Qué hizo el Comandante en Jefe cuando se enteró de una opinión negativa al ingreso en el Partido del insigne médico y especialista en enfermedades respiratorias y la tuberculosis
A principios de este año cumplió un siglo y tres décadas de nacido un destacado científico, el Padre de la Neumología en nuestra patria, y hoy, 7 de septiembre, es el aniversario 55 de su fallecimiento.

Varios colegas de este doctor lo propusieron en una ocasión para integrar las filas del Partido Comunista de Cuba, pero alguien se opuso alegando su origen “pequeño burgués”. Al conocer tal opinión, su coterráneo y amigo cienfueguero, entonces presidente de la República, el abogado Osvaldo Dorticós Torrado, se lo comunicó de inmediato a Fidel.
Sorprendido e indignado, el Jefe de la Revolución, ante semejante criterio absurdo y dogmático, pidió enseguida le trajeran un carné de la organización partidista, donde escribió con su inconfundible puño y letra los datos personales del eminente galeno, le puso su ilustre y conocida firma original de primer secretario del Comité Central del Partido y orientó entregarlo al eminente médico, aclarándole quién se lo enviaba.
Luego del fallecimiento de Gustavo Aldereguía, ese documento pasó a formar parte, por su indiscutible doble valor histórico, de los fondos del Museo de Historia de la Medicina. Años después, el propio Fidel inauguró en Cienfuegos, precisamente en el lugar donde nació el notable especialista de esta historia, el Hospital Clínico Quirúrgico Doctor Gustavo Aldereguía Lima, el primero de ese tipo en el país, y así nombrado por iniciativa de otro de sus coterráneos, el prestigioso marxista-leninista cubano Carlos Rafael Rodríguez.
Al pronunciar el discurso de inauguración de tan importante centro de salud, el artífice de la Revolución, entre otras cuestiones, expresaría:
“Teníamos que escoger un nombre para este hospital. Y creo que se ha escogido el mejor, porque es el nombre de un médico ya fallecido, que fue una eminencia en su especialidad. Pero no solo eso, sino un hombre de grandes cualidades, de gran historia revolucionaria, que fue compañero de Mella y de Villena; una celebridad en la lucha contra la tuberculosis, un hombre de inmenso prestigio intelectual, alta calidad científica, revolucionaria y humana, desaparecido recientemente. Nada más justo que recordarlo en esta obra y nada más honroso para el personal que prestará sus servicios en esta instalación de salud”.
De nuevo Fidel en aquel centro
Fidel visitó en 2004 el hospital, cuando cumplió dos décadas y un lustro de fundado. El líder de Cuba entonces recordó que Aldereguía fue médico de cabecera de Mella cuando estuvo en huelga de hambre y también de Villena en la tensa crisis pulmonar. Lo catalogó de profesional y con enormes cualidades, pues demostró ser capaz de cumplir misiones arriesgadas, como la de trasladar un día a Julio Antonio Mella hasta el puerto cienfueguero y lograr su salida clandestina cuando era muy buscado por los cuerpos represivos, con el objetivo de asesinarlo por órdenes del tirano Gerardo Machado.
Confesión del propio Gustavo

No podemos dejar de mencionar, sobre todo para la juventud actual, que por haber participado activamente en la huelga general contra la dictadura machadista en marzo de 1935, hace 90 años, lo destituyeron del cargo de director del dedicado a enfermos adultos, ubicado frente al Pediátrico Ángel Arturo Aballí, en el municipio habanero de Arroyo Naranjo. Él comenzó atendiendo en ese centro, en aquella etapa, a los niños con esa enfermedad.
Igualmente es bueno evocar la confesión de Gustavo Aldereguía sobre su conducta profesional en los días finales de su existencia: “Trabajé todo el tiempo como si fuera a ser director de por vida y viví siempre como si tuviera que irme todas las mañanas con las manos limpias y la frente alta, satisfecho de haber cumplido con mi deber”.
El doctor Gustavo se caracterizó por ser sincero, muy honesto, polémico. Revolucionario y marxista-leninista probado, se aferró consecuentemente a la verdad y al humanismo. Por ser crítico de lo mal hecho era muy temido y censurado por la burguesía proimperialista engendrada en nuestro archipiélago.
En 1930 publicó Estudios sobre Tuberculosis, compilación de breves artículos y ensayos acerca de esa dolencia, su prevención, medicamentos y adecuado tratamiento. En esos escritos evidenció la naturaleza noble, entusiasta y firme de cuidar de los pobres, los campesinos, los obreros, los trabajadores, las mujeres, los niños y ancianos, particularmente a las personas sin recursos.
Durante los años 40, 50 y principios del 60, como médico cubano y comunista, atendió en forma gratuita a muchas familias desvalidas, sin trabajo y sin dinero en su consulta de la calle 23, en el Vedado capitalino.
En su casa se refugiaron en distintas ocasiones exiliados latinoamericanos revolucionarios y otros perseguidos por los más acérrimos anticomunistas de la época, y enfrentó con valentía y firmeza a los gobiernos corruptos de Ramón Grau San Martín, Carlos Prío Socarrás y Fulgencio Batista Zaldívar.

En 1949, el doctor Aldereguía coincidió en el Congreso Continental por la Paz, en México, con Pablo Neruda, Juan Marinello, Nicolás Guillén, Fernando Ortiz y Carlos Rafael Rodríguez. Se mantuvo trabajando por el bien de nuestro pueblo hasta los últimos momentos, pese a su quebrantada salud. Su hijo, Jorge, pidió a Raúl Roa la despedida del duelo y este le dijo que era un amigo tan cercano y entrañable que no podría hacerlo sin llorar. La despedida estuvo a cargo de su amigo y coterráneo Carlos Rafael Rodríguez. Al conocer su muerte, Fidel encargó al doctor José Miyar Baruecos, Chomí, rector de la Universidad de La Habana, que se le rindiera merecido tributo en el Aula Magna del alto centro docente.
Otra anécdota sobre Aldereguía
No se conoce apenas un hecho crucial: en diciembre de 1958, el Comandante en Jefe pidió a Carlos Rafael Rodríguez se pusiera al habla con Aldereguía con la idea de sumarlo al grupo de médicos guerrilleros del Ejército Rebelde, lo cual no pudo materializarse por encontrarse recién operado y necesitar unos meses de rigurosa convalecencia.
Tras el triunfo revolucionario, el médico, de la tercera edad, continuó por entero dedicado a la lucha contra la tuberculosis en el sistema nacional de Salud Pública. Un tiempo más tarde lo designaron Embajador de Cuba en Yugoslavia. Murió el 7 de septiembre de 1970, hace 55 años, en el Pabellón Borges del habanero Hospital Universitario Calixto García. Su impronta humanitaria, revolucionaria y científica nunca será olvidada. Los actuales estudiantes de Medicina de nuestra patria y de otros países deben beber de su obra ejemplar. ¡Qué enorme estupidez, ignorancia, extremismo, o envidia, la de aquel personaje opuesto a verlo con un carné del Partido y la rúbrica honrosa de Fidel!
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Fuente consultada
Archivo personal del doctor en Medicina Manuel Blanco Pego, director del Centro Benéfico Jurídico de Trabajadores de Cuba, en el municipio habanero del Cerro.





















