En las nuevas generaciones descansa la fuerza transformadora, la audacia y la certeza de un futuro mejor posible
Late en la entrega diaria de las nuevas generaciones el deber y el compromiso que hacen germinar los cimientos de una obra proyectada al futuro con fe y convicción. Tras concluir el acto de condecoraciones estatales, cuando el Buró Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) otorgó sus más altos honores a jóvenes con sobresaliente trayectoria estudiantil, laboral, política, social y militar, BOHEMIA conversó con una de las jóvenes distinguidas: una científica; ella estampa los valores de esa vanguardia comprometida con la Revolución.
Anabel Serrano Díaz integra una generación de jóvenes científicos que, con talento, entrega y profundo sentido de pertenencia, sostienen y proyectan los avances de la ciencia cubana. Es secretaria del Comité de Base de la Dirección de Investigaciones Biomédicas del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB). Labora en su Departamento Farmacéutico y es licenciada en Bioquímica y Biología Molecular por la Universidad de La Habana desde el año 2018.
Forma parte del Proyecto de Investigación Básica de Jusvinza, donde trabaja en el desarrollo del medicamento cubano destinado al tratamiento de enfermedades autoinmunes e hiperinflamatorias.
Anabel fue una de la docena de jóvenes acreedora de la máxima condecoración que otorga la organización juvenil, la medalla Julio Antonio Mella en reconocimiento a méritos excepcionales alcanzados en el estudio creador o en la defensa de la patria.

La condecoración impuesta a esta hornada de valerosos jóvenes lleve el nombre del insigne líder juvenil quien encarnó extraordinaria fortaleza moral y determinación; esto añade un peso al reconocimiento. Les recuerda estar a la altura de esa historia precedente, y continúe la obra que defienden.
Su cotidianidad transcurre entre laboratorios, ensayos y la búsqueda constante de soluciones. Como muchos jóvenes investigadores, ha debido enfrentar las limitaciones impuestas por el bloqueo económico, que restringe el acceso a reactivos y condiciona el ritmo de trabajo. Sin embargo, lejos de detenerse, ha aprendido a reinventarse, a buscar alternativas y a sostener la vocación que la define y la vida siempre gane la partida. En cada resultado, en cada experimento concluido, encuentra una motivación mayor: contribuir al bienestar de otras personas.
Durante la pandemia de la covid-19, Jusvinza emergió como una alternativa en el tratamiento de pacientes graves y críticos de la enfermedad. Detrás de esos resultados estuvieron también los esfuerzos de jóvenes como Anabel, que asumieron con disciplina y compromiso la responsabilidad de aportar soluciones en medio de una crisis global. En ese crucial contexto su trabajo estuvo ligado a la evaluación a nivel molecular y celular.
Jusvinza, concebido inicialmente para el tratamiento de la artritis reumatoide, ha demostrado en estudios de laboratorio y modelos animales un alcance más amplio, consolidándose como una alternativa prometedora en el control de procesos inflamatorios en disimiles enfermedades. Recientemente el medicamento ha sido empleado en pacientes con artritis pos Chikungunya a través de estudios clínicos en diferentes fases.
Anabel interviene hoy en la investigación de los mecanismos de acción del fármaco y en la evaluación de los conceptos en modelos in vitro y animales, paso previo a los estudios clínicos en humanos. Es un trabajo que exige precisión, responsabilidad, también entrega y pasión.
Al recibir la medalla Julio Antonio Mella de manos del mandatario cubano, Anabel insiste, no se trata de un mérito individual. Asume el reconocimiento como reflejo del desvelo y esfuerzo colectivo de su equipo y de todos los jóvenes que, desde diversos espacios, contribuyen al desarrollo del país.
Su compromiso, además, trasciende el laboratorio. Puede vérsele en actividades comunitarias, ferias de ciencia, donaciones en hogares de niños sin amparo parental y en casas de abuelos, además, brindando apoyo en las zonas más devastadas por huracanes, tendiendo su mano a quienes más lo necesitan.
Le desborda la humildad, ella siente que no ha hecho nada del otro mundo. Habla con orgullo de su centro y de sus compañeros. En sus palabras se percibe la certeza de que cada logro es resultado de un empeño compartido. En historias como la suya se confirma que el futuro de la ciencia cubana descansa en el talento, la vocación y la entrega de las nuevas generaciones.


















