Los sonidos muy fuertes irradiados desde bocinas fijas y ambulantes, puestos de moda acompañados de música chatarra, se añaden ahora a otros agresores medioambientales
Inmerso en un interminable y madrugador corte del fluido eléctrico, el cuerpo lucha contra el calor y los insectos por conciliar el sueño. Sin embargo, en medio del silencio, una motocicleta con una bocina a todo volumen transita velozmente por nuestra calle o una aledaña. Con la molestia todavía en los tímpanos nos movernos hacia el otro lado de la cama y hacemos un intento por dormir un poco antes de la hora de ir a trabajar o a la escuela. Imposible. El silbato estridente y el voceo sin pausa de un vendedor ambulante de cualquier cosa, no los impide.
Transita el día y regresa la noche con un poco de paz junto a la familia, quizás un poco de televisión…hasta que un vecino –muy alegre– decide “ofrecerle su música” a todo el barrio. Fin de la tregua con los estruendos.
Se denomina ruido a todo sonido no deseado que interfiere en la comunicación entre las personas o en sus actividades normales, y según el sitio web undark.org, los efectos de estos en la audición varían: los oídos de algunas personas son más sensibles a los sonidos fuertes, especialmente en ciertas frecuencias (significa lo grave o lo agudo de un tono). Pero aquellos lo suficientemente poderosos y duraderos, pueden dañar la audición y provocar su pérdida.
Vayamos por parte. Los principales parámetros para medir una vibración acústica son la frecuencia y el volumen o intensidad.
La frecuencia transita por los tonos bajos, medios y altos, y generalmente se encuentra por debajo de 250 Hz.
Una voz masculina grave pertenece al rango de bajas frecuencias. También los truenos retumbantes, el motor de un camión pesado, una brisa suave.
Los de frecuencia media (entre 250 Hz y 4 kHz) agrupa a la mayoría de las voces humanas, incluso al cantar; muchos instrumentos musicales, el trino de los pájaros, el flujo de agua de arroyos y ríos, y en general, gran parte de los producidos en oficinas, calles y medioambientales.
Dentro de los de alta frecuencia (superiores a 4 kHz) se encuentran los producidos por silbatos, gritos agudos, canto de grillos y cigarras, el tono alto de los violines y flautas, el canto de algunos pájaros, el molesto de las uñas rascando una pizarra.
De otra parte, tenemos al volumen del sonido el cual se mide en decibeles (dB). Una conversación normal tiene aproximadamente 60 dB. Una cortadora de césped aproximadamente 90. Un concierto de rock fuerte tiene unos 120.
Los de un volumen superior a 85 dB son perjudiciales para el ser humano, aunque depende de por cuánto tiempo y con qué asiduidad se esté expuesto.
De acuerdo con David Woolworth, ingeniero acústico de la Universidad de Oxford, Mississippi, la llegada de la amplificación económica (pequeños amplificadores, incluso manuables) de baja frecuencia ha cambiado el volumen de la música lanzada al ambiente desde que The Beatles actuaron por primera vez en Nueva York en la década de 1960. «La gente sonaba más fuerte que la banda», señaló Woolworth. Desde entonces, añade el especialista, «la amplificación de baja frecuencia se ha vuelto mucho más eficiente, y los amplificadores se han vuelto más ligeros y pequeños. Y ahora hay autos circulando sacudiendo a todo un vecindario».
Ruidos de baja frecuencia y su peligrosidad

En un estudio de 2017, se colocaron 100 ratas en cámaras donde fueron expuestas a breves sesiones de baja frecuencia y hasta 150 decibeles durante 13 semanas. Los resultados fueron sorprendentes: los ruidos de baja frecuencia podrían tener posibles efectos mutagénicos y causar una muerte celular masiva.
Otra investigación realizada en 2022 reveló que algunas personas expuestas crónicamente a bajas frecuencias y alto volumen pueden desarrollar problemas de salud importantes: alteraciones en el oído interno, depresión, disfunción mental, daño celular y tisular, y numerosas complicaciones de salud relacionadas con el sistema circulatorio.
Una revisión de estudios sobre el tema publicados en enero de este año y aparecido en el sitio ub.edu, señaló lo siguiente: la exposición frecuente a sonidos fuertes de baja frecuencia podría reducir las funciones cognitivas superiores, el razonamiento lógico y los cálculos matemáticos.
Otras variables

Los efectos psicológicos del ruido son catalizados por la intermitencia y la imprevisibilidad: varias investigaciones revelan que los intermitentes suelen ser vividos como más agresivos que los continuados, y suelen molestar mucho más si la intermitencia es aperiódica, es decir no es regular. Sus efectos negativos aumentan si aparecen en cualquier momento, casi siempre no esperado Sus consecuencias son:
– Aumento del estrés al ser evaluado como amenazante.
– Incremento de la atención sobre la fuente de emisión, restando capacidad de concentración hacia otras actividades.
– Resulta más difícil adaptarse o acomodarse a sus consecuencias.
Cuando una algarabía pasa a ser predecible aun sin reducir la intensidad, muchos efectos psicológicos disminuyen.
¿Quién pone el cascabel?

La regulación del ruido ambiental recae principalmente en los estados y gobiernos locales, los cuales establecen límites que a menudo no se cumplen.
La mayoría de las ordenanzas municipales del mundo se basan en decibeles. En Cuba tenemos las nuestras:
Artículo 147 del 27 mayo de 2012: Queda prohibido emitir, verter o descargar sustancias o disponer desechos, producir SONIDOS, RUIDOS, olores, VIBRACIONES y otros factores físicos que afecten o puedan dañar a la salud humana o la calidad de vida de la población.
La Norma Cubana NC 26:2012 sobre el tema establece los siguientes límites técnicos:
Zonas residenciales • 55 decibeles de día • 45 de noche.
Hospitales y centros educativos • 45 de día • 35 de noche.
A modo de comparación: una motocicleta sin silenciador puede alcanzar entre 90 y 110 decibeles, muy por encima de lo estipulado. Si a ello se agrega la emisión de “música” a todo volumen, el lector – y las autoridades correspondientes – se darán cuenta de cuán tóxico es convivir a diario con esa polución ambiental.
El mencionado dictamen 147 del 2012 y la norma cubana sobre ruidos permisibles, no son uno, sino dos cascabeles para el cuello del “gato ensordecedor”. Ahora bien ¿quién se los pone?
La Ley 81 de 1997, promulgada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medioambiente, indica acudir al de Salud Pública cuando los niveles de audio afecten a un hogar, un individuo o a toda la comunidad; y al Ministerio de Trabajo si el infractor es una institución estatal o una mipyme.
| Niveles de ruido | |
| Ruido | Decibelios (dB) promedio |
| Crujido de las hojas de los árboles, música suave, susurros | 30 |
| Ruido normal del hogar | 40 |
| Conversación normal, música de fondo | 60 |
| Sonidos propios de oficina, interior de un automóvil a 100 km/h | 70 |
| Aspiradora, radio a volumen normal | 75 |
| Mucho tránsito, acondicionador de aire de ventana, restaurante ruidoso, cortadora de césped a motor | 80–89 |
| Conversación a gritos | 90–95 |
| Vehículos todo terreno, motocicletas | 96–100 |
| Baile escolar | 101–105 |
| Motosierra | 106–115 |
| Público deportivo, concierto de rock, orquesta sinfónica fuerte | 120–129 |
| Carreras de automovilismo | 130 |
| Disparos de arma de fuego; sirenas de ambulancias, bomberos y autos patrulleros a menos de 30 metros | 140 |
Los 10 ruidos más dañinos para los oídos
- Disparo de un arma a poca distancia: 140 dB.
- Martillo neumático: 130 dB.
- Música con altavoces: 120 dB.
- Deportes de motor: 100 dB.
- Secador de pelo: 90 dB.
- Maquinaria en una fábrica: 90 dB.
- Cabina de avión. 80 dB.





















