BOHEMIA reproduce destacadas obras de esta excepcional mujer
Una mujer desde su isla canta
Una mujer
desde su isla canta.
Es su guitarra
huésped de la brisa.
Llueve
en su corazón
la primavera.
Recorre
el litoral
con una rosa de fuego
entre las manos
sosegadas.
Y al mar amante
Entrega
— libre y sola —
su alma trasluz
y su epitafio breve.
Poema a Cuba desde lejos
Pura, como las flores del coral más antiguo
o un espejo de conchas entre la arena virgen,
el transparente verde de tu raíz marina
crece y se mueve al aire
tranquilo del verano.
¿Qué manos invisibles,
qué dedos de agua y cielo
trenzan tu cabellera a la orilla del alba?
¿Quién da al temblor pequeño que crece
entre la espuma
breve columna tenue de plata o de rocío?
Lentas llamas descienden
a quemar tus arenas donde se pierde el agua
y toda luz se quiebra.
Mar de tierra, peñasco que las olas dibujan,
rosa del mar isleño,
tierra de las gaviotas.
Imagen tuya erguida
desde una tibia música
como el rumor lejano de playas olvidadas.
Me naces de repente
en la alta luz herida
que entrega al alba el cobre
de tu color trigueño.
Olvido la distancia y sueño que te habito.
Me llegas en la llama
y en la flor y en el viento.
Mi corazón te ciñe de amor cada mañana,
patria de las espumas,
tierra pequeña y tibia.

Hogar
Tú y la casa. Tú y las flores.
Tú y los libros desmandados
y los papeles volados
por revueltos corredores…
Tú y los limpios resplandores
del verano. Tú y la huida
de la soledad… Sin brida
se van los miedos mortales.
Tú y las cosas habituales
devolviéndome a la vida.
Plaza sitiada
A la ruptura no siguió el olvido…
Me asaltas y alucinas cuando nace el crepúsculo.
Copia tu voz mi oído no sé por qué misterio.
Y percibo tu rostro desde estos manuscritos.
Me persigues. Me vences. Y a ti sigo enlazada.
Te haces sentir en música y silencio.
Soy tu último refugio. Soy tu plaza sitiada.
Cércame así. Sorpréndeme. Cíñeme así. Convénceme.
Que en este nuestro extraño paraíso
lucero y luna en lo íntimo seremos.
Y cuerpo y sombra y mar y acantilado.
Solo de mar
Dulce morada es esta que me invento
calladamente azul. Azul y sola
en marinera tierra, caracola
para la fina música del viento.
Dulce morada es esta que presiento
terrenal y celeste. Playa y ola
que al aire transparenta y tornasola
su luz y ritmo en libre movimiento.
Los muros de alta espuma, los vidriados
espejos de agua y nácar recamados
y las ocultas puertas de agua viva…
y mucho olvido y lágrima cautiva.
Y mucho gozo y soledad salvada
en mi increíble azul, dulce morada.


















