Del estilo y otras provocaciones

 Valoraciones sobre la Muestra de Cine Español, que propició acercarnos a propuestas realizadas recientemente por directoras y directores de varias generaciones interesados en contarnos sobre lo humano entrañable, a veces poco percibido, en su total dimensión


El cine, diversas formas de realización audiovisual, la literatura y otras manifestaciones artísticas plantean disímiles variantes sobre relaciones de esclarecimiento y pretenden involucrarse –o mejor, involucrarnos– con lo “real” para intentar decirnos: lo que sucede en esta historia interesa a los seres humanos. La mencionada aspiración estuvo presente en la Muestra de Cine Español acogida por varias sedes en La Habana. Suscitó en el cine 23 y 12, sede de la Cinemateca de Cuba, el disfrute de la exposición de carteles Dalí 120, en homenaje a Salvador Dalí, figura esencial e influyente en la historia del arte universal.

Los 120 años de Salvador Dalí fueron recreados por creadores, jóvenes en su mayoría.

Fue un oportuno acto provocador, a propósito del Concurso organizado por el proyecto Cartelón, la Consejería Cultural de la Embajada de España y Línea Abierta Cuba-España. La participación de creadores jóvenes reveló en las 30 piezas seleccionadas la riqueza de búsquedas, saberes y hallazgos. La pasión investigativa alumbró la vuelta al artista definido por su propia confesión: “El surrealismo soy yo”. Dicha impronta tuvo incidencia en simbolismos, perspectivas duales de imágenes, visiones oníricas conceptuales en lenguajes de quienes asumen el cartel mediante descubrimientos personales.

Tales pretensiones motivaron en más de una decena de propuestas cinematográficas, documentales y cortos.

Elegir la película es una toma de decisión avalada por el conocimiento, el disfrute y el gusto.

En mundos interconectados suelen borrarse las fronteras entre los géneros dramáticos; en ficciones de cualquier índole lidera el interés de trascender la anécdota per se, su principal atractivo es narrar la vida de personajes complejos, provocadores. Es preciso ver y volver a ver Un amor (2023), de la realizadora catalana Isabel Coixet. Imposible explicar las honduras de Nat, interpretada magistralmente por Laia Costa. Ella misma se sorprende ante la deriva de una relación que no intuyó, ni siquiera previó cómo serían las implicaciones eróticas y románticas durante su curso y desenlace. Bucear, interpretar, tocar fondo en tantas emociones. A esto invita la Coixet. Siempre empeñada en expresar desde el interior del iceberg. En esta oportunidad siguió de manera minuciosa la novela en la que está basada la película. Ninguno de sus personajes es complaciente. Por esto reclamamos en película, series, telenovelas, telefilmes, y otras propuestas narrativas: toquen fondo en la naturaleza humana, sí, todo lo posible.

Otras actrices, otros personajes recreados en la muestra, quedarán en la memoria. Brillaron Malena Alterio en Que nadie duerma (2023), del realizador Antonio Méndez Esparza; y María Vázquez por su Matria, dirigida por Álvaro Gago.

Las mujeres directoras están marcando lo más difícil de lograr en el arte, su estilo. Muchos le llaman misterio, fascinación, mera provocación; aunque está bien definido. Es lo individual, lo imprevisible. Cada autor o autora y cada obra plantean problemas únicos que solo pueden ser conquistados a base de una intuición nueva cada vez y mediante un acercamiento original. Van dejando huellas en tal sentido Elena Martín al presentarnos Creatura y Estibaliz Urresola en 20 000 especies de abejas. Ambos filmes fueron realizados en 2023. ¿Qué las distingue? La voluntad del riesgo, el afán por decir de otra manera y sacar a la luz lo humano sin repetirse una y otra vez. Dramaturgias provocadoras, puestas y actuaciones lacerantes, el tránsito por caminos apenas conocidos. Definitivamente, hacen arte.

Por supuesto, no todo respondió a este concepto en el cine español mostrado. Mari(dos), de Lucía Alemany, y Adú, de Salvador Calvo. Las mismas compartieron el infortunio en cuanto al tratamiento de los géneros dramáticos y la recreación de lo expresado en la gran pantalla. Son insuficientes las buenas intenciones, es preciso escuchar y levantar la voz propia en el gran barullo de imágenes y palabras circundantes.

Estudiantes de arte y otras especialidades se sintieron motivados por la muestra de cine español.

De ningún modo asombra que varias generaciones seleccionen sus películas preferidas y con ellas a directores, directoras, temáticas, puntos de vista y estéticas. El cine y el resto de los medios audiovisuales adiestran durante el proceso de la comprensión de estructuras narrativas. Todas las actitudes y situaciones humanas robustecen relatos disímiles, incluso algunos devienen espectáculos de notable influencia en la meditación del destinatario consigo mismo.

Reflexionemos, cambió en los públicos el adiestramiento tecnológico al utilizar como fuerza productiva lo distintivo de nuestra especie, la capacidad de procesar símbolos. Elipsis, fábulas, alegorías, moralejas, forman parte de los laberintos provocados en narraciones ficcionales donde lo visual responde a la estética de personajes involucrados en tramas lideradas por la violencia. También otros elementos no cognitivos del habla: gritos, suspiros, risas, inherentes a la comunicación oral aportan respuestas emocionales sin mediar, apenas, algo dicho. De ningún modo algunos de los filmes vistos colocan aspectos novedosos en la mira, tampoco son transgresores de convenciones dramatúrgicas, guionistas y directores conciben tramas que antes de la catarsis y del clímax de la historia producen peripecias –paso de la dicha al infortunio y agnición– van de la ignorancia al conocimiento.

Lo patentizó la muestra de cine español: ningún tema o conflicto está agotado, solo hay que saber contar de manera novedosa para seducir a las mayorías. Como la propia existencia, las historias ficcionales sugieren, alertan, establecen variaciones temporales, construcciones de casualidades inesperadas; hacen pensar el próximo paso o retroceder ante vacilaciones, estas suelen advertir de la posible equivocación e incitan a pensarlo todo de nuevo para no errar en el camino de la vida, sí, la real.


CRÉDITOS

Foto. / Leyva Benítez

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