Desde el compromiso con la Patria es una fuerza potente que abraza, convoca a la unidad, motiva hacer memoria, fortalece la justicia social y combate el fascismo galopante por el mundo
El nuestro es un pueblo musical. Conmueve escucharlo al entonar el Himno Nacional, nutriente de la cultura y la nación, fundadas mediante sólidos pensamientos patrióticos y progresistas. Lo entonó toda Cuba en los lugares más recónditos del país. El gesto fue visualizado en pantallas mediáticas; dio fe del sentimiento arraigado en almas y conciencias que compartieron la declaración reciente del maestro Frank Fernández, Premio Nacional de Música 2005. Tras denunciar en nombre de los artistas el criminal ataque militar intervencionista del gobierno de Estados Unidos a la República Bolivariana de Venezuela, expresó: “Seguiremos utilizando nuestro arte, nuestras canciones y nuestra poesía como armas de denuncia y afirmación de la soberanía, la autodeterminación y la hermandad entre los pueblos”.
Fue el prestigioso creador símbolo de una voz colectiva en su demanda de la liberación incondicional del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, la primera combatiente Cilia Flores.
El reclamo creció pródigo en un mar de pueblo que tributó el homenaje póstumo a los 32 combatientes cubanos caídos en el cumplimiento del deber en la nación hermana. La misión de mantener vitales los idearios de Bolívar, Martí, Fidel y Chávez constituye una brújula que es metáfora, ser y quehacer en la creación artística contemporánea.
¡Cuántas familias hoy lloran el dolor de las pérdidas y reafirman la autoconciencia nacional! Las almas cantan al reverenciar la utilidad del Apóstol y la resignificación de lo aportado por él en teorías y prácticas para que seamos conscientes del peligro antimperialista exacerbado en el siglo XXI.
Intensos, potentes, estos reclamos patentizan el derecho de los pueblos a defender lo propio sin manos intervencionistas destruyendo vidas y los tiempos presentes y futuros. Los testimonios de pródiga lealtad que hoy vivimos en Cuba trascienden al mundo y revelan principios morales, éticos, humanistas de larga permanencia en el decurso de nuestra historia.
Culto y popular, el maestro Frank Fernández perpetúa ese acervo en su música incidental para televisión y cine al recrear La gran rebelión, Fidel, Cuando pienso en el Che. Es imposible el olvido de la musicalización de lugares históricos y recintos públicos inspirada en el Mausoleo del II Frente Oriental Frank País y en la Sala de los Mártires del Museo de las Glorias Combativas.
Emergen los valores de los procesos cognitivos y afectivos imprescindibles en el sedimento identitario devenido portavoz de hechos, situaciones y batallas. El ajiaco cubano nutre acervos cantados, escritos, pintados, fotografiados en panoramas sonoros de visualidades impresionantes que urge no solo mirar, sino ver.
Deben reinar el amor y la paz en un mundo donde hay tanta crueldad. Lo cultivan nuestros pensamientos, pues nuestras percepciones tienen una determinación histórica de connotaciones sociales y políticas. Martí lo dice: “Ser cultos para ser libres”. Ser cultos y soberanos es el único modo de ser libres. Entonar El necio y Pequeña serenata diurna, del raigal trovador Silvio Rodríguez, activan el pensar del ser humano. Lo esencial es comprender las esencias de lo que ocurre y por qué ocurre. El arte estimula analizar en profundidad. Toda Cuba se mantiene alerta. Comprende la función del arte en un nivel emocional; lo que el arte nos enseña es a aguzar los sentidos, lo que el arte educa es nuestra sensibilidad.
Pensémoslo al interpretarlo en ideas y acciones.





















