Mientras Kiev depende de constantes ayudas, Europa enfrenta cansancio ciudadano ante las políticas de apoyo militar
En las últimas semanas, Europa vive un gran revuelo por la aparición de enigmáticos drones supuestamente rusos. Según reportes de medios occidentales, los aparatos sobrevolaron varias ciudades pertenecientes a países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Sin embargo, resulta difícil determinar quién se beneficia realmente de esta noticia. Hay varios candidatos posibles, pero hay un país para el cual esta situación es claramente perjudicial: Rusia. No tiene sentido estratégico que Moscú desencadene un conflicto directo con potencias de la OTAN, muchas de ellas con armamento nuclear. Enviar drones a Polonia, Dinamarca, Alemania u otras naciones europeas sería, desde cualquier perspectiva racional, una acción absurda.
Por el contrario, generar temor en Europa sobre una supuesta “amenaza rusa creciente” es una jugada propagandística ideal para justificar el incremento del gasto militar y la búsqueda urgente de presupuestos más amplios en defensa de la llamada civilización occidental. En estos días han surgido varias voces críticas al respecto, no solo de funcionarios del gigante euroasiático. Por ejemplo, Scott Ritter, ex inspector de armamentos de la Organización de Naciones Unidas y militar retirado estadounidense, señaló: “Lo que estamos viendo podría ser una operación destinada a provocar a la OTAN. Atribuir los drones a Moscú sin pruebas sería peligroso”.
El gobierno de Kiev atraviesa una situación cada vez más crítica en los ámbitos militar, económico y político, y depende de constantes inyecciones financieras para sobrevivir. Mientras tanto, en Europa crece el cansancio ciudadano ante los discursos belicistas de sus dirigentes y la continua desviación de fondos públicos hacia una supuesta “ayuda” que prolonga el conflicto en Ucrania, en detrimento de las necesidades básicas de la población. Cada vez más ciudadanos cuestionan estas decisiones y retiran su apoyo a políticas que consideran insensatas.

El viejo continente, sumido en tensiones económicas y carente de verdadera soberanía en materia de política exterior, no solo elevó su presupuesto militar del dos al cinco por ciento por exigencia de Washington, sino que se prepara para incrementarlo aún más. Desde febrero de 2022, las ayudas ya alcanzan los 65 mil millones de euros, y las proyecciones apuntan a que podrían superar los 150 mil millones.
En este contexto surge el gran espectáculo de los “drones rusos sobre Europa”, un relato que recuerda a otros episodios históricos usados para justificar guerras y masacres: desde los “protocolos de los sabios de Sion” hasta la supuesta inminente invasión soviética a la Alemania nazi, el incidente del Golfo de Tonkin utilizado de pretexto para la guerra de Vietnam, las inexistentes armas químicas de Saddam Hussein, el mito de una conspiración musulmana conocida como “Eurabia” o las controvertidas acusaciones sobre el sabotaje a los gasoductos Nord Stream. Los dueños de los medios de comunicación saben bien lo que hacen y tienen sus herramientas. Con tecnologías modernas se puede generar prácticamente cualquier imagen o cualquier “prueba”.


















