Urge pensarlo sistemáticamente desde el cine, la televisión, la radio, otros espacios y medios de comunicación
Las motivaciones suelen llegar, en ocasiones, por vías de hechos, añoranzas, y necesidades que activan el deseo de conquistar hasta la más lejana utopía. Ocurre ahora con la Primera Muestra y Concurso de Cine nacional convocada por el ICAIC. Una de nuestras aspiraciones es pedirle a quienes crean y dirigen: incluyan el humor como parte de una categoría en próximas ediciones.
Lo pedimos, en primera instancia, al séptimo de arte y a sus cultores mientras evocamos el valor intelectual de la risa que aportó Tomás Gutiérrez Alea, Titón, un nombre imprescindible del cine cubano: De sus trece largometrajes, cuatro fueron comedias: Las doce sillas (1962), La muerte de un burócrata (1966), Los sobrevivientes (1978) y Guantanamera (1995): entre ellas hubo nexos y diferencias. Las distinguió su estética particular de notable artisticidad.

El género comedia de ningún modo tiene que ser protagonista del relato, pero es un acierto considerarlo como elemento nutricio en acciones subordinadas –mal llamadas subtramas-, de la narrativa elegida por quienes escriben y dirigen audiovisuales.
De acuerdo con el semiólogo francés Patrice Pavice, lo cómico en tanto fenómeno antropológico responde al instinto del juego, al gusto del hombre por la broma y la risa, a su facultad de percibir aspectos insólitos de la realidad física y social. Como arma social y género dramático dicha manifestación ofrece códigos para criticar, y centra la atención en conflictos y peripecias que aportan inventiva y optimismo ante las adversidades.
La asunción de la comicidad en el cine, la tv y otros medios plantea múltiples desafíos, en su estatus de institución y como mediación cultural, porque producen y reproducen sentimientos, construyen mundos posibles que los públicos aceptan o rehúsan al recibir uno o varios mensajes.
Reflexionemos, cada espectáculo cómico exige del equipo creativo una visión integral de la puesta en la que debe prevalecer un sentido incisivo, en tanto medio de diversión y entretenimiento afianzado en el humor popular, la sugerencia sutil o explícita, asociaciones disparatadas y otros recursos que influyen en lo atractivo y lo pensante de las obras.
Cada una requiere investigaciones, fundamentos teóricos y un equipo de especialistas que contribuyan con sus saberes y se interrelacionen en provecho del proceso creativo. Es la dirección que le escuchamos al primer actor Kike Quiñones, Rector del Instituto Superior de Arte. Él mismo es un avezado partícipe en el tema.
Otra vertiente de notable influencia social, el humorismo gráfico, tiene que ser una herramienta utilizada a diario. En las redes sociales y otros medios permite combatir las noticias falsas, las manipulaciones con la información, el fascismo exacerbado en el mundo.
Ismael Lema, director de la editora Palante, estimula ese quehacer al definirse: “Soy un caricaturista que escribe textos”. Sin dudas, el humor necesita palabras, ideas, pensamientos y visualidades.
En esencia, ¿qué urge privilegiar?: el valor intelectual de tener sentido del humor. Pensémoslo.




















