Moscú se involucra en el desarrollo de los africanos y en los planes de la Unión Africana para 2063. Mientras, los hijos de esas tierras abren confiadamente sus puertas a Rusia. Todos ganan
Aleksandr Pushkin, poeta nacional y padre de la literatura moderna de Rusia, siempre dio de qué hablar en Europa, no tanto por su arte, como por el pelo ensortijado. Las sociedades de la época se asombraban del éxito de su bisabuelo Abraham Petróvich Hanibal, hijo de un príncipe africano, quien sirvió con honores a Pedro el Grande como militar en el ejército zarista. Si bien impuso un proyecto colonial en su entorno inmediato, Rusia, a diferencia de las cosmopolitas capitales europeas, admitía sin animadversión a personas negras. Aunque en posición de subordinación, en las cortes de San Petersburgo algunos africanos pudieron insertarse con gloria. Se les denominaba “arap”. En su suelo natal, Pushkin lució desprejuiciadamente su simiente africana. Después, la Unión Soviética dio un gran respaldo a las luchas anticoloniales del continente madre. Y hoy en día, se establecen relaciones amistosas con aquellas tierras. Eso explica la actual sinergia positiva.
La historia de hoy
El Occidente otanista ha acuñado un término: “nuevo rusianismo”, el cual se refiere al supuesto “proyecto neocolonial” ruso para acrecentar su influencia en el orbe. Pero africanas y africanos tienen otra opinión. La celebración del 9 al 10 de noviembre de 2024, de la primera Conferencia Ministerial del Foro de Asociación Rusia-África, acaba de descartar como cierta la envenenada definición. Antes de referirnos al encuentro, es oportuno traer a colación algunas acciones ilustrativas de las posibles simpatías hacia Moscú: el comercio Rusia-África alcanza 18 mil millones de dólares. En 2023, el intercambio de productos agrícolas creció en 23 por ciento; el pasado año, Rusia proveyó a Zimbabue, Burkina Faso, Zambia y Eritrea de alrededor de 50 000 toneladas de trigo; la nación euroasiática prepara 30 proyectos energéticos, con unos 3.7 giga watts a través de 16 países africanos…
En un mensaje transmitido a los participantes en la referida cita, el presidente Vladimir Putin enfatizó: “Desde nuestro país seguiremos proporcionando toda la ayuda posible para garantizar el desarrollo sostenible, combatir el terrorismo y el extremismo, hacer frente a las epidemias, resolver los problemas alimentarios y mitigar los desastres naturales”. O sea, hay un compromiso real para transformar el panorama de secular atraso.
La Conferencia de Sochi no fue idílica: afloraron contradicciones; sin embargo, el saldo fue de suma. Allí, más de 1 500 asistentes y 54 delegaciones oficiales africanas y su contraparte hablaron sobre transformar las materias primas del Continente en el terreno, generando cadenas de valor, creadoras de empleos y desarrollo del conocimiento. Rusia, entretanto, aseguró que hará los máximos esfuerzos en una reforma financiera acorde a la historia contemporánea, donde África debe ser escuchada por su ejemplo.





















Un comentario
Admirable información del justo y provechoso plan con beneficio y respeto mutuo que reinvindica al continente
África otrora esclavizado, colonizado, sin desarrollo,
con formidable y seguro
promisorio futuro