Sobre la relación de larga data entre el hombre y la Luna y sus intentos por colonizarla, indaga Sandra López, de Santiago de Cuba
Cuando el primer ser humano alzó la vista hacia el firmamento, la Luna fue un faro en la oscuridad y una deidad inalcanzable. El siglo XVII inició una ruptura del paradigma aristotélico: los rudimentarios telescopios de Thomas Harriot y Galileo Galilei revelaron una geografía de cráteres y accidentes. Esas ambiciones de antaño hoy se han transformado en un proyecto de habitabilidad permanente.
De Apolo a Artemis
El salto de la observación telescópica a la exploración física ocurrió en plena Guerra Fría cuando la Unión Soviética logró el impacto de la sonda Luna 2 en 1959; no obstante, fueron las muestras recolectadas durante las misiones del programa Apolo de la agencia espacial estadounidense NASA de donde datan los conocimientos actuales sobre el satélite natural.
Estas permitieron establecer la Teoría del Gran Impacto: la Luna nació de los escombros generados tras la colisión de un cuerpo del tamaño de Marte contra una joven Tierra hace miles de millones de años.
Tras el fin de la era Apolo a principios de los años 70, comenzó otra de sondas orbitales las cuales cartografiaron hasta el último cráter. Ha sido este hallazgo catalizador del programa Artemis, ambicioso proyecto internacional liderado por la NASA.
Este hecho representa un cambio de doctrina respecto a la era de la Guerra Fría. En 2022 Artemis I validó la resistencia técnica de la cápsula Orion y el cohete Space Launch System.
Artemis II certificó los sistemas de soporte vital en un entorno de radiación y aislamiento real. La tripulación llevó a cabo una trayectoria de inyección translunar hasta situarse a “escasos” miles de kilómetros de la cara oculta del satélite. Aunque no contempló el descenso a la superficie, ejecutó un itinerario de retorno libre, utilizando la gravedad lunar en el impulso de la nave para el regreso a la Tierra.
El éxito de Artemis II permitirá establecer la infraestructura logística necesaria para Artemis III. A inicios de 2026, Jared Isaacman, administrador de la NASA, anunció una modificación de los planes de la tercera misión. El alunizaje previsto en esa misión se reprograma a la IV, con fecha estimada en 2028. En lugar de descender, la III se dedicará en 2027 a realizar pruebas de acoplamiento y de prueba de un nuevo traje espacial.
La IV se espera sea la tercera con tripulación del programa y la primera en alunizar, esto supondrá el primer descenso tripulado a la superficie lunar desde el Apolo 17 en 1972. Con esa finalidad se necesitará un vuelo previo no tripulado que coloque en órbita lunar un módulo de aterrizaje antes del despegue de la tripulación.





















