Valoraciones sobre la dimensión cultural de los mensajes publicitarios inspirados en campañas, exposiciones de artes visuales, obras y estéticas de artistas relevantes
En el siglo XXI la sociedad multipantallas impone nuevos desafíos a la alfabetización mediática; en la red global de comunicaciones circulan servicios sociales diversos, novedosos que cambian en los espectadores su modo tradicional de ver.
Las muestras cinematográficas y audiovisuales exigen pensamientos interpretativos: los lenguajes utilizados son verbales y visuales, influyen en la percepción de símbolos, entornos y circunstancias.
Especialmente seducen en el contexto televisual los anuncios –llamados spots: son mensajes publicitarios cortos, de 20 0 30 segundos, que se insertan en la programación. Cuba privilegia contenidos de bien público, estos tienen trascendencia social; sobre todo si se conciben mediante un discurso dramatúrgico destinado a la concreción de determinada estética avalada por el propósito de educar sin didactismo.
Decir mucho en breve tiempo demanda “vender” productos comunicativos, de forma creadora, imaginativa, con agudeza de discernimiento. Estos requerimientos deben estar presentes en campañas publicitarias sobre regulaciones costeras, urbanísticas, promociones de obras, artistas, estéticas, positivos modos de actuar y convivir.

Cubavisión suele privilegiarlas en espacios informativos, y revistas culturales. Pero, quizás, falta sistematizarlas en la pantalla y renovarlas para lograr la asimilación de códigos, aprendizajes y hábitos. Mantener estrategias destinadas a dichos fines implica recursos materiales, equipos multidisciplinarios, guionistas y realizadores interesados en aportar arte durante la difícil misión de crear un spot.
De ningún modo el resto de los canales televisuales pueden permanecer ajenos al amplio territorio de signos implícitos en 20 o 30 segundos bien aprovechados. Muchos aportan hibridaciones creativas y nutren el sentido de conocernos y reconocernos mucho mejor.
Cada proyecto necesita estudios particulares, un punto de vista exclusivo y la capacidad de recontextualizar objetos, situaciones, caracterizaciones de artistas, estilos, científicos, docentes, obreros. El capital del intelecto constituye una fuerza altamente productiva en beneficio de ese bienestar individual y colectivo al que espiramos en Cuba.
La cientificidad en los mensajes de bien público es un elemento básico. Nada se improvisa. Tampoco la experimentación estética sin conocer preceptos cinematográficos y audiovisuales. Aprovechar el quehacer interactivo robustece la semántica y la sintaxis de la puesta; o sea, qué quiero decir y cómo lo quiero decir; por supuesto, sin perder nunca la brújula: ¿para quién o quiénes lo quiero decir?
Poco lo meditamos, la brevedad intencionada de un mensaje puede abrir vías al saber, este no un efecto exterior del pensamiento, sino pensamiento en sí mismo y se puede educar.
Imposible olvidar la sabiduría de Lezama Lima. Reconoció que por la imagen el ser humano recupera su naturaleza y también la metáfora; entonces nace la poesía como total libertad espiritual. Lo ilustran de manera frecuente piezas de artistas jóvenes y consagrados, muchos reconocidos con los Premios Nacionales en diferentes especialidades.
Crear algo que sorprende y seduce a los demás amerita compartirlo. Mantener la inteligencia despierta permite tránsitos con fluidez de un tema a otro y de una especialidad a otra. Descubrir el arte establece infinitas dinámicas en la existencia cotidiana. Las condiciones actuales incentivan diferentes modos de comunicar. El gusto no nace, se forma. Ver y comprender la excelencia artística, se construye. Cultivemos esta certidumbre entre decisores, artistas, promotores, críticos, familias. En fin, debe ser un bien común de alerta en la sociedad.
Pensémoslo.


















