Acercamientos preliminares a ideas, pensamientos y pasiones intensas, que motivan al prestigioso intelectual Rafael Acosta de Arriba, miembro de la Academia Cubana de la Lengua
Quizás, lo sedujo la palabra con su carga semántica y todo lo que acontece después de encontrarla para emprender caminos infinitos estimulado por curiosidades, ansias de conocer esencias, causas, azares y hallazgos esperados o inesperados.

Cada periplo lo motiva. Tal vez porque abre ventanas desde ángulos imprevistos hacia los secretos del universo. El doctor Rafael Acosta de Arriba es un ferviente y riguroso velador del idioma español y de la variante cubana que conforma nuestra identidad. Poeta, ensayista, crítico de arte, investigador, docente: en todas las especialidades revela su magisterio. Estos afanes lo conducen hacia la indagación perenne. Conocernos y reconocernos nutren su avidez. Siente el gozo de la escritura, hace memoria, revela detalles de gestos, hechos, contextos y circunstancias. Permite “escuchar” historias mientras cuenta, interpreta y analiza. En fecha reciente ingresó a la Academia Cubana de la Lengua. El alto reconocimiento valida la relevancia de este prestigioso intelectual cubano. Hace suyo, mediante el quehacer cotidiano, el lema “Letra y espíritu”.
En el Elogio de Rafael Acosta de Arriba escrito por Arturo Arango, relevante intelectual, miembro de la Academia, se destacan ideas, pensamientos, conceptos y aportes de una vida dedicada a los estudios en profundidad. Precisa: “La obra que lo ha hecho merecedor de esta elección como miembro de número de nuestra corporación parece estar impulsada por la avidez, dada la enorme variedad de asuntos de los que se ha ocupado en los más de veinte títulos publicados hasta el momento”.
Una mirada atenta a libros críticos y a su mirada de investigador queda plasmada en el Elogio donde consta que “el primer vínculo de Rafael con las artes lo estableció desde la niñez y adolescencia, y fue con las llamadas plásticas o visuales, al punto de que llegó a ser merecedor del ingreso en la Academia de San Alejandro, lo que no sucedió.

“Es entonces natural que, desde inicios de este siglo, haya atendido sistemáticamente esas artes y que lo haya hecho de formas muy diversas. Es evidente que sus labores en el ICAIC y en el Consejo Nacional para las Artes Plásticas propiciaron ese regreso a una vocación que ya estaba instalada en sus motivaciones. Si seguimos en el recorrido de su bibliografía, constatamos que desde la década inicial de este siglo comenzó a publicar trabajos de diversa índole sobre las artes visuales contemporáneas, sobre todo las cubanas, con énfasis en la fotografía, textos que ha compilado en varios títulos”.
La vuelta a tantos recorridos fructíferos realizados por el doctor Acosta de Arriba dan fe de su constante e incisivo ver investigativo sobre el poeta y ensayista Octavio Paz; los relevantes, conmovedores, cálidos libros Biobibliografía de Carlos Manuel de Céspedes y El pensamiento político de Carlos Manuel de Céspedes, de 1994 y 1996, respectivamente, a los que siguió un título imprescindible, que cuenta ya con varias reediciones Los silencios quebrados de San Lorenzo.
Como bien se aprecia y valora en el Elogio, avidez y pasión son las máximas entrañables de Rafael. Lo define su entrañable amigo desde la infancia, Norberto Codina: “Es un intelectual que prioriza la dinámica de los procesos culturales o socioculturales, sin perder de vista las pequeñas historias e influencias que los conforman”.
Su ver consciente e intenso
Atentos a palabras y visualidades descritas y reencontradas por el doctor Acosta de Arriba, “escuchemos” ahora ideas y pensamientos reveladores de su inteligencia y sólida cultura. Este es un acercamiento preliminar; en próximas ediciones de BOHEMIA compartiremos con nuestros lectores una entrevista interpretativa larga e indagatoria sobre las pasiones que lo guían y alientan.

En su discurso de ingreso a la Academia Cubana de la Lengua, él reconoció: “Leer es la verdadera fragua de un escritor”. Realizó una reflexión sobre el género biográfico en general y en la literatura cubana en particular y antes advierte: “Las siguientes palabras se moverán en los porosos límites (si es que existen) entre literatura e historia. Atravesaré aceleradamente –no veo otro modo de llegar al género biográfico- debates que ocurren hace décadas y hace siglos”.
De esos tránsitos conoceremos en una próxima conversación con el profesor. Ahora, a manera de anticipo, disfrutemos algunas de sus certidumbres.
Dice: “Una biografía bien lograda no es otra cosa que un intento de contener y registrar la fugacidad de la vida. La vida de una persona solo podrá ser escrita con objetividad si se es capaz de armar una historia llena de sentido a partir del caos de datos y anécdotas investigados; es decir, lo que Ortega denominó “razón biográfica e histórica”. Tanto la intimidad del modelo como la de su época necesitan del ojo poliédrico del biógrafo, llamo intimidad a tocar lo esencial de uno y otro. Se escribe para entender al hombre y sus circunstancias, cual de las dos entidades más misteriosa e incognoscible. La idea que escribió alguna vez Lord Byron de que una persona se miente más a sí misma que a cualquier otro ser, es digna de meditación, aunque no debe ser óbice para enfriar el ímpetu biográfico. Si como expresó Octavio Paz la poesía es la búsqueda del Tú, la biografía sería, entonces, por transposición. la del Yo. La biografía es historia dentro de la historia, es novela vívida, es tiempo. Una vida es más que una teoría, una selección de acciones o un puñado de ideas que pueda haber expresado una persona, es dolor, desgarramiento, pasión, sexo, duda, error, y otros tantos elementos y detalles que nos conforman, es también crítica del ser”.
De retorno al poeta y ensayista nos acercaremos mucho más a su quehacer. Sí, pues él mismo escribe vidas y revela su quimera que no cesa.




















