una enorme nube de gas molecular que se acumulaba cada vez en mayores cantidades y densidad debido a las bajas temperaturas imperantes en la mayor parte del Universo.
Llegado cierto momento, por un colapso gravitatorio de este gas interestelar, o un aporte de energía, procedente de la explosión de una estrella o supernova cercana, tuvo lugar el nacimiento de una protoestrella. Esta, es decir, nuestro Sol -en estado de gestación- continuó atrayendo gas y materia formando un disco de material a su alrededor, a partir del cual se formarían los planetas. Posteriormente, la protoestrella alcanzaría una densidad y presión enorme; en su interior se iniciaron procesos de fusión nuclear, lo que convirtió en su seno el hidrógeno en helio y dio lugar a su vez al origen del viento interestelar, el cual limpió de escombros las órbitas de los planetas actuales.
Durante todo este proceso, y a partir de todo el material no incorporado al Sol, se formaron los planetas, lunas y asteroides, y surgió un disco masivo alrededor del Sol primitivo. En su interior quedaron los materiales más pesados, los que se unieron como consecuencia de la misma gravedad y dio origen a los planetas rocosos. Tras formarse el Sol, el viento solar arrastró los materiales más ligeros al exterior del sistema estelar de nueva creación, donde se produjo la formación de los gigantes gaseosos.
No obstante, quedan algunas interrogantes por responder. Por ejemplo, por qué los planetas teniendo un origen común, que comenzó 4.550 millones de años atrás, no tienen la misma composición en la atmósfera y en la superficie. Mercurio, digamos, tiene un núcleo muy denso de hierro, mientras Saturno es una gelatina gigante, compuesto principalmente de hidrógeno y helio. Los más alejados del Sol son los más parecidos: Urano y Neptuno. ¿Bajo cuáles premisas se distribuyeron los diferentes elementos entre los ocho y por qué?
¿Por qué, de los ocho planetas, dos rotan alrededor del Sol a la inversa del resto: Venus y Urano; ¿será acaso una forma de equilibrar el Sistema? ¿Lo será también la existencia de un supergigante como Júpiter, que se ubica casi a la mitad de camino entre el primero Mercurio y el último Neptuno?
Cuando el Astro Rey, con el paso del tiempo, pierda su enorme magnetismo ¿los planetas más alejados se «dispararán» al infinito y todo el Sistema se desequilibrará?
Ustedes pudieran agregar otras preguntas válidas, aún falta mucho por conocer. Pero les aseguro algo, la ciencia no descansa: he ahí su encanto y su poder. Pongamos, por ejemplo: desde que comenzó la búsqueda y detección de exoplanetas (planetas fuera del Sistema Solar), no hay año sin descubrir cientos de mundos de diferentes tamaños, tipos y composiciones orbitando alrededor de estrellas distantes… Es solo el comienzo.


















