En una nueva consulta popular deberá multiplicarse el entusiasmo y las formas de lograr la participación. Seamos creativos y democráticos
Lo confieso: esta comentarista no ha bebido de fuente directa sobre el anteproyecto correspondiente a la nueva Ley del Trabajo, aunque sí se ha documentado en varias publicaciones sobre tan cardinal asunto y en sitios de los Ministerios cubanos de Justicia (Minjus) y de Trabajo y Seguridad Social (MTSS). Este último puede verificarse en https://www.mtss.gob.cu/noticias/actualizacion-del-codigo-de-trabajo-en-cuba-que-novedades-trae-el-anteproyecto.
La cuestión en sí puede parecer un desatino, el de opinar sobre algo de escaso conocimiento; sin embargo, a nuestros efectos es irrelevante, pues el objetivo es tocar aspectos de la democracia y sus distintos meandros. Aquí otra vez podemos tropezarnos con el asombro de algunos lectores por la conceptual tesis de que el socialismo brinda todas las herramientas y tribunas adecuadas de expresión e información a la ciudadanía. Sí y no.
Los imperativos de las épocas cambian y, con ellos, las formas de aportación pública, donde existen evidencias de una dejadez y cierto hastío de una parte de la población. La relativa escasa respuesta a la convocatoria a actividades barriales e, incluso, en los centros laborales en este 2025 puede constatarse, como decía mi abuela, a ojo de buen cubero. Es cierto, dicha afirmación carece de estadísticas demostrativas, pero quién se atreve a desmentir el desgaste de determinadas organizaciones sociales, sin el empuje de los años 60, 80 –y hasta 2000– del siglo pasado. A la psicología social, la sociología y las ciencias políticas deberían dárseles la palabra.
El cansancio ciudadano puede responder a muchísimas variables sociales y personales. Este texto aludirá a unas pocas, atendiendo a preguntas básicas: ¿somos todo lo efectivos a la hora de sumar?, ¿se verifican luego de las consultas ciudadanas positivos cambios en la realidad? Para nadie es secreto la deficiencia comunicativa y de acción de cuadros del Poder Popular, del Partido o el Sindicato en varios niveles de dirección. En esos puntos se levanta la columna vertebral de este Pensándolo.
En el año 2018, el país asistió a un formidable ejercicio de genuina participación democrática, cuando se produjo la consulta masiva del Proyecto de Constitución de la República de Cuba; similar afluencia tuvo lugar en 2022, durante el estudio del Proyecto de Código de las Familias. Ahora, tres años después, los trabajadores daremos libre y espontáneamente nuestros criterios sobre el Anteproyecto de Ley del Trabajo.
Algunos de los aspectos a refrendar o introducir son: no se puede usar un contrato de manera determinada cuando la actividad a desempeñar es de manera permanente; la mayor protección a una persona en condiciones desfavorables es ofrecerle un empleo de acuerdo con sus capacidades y respondiendo a las necesidades del territorio donde vive; al empleador se le prohíbe la práctica de trabajo forzoso, empleo infantil y de toda forma de discriminación, violencia o acoso en el ámbito laboral.
En el espíritu y la letra de nuestra Carta Magna se acredita la democracia participativa –núcleo del socialismo cubano–, entre otras singularidades, y se destaca el derecho de toda persona en condición de trabajar a un empleo digno. A la luz de la vida cotidiana y del conocimiento acerca de la vulneración de derechos y deberes se asientan las distintas instancias ministeriales –incluso de la Presidencia de Cuba– de atención a la población aquejada de atropellos y en busca de justicia y soluciones.
El triunfo de la Revolución Cubana, en 1959, fue el parteaguas necesario en una patria traicionada por politiqueros de espaldas al pueblo. Ahí están los alegatos condenatorios de Fidel Castro, carismático líder que supo transmitir y escuchar los latidos y signos de un novísimo pueblo parido en sacrificada lucha.
Los cambios emancipatorios se constituyen de contradicciones, luchas en su seno, de costosas ineptitudes, y de enfrentamiento frontal contra funcionarios travestidos de revolucionarios, algunos escondidos convenientemente detrás de incontinencia verbal de poca sustancia y, lo peor, de alejamiento de las bases, en burla a los reclamos legítimos de transparencia informativa y cambios reales.
El plazo de la consulta del Anteproyecto de Ley del Código de Trabajo se ha fijado hasta el 30 de noviembre 2025 y después se debatirá en la Asamblea Nacional en 2026. Suponemos se consensue lo expresado por los trabajadores y se tengan en cuenta objeciones o enmiendas. Eso es sin dudas una democracia muy cubana.
Una pregunta me ronda: ¿tendremos ocasión de mirar algunas de esas discusiones y no únicamente el consenso logrado? Lamentablemente, en ocasiones los cortes transmitidos en la televisión sobre las sesiones de la Asamblea distan de las verdaderas expectativas del pueblo, porque da la sensación de falsa unanimidad y con visos de autoritarismo. Eso comenta la calle.
Todavía se recuerda la infausta intervención de la extitular del MTSS en relación con una problemática tan sensible en la sociedad cubana actual sin tener oposición de nadie. En esta ocasión el pueblo necesita –como el oxígeno mismo– sentir, ver y oír empatía de sus representantes, escogidos a partir del revolucionario y autóctono esquema de Poder Popular, de una nación siempre partiendo lanzas por los humildes. Son momentos de vivenciarlo más en el “con” y “para” los humildes.
El cómo y qué difundir en los medios de prensa, concretamente en la Televisión Nacional, trasciende muchas veces el ámbito de profesionales fogueados en el combate ideológico. Qué publicar o no en Cuba va más allá del sentido común: entra en el imaginario colectivo de multiplicación revolucionaria. Lo hace además en el campo de la comunicación política, la cual hoy en día debe superar deficiencias, según mi modesta opinión.
Sobresalen el de la pertinencia y la efectividad: comunicar en el minuto exacto puede ser incluso tan importante, o más, que un mensaje dado… Asimismo, es esencial el “ropaje” por aquello de “forma y contenido deben corresponderse”; la comunicación, inexorablemente, debe estar en consonancia con el siglo XXI, si no nos llega como mala propaganda.
De muy poco vale el convencer a los “convencidos”; la batalla sigue siendo sumar a los incrédulos, a los indecisos. La Revolución Cubana nació con magia, garbo. Es una responsabilidad perpetuarlas; capacidades existen de sobra de la mano de numerosos jóvenes y profesionales de todas las edades, y de las más diversas ramas afines a la comunicación, “locos” de ser útiles, novedosos, creativos. Démosles una oportunidad de oro en este campo, otra forma de demostrar (nos) la grandeza de Cuba.
Y esto es válido para los distintos grupos de WhatsApp institucionales; también de los delegados del Poder Popular o los “cuadros” partidistas, a veces meros repetidores de consignas, frases “tecosas” de una vieja escuela supuestamente superada en épocas de redes sociales digitales y visualidades modernas. Ya lo dijo el primer secretario del Partido y presidente Miguel Díaz-Canel: “resistencia creativa”. Así lo hacía Fidel, máximo impulsor de la democracia participativa cubana y artífice innegable de una excelente comunicación política.
El prestigioso investigador Fernando Martínez Heredia, en referencia al proceso revolucionario cubano y a la ascendencia de las masas, enfatizó: “Tampoco se trató de ingenuidad masiva ante el discurso demagógico de un proceso reformista y el carisma de un caudillo. Este sistema político fue creado y desarrollado con el objetivo de servir al proyecto popular, con el objetivo de que tuviera eficacia para cumplir muchos y complejos fines, entre ellos, también, el de modificarse a sí mismo”: el cambiar lo que deba ser cambiado de Fidel. ¡Se lo debemos en su Centenario!



















5 comentarios
Así mismo es la realidad. La consulta a las masas, la participación popular en la toma de decisiones, por mucho que insisten nuestros máximos dirigentes, el resto de los cuadros a todos los niveles lo incorporan a sus discursos pero nada hacen por aplicarlo en la vida diaria del barrio, del centro de trabajo y organizaciones diversas. No nos gusta oir esto pero es asi. Gracias
Querida Maria Victoria, como siempre, escribes desde el corazón y la razón. Por eso logras apartarte de formalismos estériles y fraseología gastada que no habita en ti. Tal vez pudieras no tener la razón en todo, casi nadie lo logra, pero te sobran razones atendibles. Por eso me gusta tu trabajo, que sí me parece pertinente y útil. No sé que alcance logrará entre lectores atentos, pero por mi parte lo comparto y amplifico con mis modestas posibilidades. Hay un asunto clave a mi juicio que enfocas muy bien y que demanda ciencia: la cuestión de la participación. Si ella está ausente o es defectuosa la Revolución cojea y peligra. Participar es derecho y deber ciudadano, patriótico y revolucionario. Desde arriba se tiene que propiciar, motivar, facilitar, encauzar y reclamar la participación popular, como cuestión medular de la concepción, los métodos y el estilo de trabajo verdaderamente revolucionario. Pero los trabajadores, el pueblo concernido en el ‘Con todos y para el bien de todos’, los que representan y de quienes emana la suprema autoridad, tienen que saber y sentir que si no participan, fuerte y decisivamente, de abajo hacia arriba, se puede perder todo. Fidel nos educó en la idea de que habrá proceso revolucionario vigoroso y triunfante en la medida que el pueblo lo haga suyo, lo asuma consecuentemente y lo lleve hacia adelante. Por eso creo que nuestro presidente pasa una gran parte de su tiempo en las bases, conociendo de primera mano a personas y situaciones diferentes, escuchando e intercambiando, estimulando e impulsando que se extiendan los minoritarios buenos ejemplos de avance aun en las condiciones más adversas. De abajo hacia arriba, en la tierra en usufructo bien explotada, la cooperativa que sí funciona, la empresa con iniciativa que encuentra soluciones, el trabajo científico aplicado y exitoso, los colectivos productores y de servicios, el Consejo Popular, el municipio, que ya no están esperando por orientaciones y decisiones y toman conciencia de su autonomía, autoridad y potencialidades de resiliencia, y de resistir creando los embates bestiales del imperio y su miserable fauna acompañante. Liderazgo real, auténtico, antiburocrático, austero, transparente, inteligente, motivador, ejemplar en todo; pegado a la gente, dentro y parte de ella. Y participación: ejercicio consciente e irrenunciable de la autoridad real del colectivo, del pueblo organizado y movilizado para hacer y exigir, denunciar y proponer, apoyar y destituir. Sin esa participación creciente, de más para mejor, más decisiva y eficaz, correríamos el riesgo fatal de incumplir el virtuoso legado de Fidel, en su centenario, y que la deuda no honrada nos llevara a lo peor. Pero no ocurrirá. No habrá Zanjón. Prevalecerá, tiene que prevalecer es espíritu de Baraguá. Batallamos por eso.
María Victoria, comparto sus criterios.
Le haré una acotación: fíjese que hay un millón de trabajadores no estatales y tres y millones y tantos estatales. Pues bien, hasta donde sé, nadie está yendo a las discusiones del código de los no estatales.
A lo mejor sale la excepción por el NTV. Nadie hasta donde sé está recogiendo los planteamientos de trabajadores o dueños en los TCP, CNA o MIPYMES.
Acaso es obligatorio sindicalizarse o ser militante para tener derechos o que recojan la opinión de un trabajador?
Dónde deben entregarse los criterios?
hay un buzón o formato en el MTSS?
Hay un cronograma de visitas a asambleas? Hay algún lugar donde ver las propuestas que se han hecho antes?
Una discusión tan importante no está siendo guiada ni registrada, no hay un programa de visitas o atención o nada, solamente exigir impuestos y pagos, velar y vigilar, por ende no importa lo que este sector piense, no habrá constancia de sus opiniones o sugerencias. Se habla de la no discriminación, pero, acaso el no atender a los criterios de los trabajadores privados no sindicalizados no es una discriminación por no pertenecer a la CTC? acaso no es el Estado y no la CTC ni PCC quien debe aclarar las dudas del código del trabajo? Trabajo en una empresa estatal y en una privada a la vez, y a 17 de Octubre todavía no se ha discutido formalmente el Código en ninguna de las dos. El socio administrador de la parte privada sí lo circuló por WhatsApp y le comentó a varios trabajadores sus nuevos y viejos derechos y deberes y les pidio criterios, ideas, etc y se los dieron, los anotó… y ya.
El director de la empresa estatal está esperando instruccionesde arriba, aunque ha comentado en los matutinos las bondades del código y algunos han señalado algunas deficiencias como el contraproducente seguro laboral. Pero sin llegar a una recogida seria de criterios. Muchos tenemos ideas y aportes o sugerencias, tanto en la estatal como en la otra privada, pero acaso le importan a alguien? Alguien se los leerá allá arriba?
Se toman en cuenta los criterios populares para elaborar políticas populares? Vendrán luego en tono persecutorio acusando a los dueños privados o directivos estatales de no discutirlo con los trabajadores? Habrá que a última hora llenar un acta con diez apartados y códigos para cumplir en un modelo con determinado formato porque si no incumple el ministerio o multan por la ONAT? Vendrán dentro de un año a poner una multa al privado si no tuvo el acta? Esto podía ser un proceso de unidad nacional y debate popular, en cambio la convocatoria en muchos lugares es casi nula. Pero es nula para muchas empresas estatales porque sus ministerios y osde no funcionan bien, no les importa lo que digan de la base ,y es nula para el sector privado porque en realidad a nadie en el gobierno le importa cómo piense siempre que dé dinero y no dé problemas. Tras 29 años de TCP, 19 años de CNA y 4 años de MIPYMES, con un alto porcentaje de personas trabajando en ese sector, tienen sólo dos representantes al parlamento y no tienen una organización que los agrupe como la UNEAC, ANEC, UNAICC, ACTAF…
Tienen un Instituto para velar que cumplan con lo establecido, no para representarlos.
Entonces, son trabajadores o no? Son parte del pueblo de Cuba y la Revolución o no? Hay una cruzada contra ellos o no?
Atinado tu análisis. Comparto tus criterios María Victoria
Excelente texto que refleja oportunamente muchos de los criterios y opiniones del cubano (y la cubana, claro) de a pie, a propósito de la discusión del nuevo Código de Trabajo… ¡Bravo! 💪🏽