Uno de los criterios “establecidos” por la tradición oral es que “los mercenarios fueron cambiados por compotas”. Pero no fue exactamente así. /Archivo de BOHEMIA
Uno de los criterios “establecidos” por la tradición oral es que “los mercenarios fueron cambiados por compotas”. Pero no fue exactamente así. /Archivo de BOHEMIA

El Girón político

La Revolución Cubana demostró que se puede vencer al imperio no solo con fusiles, sino también con inteligencia y firmeza

Por. / Elier Ramírez Cañedo*


A pocos meses de llegar a la presidencia de los Estados Unidos por el Partido Demócrata, el joven John F. Kennedy, acostumbrado a obtener victoria tras victoria, sufrió la mayor derrota de toda su carrera política: el fiasco de Playa Girón. Aunque siempre albergó dudas sobre el éxito de la llamada Operación Pluto, no le quedó más alternativa que dar continuidad a la herencia maldita que le había dejado la administración Eisenhower. El espíritu de revancha que se impuso luego en la Casa Blanca conduciría, apenas un año después, a la Crisis de Octubre de 1962.

Mucho se ha escrito en Cuba y en el exterior sobre la invasión mercenaria por Playa Girón en abril de 1961. Sin embargo, decir que ya todo está planteado sobre este importante acontecimiento histórico constituiría un criterio superficial. Lo cierto es que aún quedan aristas poco conocidas y divulgadas, así como documentación por desclasificar, tanto en Cuba como en Estados Unidos.

Como explicó Fidel una y otra vez al pueblo cubano: fusilar a los mercenarios solo empequeñecería el triunfo. / Archivo de BOHEMIA

“Los mercenarios fueron cambiados por compotas” es uno de los criterios “establecidos” por la tradición oral. Pero no fue exactamente así: por primera vez en la historia, el imperialismo norteamericano se vio obligado a pagar una indemnización de guerra por daños materiales; en este caso, a un país socialista del Tercer Mundo situado a solo 90 millas de sus costas. Aunque la cifra acordada a partir de la demanda establecida por los Tribunales Revolucionarios fue de 62 300 000 dólares, finalmente no se hizo el pago íntegro: faltaron alrededor de 10 millones. Una pequeña parte se concretó en efectivo y otra en alimentos, equipos médicos y medicinas para niños. Entre esos alimentos había compotas, pero fueron solo una parte de ellos. Evidentemente, a manera de ridiculizar a los mercenarios, la frase quedó en el imaginario popular cubano hasta nuestros días.

Sobresale también en este trascendental pasaje histórico la estatura moral y la visión de estadista universal de Fidel Castro Ruz. El Comandante en Jefe manejó cada detalle del proceso que culminó con el pago de la indemnización para permitir que Cuba alcanzara una segunda victoria, esta vez en el plano político, más allá de la obtenida en las arenas de Playa Girón. Lo explicó una y otra vez al pueblo cubano: fusilar a los mercenarios solo empequeñecería el triunfo de abril de 1961. Estados Unidos y sus aliados fueron sorprendidos por esta posición, pues el imperialismo ya se alistaba a desatar todo su arsenal mediático para atacar a la Revolución en caso de aplicarse las sanciones más severas contra los invasores. El sabio manejo que la dirección de la Revolución desplegó en torno a los prisioneros –al no dejarse llevar por la ira y plantear la idea de la indemnización– colocó a Washington a la defensiva y lo obligó a digerir el precio de la derrota. El proceso resultó ser un castigo moral más para los yanquis.

Aunque Kennedy siempre albergó dudas sobre el éxito de la llamada Operación Pluto, no tuvo más alternativa que darle continuidad. /Archivo de BOHEMIA 

Luego de conocer la decisión de Cuba, la administración Kennedy, desde la prepotencia imperial, trató todo el tiempo de aparentar que las negociaciones para la liberación de los prisioneros las desarrollaban individuos o instituciones privadas, cuando en realidad estaba al tanto y manejaba los hilos de la operación. Los artilugios para evitar responsabilizarse directamente con el destino de los mercenarios provocaron que el proceso para su liberación tardara 20 meses. Primero se creó el llamado Comité de Tractores por la Libertad y luego el “Comité de Familiares”. Este último solicitó al abogado neoyorquino James Donovan que mediara en las negociaciones con Cuba. En realidad, aunque se trató de dar la apariencia de que Donovan actuaba de manera independiente, estaba a las órdenes de la administración Kennedy y, a su regreso a Estados Unidos, debía reportar a la CIA cada detalle de lo conversado con Fidel y su ayudante René Vallejo.

La conducta humanitaria que manifestó la Revolución Cubana hacia los mercenarios fue ejemplar, dando continuidad a las posiciones que los barbudos del Ejército Rebelde habían seguido con los prisioneros durante la guerra insurreccional en la Sierra Maestra. El propio Fidel dedicó parte de su tiempo a dialogar con los invasores: eran los primeros prisioneros del mundo que tenían el privilegio de discutir con el jefe del gobierno que habían intentado derrocar.

Robert Kennedy (izquierda) y James Donovan (derecha). Aunque se trató de aparentar que actuaba de manera independiente, el abogado estaba a las órdenes de la administración. /Archivo de BOHEMIA

El proceso de negociaciones que condujo a la liberación de los mercenarios y al pago de la indemnización de guerra a Cuba terminó en diciembre de 1962, aunque la materialización de los acuerdos se extendió hasta mediados de 1963. Asimismo, Donovan continuó negociando con Cuba la liberación de varios prisioneros estadounidenses; entre ellos, agentes de la CIA, convirtiéndose en un puente de comunicación confidencial e indirecto entre ambos gobiernos. A través de ese canal, la máxima dirección de la mayor de las Antillas transmitió a Washington, de diversas maneras, su posición –que sería histórica hasta nuestros días– de estar dispuesta a establecer un diálogo sobre la base del respeto más estricto a la soberanía y los principios de Cuba.

Para esa época, Kennedy había alcanzado mayor madurez como Presidente y aún se hallaba profundamente impactado por los peligros de holocausto mundial que significó la Crisis de Octubre de 1962. De ahí que, en medio de un proceso de distensión con la URSS, comenzara también a pensar con mayor realismo e inteligencia la política hacia Cuba. Como ha relatado el Comandante en Jefe en varias oportunidades, en el mismo momento en que se produce el asesinato de Kennedy en Dallas, el 22 de noviembre de 1963, él se encontraba reunido con el periodista francés Jean Daniel, quien cumplía el encargo de trasladar un mensaje verbal de Kennedy.

Ese mensaje fue interpretado por el líder de la Revolución y por el propio Jean Daniel una oferta de paz. Algunos autores consideran que la disposición de Kennedy de explorar un acercamiento secreto a Cuba fue uno de los motivos fundamentales detrás de la conspiración contra su vida y que en ella hubo participación de la contrarrevolución cubana, que además no le perdonaba al presidente norteamericano el hecho de no haber aprobado la intervención directa en Cuba en abril de 1961.

Nadie puede saber con exactitud qué hubiera pasado en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba de no haberse producido el asesinato de Kennedy. Lo cierto es que la administración Johnson, a pesar de recibir varios mensajes de Fidel que mostraban su disposición a continuar los contactos, se negó en todo momento a establecer cualquier tipo de diálogo que implicara la búsqueda de una solución al conflicto o, al menos, el establecimiento de un modus vivendi.

Pero más allá de las especulaciones históricas, una verdad permanece inalterable: la victoria de Cuba en Playa Girón no se agotó en el campo de batalla. Se extendió a la batalla política por la indemnización, a la conciencia moral del mundo y a la dignidad de un pequeño país que supo convertir la derrota del invasor en una lección de principios. La Revolución Cubana demostró que se puede vencer al imperio no solo con fusiles, sino también con inteligencia y firmeza. Y eso, precisamente, fue lo que Cuba, bajo el liderazgo de Fidel, logró más allá de las arenas de Playa Girón.

*Doctor en Ciencias Históricas. Miembro correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba.  

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