Cuando se escucha la palabra “convoy”, lo más común es remitirse a pistoleros a caballo en el viejo Oeste, tratando de detener una diligencia, pero esta vez el asalto es de amor, solidaridad y ayuda a un país que simboliza ideales de libertad
Por Ricardo R. Gómez Rodríguez.
Fue el primero con quien conversamos. Constantemente encendía cigarrillos, mientras coordinaba acciones. Es alto, corpulento. De ojos profundos tras sus lentes. Al italiano Roberto Forte el amor por Cuba le fue inculcado por su padre. Él lo trajo a la mayor de las Antillas por primera vez en 1994, en medio del llamado Período Especial. Vinieron a entregar ayuda, la misma que tantas veces ha seguido portando en sus manos. Desde entonces Roberto, hoy vicepresidente de la Agencia para el Intercambio Cultural y Económico con Cuba, quizás con el objetivo de prolongar el ejemplo, en esta ocasión vino acompañado de su hijo, un joven tan espigado como él.

Precisamente de la unión de su agencia con más de 50 organizaciones nació la idea del Convoy Nuestra América, el cual inicialmente llevó el nombre de “Europeo”; sin embargo, fue capaz de unir a representantes de una veintena de países, a los que fueron sumándose unos 10 partidos políticos, eurodiputados y representantes de cuatro continentes.
Como una chispa, de manera rápida y espontánea, se movilizaron para acopiar fármacos, equipos médicos, alimentos, paneles solares y otros recursos deficitarios debido al recrudecido bloqueo económico financiero y comercial de los Estados Unidos. Los primeros aportes sumaron más de medio millón de euros. Acerca de la labor desplegada dijo a BOHEMIA:
“La misión comenzó el 29 de enero. Nos dimos cuenta del cambio de época, porque -aunque Cuba está sufriendo desde hace más de 60 años un bloqueo genocida- las últimas medidas aplicadas por Trump han transformado drásticamente el panorama en este país caribeño.

“Hace muchísimos años trabajamos para romper esas medidas. Hicimos una campaña de sensibilización en Europa: ‘Deja respirar a Cuba’, con el fin de explicar de verdad cuánto afecta a los cubanos, porque va más allá de lo escrito en un periódico, más allá del hecho de que les impide venir de vacaciones. Son asuntos complejos para la vida y sufrimiento de miles y miles de cubanos”, agregó Forte, quien de vez en cuando ajustaba sus lentes y sudaba ligeramente, a pesar de la frialdad de la mañana.
Luego precisó: “El convoy tiene la misma intensión y el mismo sentido que la flotilla organizada que apoya a Gaza. Queremos poner nuestra cara, nuestros cuerpos, nuestra sangre para respaldarlos a ustedes. Nosotros no tenemos enemigos, pero hay alguien como el presidente Donald Trump, quien se está presentando como un enemigo”.
–¿Qué traen en este viaje?
–En solo tres semanas nos pusimos de acuerdo. Los primeros integrantes de la delegación éramos 120. Seguramente se sumarán otros. Recaudamos más de cinco toneladas de medicamentos, además de una carga de equipos e instrumental para hospitales; es decir, ventiladores, máquinas destinadas a terapias intensivas. Hubo quien nos mandó fármacos desde recónditos rincones. Queremos seguir en la lucha, porque creemos en la unión de los pueblos.
–¿Ese apoyo posiblemente continuará?
–Seguro. Seguro. Nosotros no paramos. Mi primera vez fue en 1994 con mi papá, quien colaboraba con proyectos en esa etapa difícil. Estoy comprometido por mi sangre y alma a continuar al lado de los cubanos.
Palabras que multiplican el amor
Durante una semana las razones y frases repletas de cariño llegaron a centros sociales, de salud, escuelas, casas de niños sin amparo familiar. La Habana lucía banderas y pancartas colgadas en árboles antiquísimos, en paredes, plazas y parques.

Los mismos integrantes del convoy llevaron en sus manos las donaciones a niños enfermos, a los abuelos, a instituciones donde aprenden a curar a otros, entre ellas, la Escuela Latinoamericana de Medicina.
A esos sitios llegó desde Grecia, apoyada en un bastón, Déspira Markou, miembro de la Asociación Heleno-cubana de Amistad y Solidaridad, quien explicó: “Traemos una ayuda modesta de algunos fármacos para demostrar, una vez más, que estamos al lado de los cubanos políticamente, materialmente, económicamente y moralmente.

“A la vez queremos demostrar al imperialismo de nuestros países, con cualquier adjetivo, sea el norteamericano o europeo, que Cuba no está sola y ellos deben contar con la decisión de los pueblos, los cuales están y van a seguir al lado de los cubanos”, añadió.
En uno de los tantos encuentros celebrados por estos días en la capital, pidió la palabra Ada Galano, cubana quien vive en Italia, coordinadora nacional de sus compatriotas residentes en ese país. Llevaba puesto en la cabeza una especie de pañuelo con los colores de la bandera, el mismo usado por ella cuando recauda medicamentos para mandarlos a su tierra natal.

Leyó poemas, lanzó frases repletas de emociones, porque se puede estar lejos y cerca a la vez. Es imposible sentir placer cuando amenazan a los tuyos, a tu barrio, a tu cielo.
Ella conoce bien a algunas personas que en la última etapa perdieron los empleos debido a la crisis provocada por las guerras. Sin embargo, sin pensarlo dos veces, hurgaron en los bolsillos con el fin de reunir algo y enviar a la nación caribeña.
También sabe del agradecimiento eterno a médicos cubanos, quienes nunca pusieron pretextos para salvar a ciudadanos de aquel distante y desarrollado país europeo durante la pandemia de covid-19.
Esa mulata de temperamento fuerte a veces sufre la impotencia de querer borrar por ratos los mares y abrazar a cada pequeño necesitado de un medicamento en una sala de oncología.
Nadie es capaz de imaginar la fuerza del amor en los momentos duros, cuando peligra la supervivencia de un estandarte moral y de solidaridad como lo es Cuba.


















