El año que recién comienza se presenta tan retador como el que acabamos de despedir. También será de batallas que tengan por principio la decisión de “emanciparnos por nosotros mismos…”, “desafiar poderosas fuerzas dominantes…”, como nos convocara el Comandante en Jefe de la Revolución cubana, vivo a la altura del centenario de su nacimiento.
La presencia permanente de Fidel debe ser la motivación mayor que nos acompañe durante todo el calendario que recién comienza. El inicio del 2026 describe un grave escenario para nuestra Patria Grande, dado por el afán de dominación del gobierno de los Estados Unidos que, en su actuar, coloca la barbarie por encima del derecho internacional y cualquier norma de civilización.
Las apetencias del imperio llevan a que sus halcones apuesten por emplear contra Cuba una política de máxima presión, de asfixia. Hoy vivimos la fase más aguda de la guerra económica impuesta hace más de seis decenios. La compleja realidad nos compromete a romper el cerco con esfuerzos, inteligencia e innovación.
Los tiempos duros reclaman dureza de espíritu para salir adelante –nada nuevo para los cubanos; con determinación y optimismo debemos vencer los muchos obstáculos en el camino hasta hacer efectivos resultados que signifiquen crecimientos productivos y en los servicios.
Una vez más habrá que apelar a la sabiduría del pueblo, instruido gracias a la obra inmensa educacional que nació hace 65 años con la campaña de alfabetización y que no se detiene a pesar de las muchas limitaciones del presente.
Recientemente concluyó una consulta masiva sobre el Programa de Gobierno que debe reportar utilidad en la búsqueda de nuevos horizontes, en la efectiva participación de las masas, en la posibilidad de ejercer un control que sea razón de ser del poder popular, cuya institucionalización llega a sus primeros 50 años. Todo cuanto refuerce el modelo de justicia social que defendemos.
El marcado deterioro en múltiples esferas exige transformaciones que lleguen a solucionar problemas coyunturales y estructurales. Solo una Revolución viva podrá revertir tan adversa realidad.
Ya es hora de emplear fórmulas que exijan eficacia y eficiencia a los servidores públicos en todos los niveles. Las responsabilidades en nuestra sociedad, que no renuncia a construir el socialismo, no se asumen para sacar provecho de ellas, sino para servir al pueblo.
Retos gigantes para un Estado de vocación humanista son no dejar a nadie desamparado, enfrentar con precisión y sensibilidad la desfavorable situación demográfica, propiciar mejor entrega, resultados e ingresos para los trabajadores, lo que se traduce en bienestar para ellos y sus familias.
Nuestros suelos, la tierra, peleados y conquistados desde la manigua y las luchas revolucionarias del siglo XX, se vuelven el escenario central de donde debemos extraer las riquezas. La soberanía alimentaria, convertida en ley, hay que entenderla íntimamente ligada a la eficiencia económica. Digámoslo otra vez: es un asunto de seguridad nacional.
En el orden de las urgencias se abrazan los propósitos de producir alimentos, asegurar medicamentos y avanzar en la transición energética, acelerar inversiones para lo cual premisa imprescindible resulta generar ingresos en divisas, a partir de las capacidades exportadoras. El año 2026 plantea el requerimiento de poner el pie en el acelerador de manera consciente y oportuna. Para ello tendremos que actuar con previsión realista.
Por encima de tensiones económicas y carencias materiales es hora de darle un impulso decisivo a la pretendida autonomía de los municipios. Ello significa desarrollo desde la base. En tal sentido, los encadenamientos tienen que multiplicarse en todas las variantes. Aplaudimos los ejemplos de entidades del sector privado vinculadas a hospitales, centros sociales, empresas estatales.
A pesar de los pesares, Cuba va. Hoy día es indispensable la lucha más frontal contra la corrupción, el burocratismo y la indolencia.
Debemos insistir en el valor que contiene la comunicación en todas sus dimensiones: institucional, mediática y comunitaria. Y en todo ese ámbito perfilar lo perentorio que es el enfoque político permanente ante cada acontecimiento. Cuando no se emplea, queda trunco el mensaje, y se daña en buena medida la credibilidad de los receptores, quienes de por sí cumplen también rol de emisores.
Las muchas tareas por delante incentivan a trabajar todos los días por la Patria. Así como la generación de jóvenes revolucionarios de los años 50 no dejó morir a Martí en su centenario, las generaciones que convergen en la Ciba de hoy, mantendrán vigentes las ideas y acciones del líder histórico de la Revolución que este 2026 cumple 100 años de vida en su camino hacia la inmortalidad.


















