La resiliencia palestina se manifiesta en las actividades menos esperadas. Israel sigue su proyecto colonial. El mundo, al ignorarlo, lo aprueba
Es de sobreponerse el pueblo palestino. No es de colgar los guantes. Y en el caso puntual del presente comentario, no de ceder el balón ante el primer gol. Me explico: en la zona Jan Yunis, de la Gaza asediada, se refugia Asaad Al-Azzabi, quien antes del genocidio israelí jugaba futbol para el Club Al-Tajammu, en Rafá; allí había un rosario de condiciones, pero actualmente, fruto de la guerra con Israel, hasta debe pedir prestado un par de tenis para sus espectaculares pases en improvisados topes.
Con la fiebre del Mundial 2026, próximo a celebrarse, el atleta recalca que el sionismo no logrará desmoralizar a su pueblo en ese regocijo contagioso, hijo de actividades sanas. Por eso este 1º de junio “se prepara para el partido contra el cercano campamento de Sheikh Al-Eid. Explica el plan de juego a sus jugadores dibujando en la arena, antes de que el equipo se dirija a pie hacia una cancha ubicada entre las tiendas de los desplazados”, reporta desde el lugar Noticias ONU.
La fuente informa además sobre cómo “el sector deportivo de Gaza ha sufrido una destrucción generalizada” desde octubre de 2023. Según la Asociación Palestina de Fútbol, cientos de atletas han muerto, incluidos muchos futbolistas, mientras cientos de instalaciones deportivas han resultado dañadas o destruidas, incluidas canchas, clubes y gimnasios. Sin embargo, nunca han alcanzado el objetivo cimero de rendirlos: los jugadores organizan campeonatos entre los campamentos de desplazados.
La alegría de Al-Azzabi se reproduce en niños, adolescentes y jóvenes, cual enjambre, que lo escoltan a todas partes, pues lo asumen como otro de sus tantos héroes: “bajo estas difíciles circunstancias, poder salir y jugar un partido como este es algo muy bueno», declara.
Precisamente este espíritu y esta resiliencia son efectos del odio de Israel hacia Palestina, renacida mil veces entre escombros: nunca derrotada. De cualquier manera, la virulencia del sionismo es real, tangible en acciones reprochables, contrarias al derecho internacional humanitario y el mínimo sentido de la decencia.
Con las tensiones alrededor de EE.UU. e Irán, la comunidad mundial le presta mucho menos atención a la delgada línea entre la vida y la muerte en Gaza y Cisjordania; tal parece, hay ahora un mayor acomodo psicológico a esos escenarios de ensañamiento racista. También las acciones del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, contra el Líbano se han “normalizado”. Pero Teherán insiste en contemplar esos escenarios hermanos parte importante de un eventual acuerdo de paz. Ya se verá.
En el ínterin, Netanyahu presume de intocable, ordenándole al Ejército ocupar el 70 por ciento de Gaza, vivo reflejo de lo atroz de un régimen. La franja costera está muy fragmentada y casi irreconocible, con miles de toneladas de hormigón y cabillas por doquier, y la gente mal vive hacinada sin lograr recibir ayuda desde el exterior.
Cuando se arman flotillas humanitarias, Tel Aviv se atreve a atacarlas en aguas internacionales… ¿Y aun así en Gaza juegan futbol? Solo un pueblo valeroso cura las heridas con “magia”. Para Al-Azzabi. “el partido es más que una victoria deportiva”.





















