Epstein se mantuvo impune durante décadas gracias a sus conexiones en todos los ámbitos del poder. /nytimes.com
Epstein se mantuvo impune durante décadas gracias a sus conexiones en todos los ámbitos del poder. /nytimes.com

Epstein, el patriarcado y la violencia en secreto

El millonario mantuvo su red de abuso sistemático mientras la justicia y la política lo protegían


El Departamento de Justicia de Estados Unidos volvió a liberar tres millones de páginas de archivos sobre el caso de Jeffrey Epstein, el millonario pedófilo organizador de una red internacional de abuso a menores y que se mantuvo impune durante décadas gracias a sus altas conexiones en los ámbitos empresarial, político, mediático, judicial, académico, cultural y artístico.

Mediante carisma, mecenazgo y el uso de sus víctimas como “regalos”, Epstein se vinculó con todas las cúpulas, desde las casas reales europeas hasta algunos pensadores, pasando por otros magnates que compartían su afición por las “mujeres jóvenes”, como expresó su amigo el presidente Donald Trump para intentar encubrir los crímenes.

La publicación masiva de los documentos relativos al financiero, quien murió en la cárcel en agosto de 2019, en circunstancias sumamente sospechosas, ha permitido asomarse al sórdido mundo de los ultrarricos, donde el único principio es el dinero y las niñas y adolescentes que sufren abusos de forma tan sistemática e impune. Sin embargo, las maniobras para retrasar al máximo la difusión de los archivos, la descarada censura de estos a fin de ocultar casi toda información relevante, los juegos de poder de la clase política estadounidense y las falencias éticas de muchos medios de comunicación han convertido lo que debería ser un ejercicio de transparencia y justicia en un pleito sucio.

Esta deriva es evidencia en las trincheras de los partidos Demócrata y Republicano, cuyos integrantes, al verse manchados por el escándalo, no dimiten de sus puestos ni esclarecen sus vínculos con Epstein, se enfocan en hacer que sean sus contrincantes quienes queden más embarrados. En la dinámica de la pornografía mediática, quedan al mismo nivel quienes viajaron en el avión privado del pedófilo, asistieron a sus fiestas y se hospedaron en su casa, y quienes son mencionados de forma circunstancial sin que exista indicio alguno de conducta indebida.

El caso Epstein expone la paradoja de un sistema donde los ricos y poderosos permanecen protegidos. /jornada.com.mx

La paradoja es que después de tantos datos, debates, noticias, los únicos detenidos son Jeffrey Epstein y su pareja-cómplice Ghislaine Maxwell, y han desplomado algunas figuras, entre ellas, el Príncipe Andrés en Inglaterra; pero la impunidad se impone. Han caído por las acusaciones de prostitución, pero no por la participación en redes corruptas de negocios y de poder político.

La filósofa estadounidense Anna Harendt mostró que la raíz del nazismo fue la “banalidad del mal”, la aceptación gradual de los pequeños males, su normalización, como base para la perversión de la voluntad, la participación en un proceso colectivo. Hoy, ese mecanismo, antes considerado extremo y excepcional, parece convertirse en norma. No se trata de la depravación de un individuo, sino de una red compartida de actores, cómplices y encubridores dentro de las élites occidentales.

El caso Epstein es, en muchos sentidos, el desenlace de un largo proceso de reseteo cultural, acentuado durante el período neoliberal, que coloca en el centro el hedonismo, la ética utilitaria individualista y el consumismo. El dominio patriarcal sobre el cuerpo de las mujeres –y en particular de las niñas– se convirtió, lamentablemente, en la puerta de entrada en este desplazamiento ético y social.

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