Declamando sus poemas en el Museo de la Ciudad (La Habana, 1978). J. L. Carlón/Archivo de BOHEMIA
Declamando sus poemas en el Museo de la Ciudad (La Habana, 1978). J. L. Carlón/Archivo de BOHEMIA

Algunos poemas de Rafaela Chacón Nardi

BOHEMIA reproduce destacadas obras de esta excepcional mujer


Una mujer desde su isla canta

Una mujer

desde su isla canta.

Es su guitarra

huésped de la brisa.

Llueve

en su corazón

la primavera.

Recorre

el litoral

con una rosa de fuego

entre las manos

sosegadas.

Y al mar amante

Entrega

— libre y sola —

su alma trasluz

y su epitafio breve.

Poema a Cuba desde lejos

Pura, como las flores del coral más antiguo

o un espejo de conchas entre la arena virgen,

el transparente verde de tu raíz marina

crece y se mueve al aire

tranquilo del verano.

¿Qué manos invisibles,

qué dedos de agua y cielo

trenzan tu cabellera a la orilla del alba?

¿Quién da al temblor pequeño que crece

entre la espuma

breve columna tenue de plata o de rocío?

Lentas llamas descienden

a quemar tus arenas donde se pierde el agua

y toda luz se quiebra.

Mar de tierra, peñasco que las olas dibujan,

rosa del mar isleño,

tierra de las gaviotas.

Imagen tuya erguida

desde una tibia música

como el rumor lejano de playas olvidadas.

Me naces de repente

en la alta luz herida

que entrega al alba el cobre

de tu color trigueño.

Olvido la distancia y sueño que te habito.

Me llegas en la llama

y en la flor y en el viento.

Mi corazón te ciñe de amor cada mañana,

patria de las espumas,

tierra pequeña y tibia.

Posada/Cortesía de Revolución y Cultura

Hogar

Tú y la casa. Tú y las flores.

Tú y los libros desmandados

y los papeles volados

por revueltos corredores…

Tú y los limpios resplandores

del verano. Tú y la huida

de la soledad… Sin brida

se van los miedos mortales.

Tú y las cosas habituales

devolviéndome a la vida.

Plaza sitiada

A la ruptura no siguió el olvido…

Me asaltas y alucinas cuando nace el crepúsculo.

Copia tu voz mi oído no sé por qué misterio.

Y percibo tu rostro desde estos manuscritos.

Me persigues. Me vences. Y a ti sigo enlazada.

Te haces sentir en música y silencio.

Soy tu último refugio. Soy tu plaza sitiada.

Cércame así. Sorpréndeme. Cíñeme así. Convénceme.

Que en este nuestro extraño paraíso

lucero y luna en lo íntimo seremos.

Y cuerpo y sombra y mar y acantilado.

Solo de mar

Dulce morada es esta que me invento

calladamente azul. Azul y sola

en marinera tierra, caracola

para la fina música del viento.

Dulce morada es esta que presiento

terrenal y celeste. Playa y ola

que al aire transparenta y tornasola

su luz y ritmo en libre movimiento.

Los muros de alta espuma, los vidriados

espejos de agua y nácar recamados

y las ocultas puertas de agua viva…

y mucho olvido y lágrima cautiva.

Y mucho gozo y soledad salvada

en mi increíble azul, dulce morada.


ESCUCHAR DEL SILENCIO Y LAS VOCES- Rafaela Chacón Nardi

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